Número 15, 2022 (1), artículo 1


Ontología del amor y la angustia. Análisis según Scheler, Heidegger, Kierkegaard y Unamuno


Felipe Nicolás Mujica Johnson

Facultad de Educación, Universidad Autónoma de Chile




RESUMEN
Los sentimientos humanos han sido estudiados desde el inicio de la filosofía occidental. Algunos pensadores han otorgado al amor y la angustia un carácter ontológico. Aquí se discuten las concepciones de Max Scheler, Martin Heidegger, Sören Kierkegaard y Miguel de Unamuno. Se considera que amor y angustia son sentimientos indisociables.


TEMAS
afectividad · amor · angustia · Martin Heidegger · Max Scheler · Miguel de Unamuno · Sören Kierkegaard



1. Introducción

"Amar en espíritu es compadecer, y quien más compadece más ama. Los hombres encendido en ardiente caridad hacia sus prójimos, es porque llegaron al fondo de su propia miseria, de su propia aparencialidad, de sus naderías, y volviendo luego sus ojos así abiertos, hacia sus semejantes, los vieron también miserables aparenciales, anonadables, y los compadecieron y los amaron.
     El hombre ansía ser amado, o, lo que es igual, ansía ser compadecido. El hombre quiere que se sientan y se compartan sus penas y sus dolores" (Unamuno 1971: 107).

Los sentimientos humanos, que en la antigüedad fueron conocidos generalmente como pasiones, vienen siendo estudiados desde los inicios de la filosofía occidental (Casado y Colomo 2006; Marina 2009; Mujica 2020a). Dicho estudio, como suele suceder en el campo filosófico, presenta múltiples miradas (Mujica y Orellana 2021). Algunas de estas perspectivas son afines y otras son bastante opuestas. Por ejemplo, filósofos como Platón, Tomás de Aquino, Descartes, Kant, Leibniz y Hegel, han desconfiado de ellos y en sus miradas los han subordinado de sobremanera a la razón. En otras palabras, no los han incluido en la sabiduría o la parte lógica del alma. Por otro lado, pensadores como San Agustín, Pascal, Kierkegaard, Brentano, Scheler, Heidegger, Stein, Dietrich von Hildebrand, Ortega y Gasset y Unamuno, han optado por un trato diferente a los sentimientos humanos. Precisamente, de diferente forma, no les han negado su propia sabiduría o lógica, asimismo, los han dignificado en cuanto a su relación con la razón humana. Es decir, no los han reducido a la dimensión intelectual y les han otorgado un lugar relevante en el espíritu del ser humano (Mujica y Orellana 2021). Estos últimos pensadores han sido bastante críticos con la corriente idealista o racionalista, de modo que han sido asociados a perspectivas más humanistas, como la fenomenológica y la existencialista (Ferrater 1998).

Si se trata de filósofos antirracionalistas, Miguel de Unamuno sería de los que lidera esa clasificación. Sobre el desprecio de Unamuno al ultraintelectualismo, Baigorri, Cifuentes, Ortega, Pichel y Trapiello (1995) nos recuerda que aquel filósofo español denominó hidalgos de la razón a "todos aquellos autores que han llevado la razón más allá de sus límites y de sus posibilidades y han despreciado e infravalorado cualquier tipo de conocimiento que no sea racional" (Unamuno 1971: 254). Esta manera de filosofar carecería de sabiduría para Unamuno, igualmente para mí (Mujica 2021), ya que sería un reduccionismo y una simplificación inaceptable en torno a la complejidad de la existencia. De hecho, el tiempo le ha dado la razón a Unamuno, sobre todo, ante el giro afectivo que se ve en la sociedad (Mujica 2020b, 2020c; Mujica y Orellana 2021; Zembylas 2019). Así, este pensador vasco, que fuese por bastantes años rector de la Universidad de Salamanca, cargaría constante contra aquellos hidalgos. De hecho, según asevera Baigorri: "prácticamente en todas sus obras arremete fuertemente contra ellos limitándose la mayor parte de las veces a hacerles objeto de sus burlas, puesto que intentar refutar sus teorías sería colocarse en un plano racional lo cual no tendría un excesivo sentido" (Baigorri y otros 1995: 254). Es tal la importancia que Unamuno le da a los sentimientos humanos, que incluso pone en duda, al igual que Ortega y Gasset (2018), que los seres humanos sean racionales por excelencia. Esto se apreciaría en la siguiente cita:

"El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado" (Unamuno 1971: 10).

Después de haber introducido el tema de los sentimientos en el pensamiento filosófico occidental, pasaré a abordar los sentimientos que le dan vida a este ensayo. En primer lugar, se expondrán las interpretaciones de Scheler sobre el amor y la angustia, discutiendo sus diferencias con Heidegger. Posteriormente, se aportará una mirada integradora basada en las aportaciones de Kierkegaard y Unamuno. En este sentido, se justificará que ambos sentimientos pueden tener un carácter ontológico.

 

2. El carácter ontológico del amor en Scheler y de la angustia en Heidegger

El filósofo muniqués Max Scheler, en diferentes obras expresó su convicción de que el amor sería el sentimiento espiritual, metafísico y ontológico por excelencia (Scheler, 1966, 2001, 2005, 2008, 2010). En otras palabras, sería un sentimiento teleológico que le da un sentido adecuado a la existencia humana. Como fundamento ético, señaló que "el amor abre los ojos para los valores más altos que los que le son dados al 'interés', que ya es mucho más que una mera 'atención más intensa'; es, incluso, lo que causa esta intensificación" (Scheler 2005: 222). Por el contrario, Scheler no tuvo la misma consideración con el sentimiento de angustia, debido a que le negó un carácter ontológico y lo clasificó, dentro de su jerarquía sentimental, como un sentimiento vital (Muñoz 2013). Es decir, un sentimiento que sería superior a los sentires sensibles, pero inferior a los anímicos y espirituales.

A diferencia de Scheler, Heidegger le otorgó un carácter ontológico a la angustia, como se puede apreciar en su obra Ser y tiempo. De acuerdo con Muñoz, Scheler le otorgó un carácter secundario a la angustia en la vida sentimental, mientras que Heidegger la consideró una "disposición afectiva fundamental" (Muñoz 2013: 81). Es decir, "que la angustia es un temple de ánimo a partir del cual se nos abre el mundo. En otras palabras, lo angustiante de la angustia es algo completamente indeterminado: es el mundo o, en términos heideggerianos, el 'estar-en-el-mundo'" (Muñoz 2013: 81). Martin Heidegger diferencia el miedo de la angustia, precisamente, en su causa indeterminada, de modo que "el ante-qué de la angustia se caracteriza por el hecho de que lo amenazante no está en ninguna parte. La angustia "no sabe" qué es aquello ante lo que se angustia" (Heidegger 1997: 41). A su vez, dicho filósofo alemán, deja claro que en ninguna parte, "no significa simplemente 'nada', sino que implica la zona en cuanto tal, la aperturidad del mundo en cuanto tal para el estar-en esencialmente espacial" (Heidegger 1997: 41).

Sobre las diferencias mencionadas entre ambos filósofos alemanes, Muñoz concluye que Scheler no comprendió del todo la perspectiva y profundidad de Heidegger en torno a la angustia. Esto último podría ser complementado en que las ideas de Heidegger eran una amenaza para el filósofo muniqués, ya que podrían haber erosionado su sistema construido en torno a la ética y el amor como sentimiento fundante. No obstante, amor y angustia podrían ser más próximos de lo que se podría creer o la idea que esta discusión ofrece. Sobre esto me referiré en el siguiente apartado.

 

3. El carácter ontológico del amor y de la angustia

En este apartado se defenderá la tesis de que amor y angustia son sentimientos ontológicos, sobre todo, basándome en la idea de que la angustia se encuentra asociada al amor.

Uno de los pensadores que trató al amor y a la angustia como sentimientos ontológicos o espirituales, al mismo tiempo, fue el considerado padre del existencialismo, o sea, Sören Kierkegaard. Precisamente, el filósofo danés que desafió diferentes sentidos comunes de su época. Con respecto a la génesis espiritual del amor, dicho pensador señaló lo siguiente:

"¿De dónde procede el amor?, ¿dónde tiene su origen y su manantial?, ¿dónde se encuentra ese lugar, su paradero, de donde brota? Sí, este lugar está celado o se encuentra en lo celado. En lo más íntimo de un ser humano existe un lugar; de este lugar brota la vida del amor, porque 'del corazón brota la vida' (Proverbios 4,23). Más este lugar no lo puedes ver; por mucho que te adentres, el origen se sustrae en la lejanía y la ocultación; y aunque te hubieses adentrado lo más posible, el origen estaría todavía como un poco más dentro, como acontece con el manantial de una fuente, que precisamente cuanto más cerca estás tú, más lejos se encuentra él. De este lugar brota el amor, por múltiples vías; pero por ninguna de estas vías lograrás adentrarte en su escondida génesis" (Kierkegaard 2006: 25).

Con respecto a la angustia, Kierkegaard manifestó, en términos similares a Heidegger, que es inherente a su condición humana. Así, agrega que "el espíritu tiene angustia de sí mismo. El espíritu no puede librarse de sí mismo; tampoco puede comprenderse a sí mismo, mientras se tiene a sí mismo fuera de sí mismo; ni tampoco puede el hombre hundirse en lo vegetativo, puesto que está determinado como espíritu" (Kierkegaard, 1982: 61-62). Dicho filósofo danés, no solamente le otorgó un carácter ontológico a la angustia, sino que, además, asoció aquel sentimiento al amor. Esto se puede reflejar en la siguiente cita en torno al ser humano: "de la angustia no puede huir, porque la ama; amarla, no puede propiamente, porque la huye" (Kierkegaard 1982: 62). Esta paradoja de la vida humana entre el amor y la angustia, se explicaría, en parte, en que cualquier persona que experimente el amor a la vida estaría destinada a sentir angustia por aquel misterio que ama. Pues, claro, la vida no ha dejado de tener aspectos radicalmente incomprensibles y ni siquiera la filosofía ha librado a la humanidad de aquello.

Un filósofo que siguió, en parte, la línea de pensamiento de Kierkegaard fue el español Miguel de Unamuno. Precisamente, en su obra El sentimiento trágico de la vida, encontramos múltiples referencias a la conexión entre el amor y la angustia que produce en la vida de las personas. Para Unamuno, la angustia y el sufrimiento o dolor anímico, psicológico o espiritual revelan al ser humano la existencia, aquella misma existencia que luego anhela y ama. En sus palabras, nos dice lo siguiente:

"Aunque lo creamos por autoridad, no sabemos tener corazón, estómago o pulmones mientras no nos duelen, oprimen o angustian. Es el dolor físico, o siquiera la molestia, lo que nos revela la existencia de nuestras propias entrañas. Y así ocurre también con el dolor espiritual, con la angustia, pues no nos damos cuenta de tener alma hasta que ésta nos duele" (Unamuno 1971: 160).

Para comprender la relación unamuniana entre el amor y la angustia, es fundamental entender que para dicho filósofo vasco amar es un acto de compasión, de compadecerse por sí mismo y por el resto. Y este compadecer, por supuesto, que genera angustia, dolor y congoja y, por ende, sufrimiento espiritual. En este sentido, planteó que "el amor compadece y compadece más cuanto más ama" (Unamuno, 1971: 107). Es tal la importancia que aquel pensador le otorgó al malestar subjetivo, que no dudó en señalar que el dolor es algo espiritual y, a su vez, "la revelación más inmediata de la conciencia" (Unamuno 1971: 159). Dado que el amor es experimentar angustia y dolor espiritual en la compasión, hemos de señalar, bajo esta misma lógica, que se ama gracias a la posibilidad de sentir angustia. En este sentido, cabe preguntarnos, ¿qué es primero en la vida humana, el amor o la angustia? Me atrevería a señalar que son sentimientos inseparables, es decir, que cada vez que se ama está presente la angustia y cada vez que hay angustia está presente el amor por medio de algún tipo de compasión. Precisamente, Unamuno planteó que "quien no hubiese nunca sufrido, poco o mucho, no tendría conciencia de sí" (Unamuno 1971: 159). Y, por supuesto, para amar es preciso tener conciencia, de lo contrario, ¿quién ama? Al respecto, sabemos que los cuerpos materiales carentes de conciencia no pueden amar; y las personas que, por diferentes motivos, han perdido la conciencia también se verían privadas de dicho sentir. En síntesis, se considera que el amor y la angustia son sentimientos indisociables y tienen un carácter ontológico, reflejando las más íntimas expresiones del alma humana que puede anhelar teleológicamente el bien.



Bibliografía

Baigorri, José (y otros)
1995 Temas de Filosofía. Cou. Madrid, Ediciones del Laberinto.

Casado, Cristina (y Ricardo Colomo)
2006 "Un breve recorrido por la concepción de las emociones en la Filosofía Occidental", A Parte Rei, núm. 47: 1-10.

Ferrater, José
1998 La filosofía actual. Madrid, Alianza.

Heidegger, Martin
1997 Ser y tiempo. Santiago de Chile, Editorial Universitaria.

Kierkegaard, Sören
1997 El concepto de la angustia. Madrid, Espasa-Calpe.
2006 Las obras del amor. Meditaciones cristianas en forma de discursos. Salamanca, Sígueme.

Marina, José Antonio
2009 El laberinto sentimental. Barcelona, Anagrama.

Mujica, Felipe
2020a Emociones y educación. España, Mibestseller.es.
2020b "El giro afectivo en la sociedad: una mirada filosófica desde Miguel de Unamuno", Revista Crítica.cl: 1-6.
2020c Educación ética basada en el amor. Sevilla, Punto Rojo.
2021 Filosofía y ser humano. Reflexiones para la ciudadanía. Santiago de Chile, Trayecto Comunicaciones.

Mujica, Felipe (y Nelly Orellana)
2021 El giro emocional de la educación. Santiago de Chile, Forja.

Muñoz, Enrique
2013 Heidegger y Scheler. Estudios sobre una relación olvidada. Pamplona, Cuadernos de Anuario Filosófico.

Ortega Gasset, José
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Scheler, Max
1966 La esencia de la filosofía y la condición moral del conocer filosófico. Buenos Aires, Nova.
2001 Ética. Nuevo ensayo de fundamentación de un personalismo ético. Madrid, Caparrós.
2005 Esencia y formas de la simpatía. Salamanca, Sígueme.
2008 Ordo amoris. Madrid, Caparrós.
2010 Amor y conocimiento. Y otros escritos. Madrid, Palabra.

Unamuno, Miguel
1971 Del sentimiento trágico de la vida. Madrid, Espasa-Calpe.

Zembylas, Michalinos
2019 "Intentos por discernir la compleja imbricación entre emoción y pedagogía: contribuciones del giro afectivo", Propuesta Educativa, núm. 28, vol. 51: 15-29.


Publicado 01 enero 2022