Número 14, 2021 (2), artículo 4


Las causas identitarias corrompen el lenguaje y falsean la realidad


Rafael Núñez Ruiz

Profesor de historia jubilado. Málaga




RESUMEN
La ciudadanía democrática necesita alcanzar una compresión crítica del pensamiento reaccionario que ha invadido las ideologías que se siguen llamando de "izquierdas" y "progresistas". Integrados en la interseccionalidad identitaria y en prejuicios heredados de la izquierda totalitaria y cierta progresía "antimperialista", pervierten cuanto tocan con su fundamentalismo y maniqueísmo sectario.


TEMAS
democracia · identidad · izquierda reaccionaria · multiculturalismo · talibanes



Presento unas reflexiones y opiniones sobre las reacciones que ha suscitado la entrada de las fuerzas talibán en Kabul y algunos de los significados que se le han atribuido, particularmente en relación con el universo multiculturalista de las identidades.  

Lo primero es la repulsión que he sentido por las interpretaciones que parten de las ideologías que promueven la "interseccionalidad" de las causas identitarias y que desnaturalizan o corrompen el lenguaje y falsean la índole de los asuntos que son objeto de nuestra atención. El periodista Carlos Navarro Antolín manifestaba, pienso que con razón:

"No tienen la más mínima vergüenza cuando nos distraen con los sonajeros de la defensa animalista, la sectaria perspectiva de género y el odio indisimulado al Ejército. Nos intentan tomar el pelo a todas horas metiéndonos a regañadientes cada trocito de esa tortilla del estúpido lenguaje inclusivo que se queda en las formas, en la estética hueca, en los formalismos insípidos. Caen en la trampa hasta los supuestos intelectuales. La España boba no ha parado ni en agosto. Provoca sonrojo comprobar cómo una vicepresidenta del Gobierno se resiste a nombrar la palabra militares al reconocer públicamente la labor de los soldados en Kabul. Esta señora no es digna del cargo. Pero recuerden que tenemos un presidente del Gobierno que dijo que en España sobraba el Ministerio de Defensa" (Málaga Hoy, 1 de septiembre 2021).

La misma repugnancia con la que leí el episodio, que cuentan Carlos Colón y Manuel Gregorio González, del ciudadano inglés que abandonó a sus colaboradores en Afganistán, después de haber rescatado a sus perros y sus gatos.

Desde mi punto de vista, Gregorio Morán acertaba al señalar que "vivimos en un mundo cruel y despiadado en el que muchos creen tener el secreto para seguir en su nube. Anoto como rasgo significativo de la hispanidad el de las señoritas empoderadas advirtiendo de que no se olviden de sacar de Afganistán a las mujeres de la limpieza. En las situaciones más dramáticas siempre aparece el mentecato que alivia el paisaje" (Vozpópuli, 28 de agosto 2021).

Se refiere al tenebroso paisaje en el que se cimbrean las sociedades democráticas y abiertas. Este paisaje en el que se tambalea la democracia es –y pienso que debiera ser– el nudo gordiano del debate en estos momentos.

Es un debate que incumbe a la ciudadanía democrática; pese a que los integrados en la interseccionalidad identitaria y los prejuicios heredados de las izquierdas reaccionarias y cierta progresía "antimperialista" ningunean y pervierten con su fundamentalismo y maniqueísmo sectario. Decía Eduardo Jordá –y me parece rigurosamente cierto– que "son muchos los que se han alegrado (tal y como suena) de la victoria talibán por suponer la derrota de Estados Unidos. Deben desear el relevo de USA por China, de los ideales liberales (y canallas intereses económicos y estratégicos) por los ideales de la dictadura despótica del Partido (y de los intereses crematísticos a cualquier precio)" (Diario de Sevilla, 28 de agosto 2021).

Hay hechos ciertos, incuestionables diría yo, que no pueden pasar desapercibidos. "Se mire como se mire, ha sido una derrota, y además una derrota con un final bochornoso. Es cierto que los norteamericanos cometieron errores imperdonables en Afganistán, al igual que ha ocurrido en todos los países donde han intentado imponer su visión del mundo. Los norteamericanos están tan convencidos de su superioridad económica y moral que ni siquiera hacen el esfuerzo de ponerse en el lugar de esos pueblos casi siempre pobres y atrasados a los que supuestamente van a rescatar del atraso y la miseria. Eso es indiscutible. Pero al menos los norteamericanos defendían –hablo en pasado porque ese tiempo se ha acabado– unos ideales que nadie debería poner en cuestión: la libertad, la democracia, la autonomía personal. Por supuesto que las querían imponer a bombazos y que solían aliarse con dictadores y con canallas. Y por supuesto que siempre defendían sus intereses económicos y su estrategia global. Pues claro que sí. Pero la pregunta es: ¿será mejor el nuevo mundo con una Norteamérica en declive, asustada, impotente, casi en quiebra económica y con la moral por los suelos?" Ante estos dilemas, echamos de menos las visiones materialistas, de veracidad y de materialismo histórico, que han enseñado filósofos como Gustavo Bueno, entonces faros de pensamiento y, ahora, objeto de olvido y chanzas.

Todo parece indicar que China va a ocupar el lugar que deja vacante Estados Unidos, y no hay ninguna razón para pensar que la pax de China vaya a ser más favorable para el género humano y para la causa de la ciudadanía democrática y los derechos humanos universales. "Los líderes chinos piensan las cosas a largo plazo –a muy largo plazo– con una visión puramente comercial y estratégica. No tienen que ganar elecciones y no tienen que dar cuentas a nadie. Combinan el autoritarismo despótico del Partido Comunista con una visión ultraliberal de la economía. Sus dos únicos objetivos son el beneficio económico –al coste que sea– y la obediencia absoluta a la autoridad indiscutible del gobierno (es decir, del PCCh, que viene a ser una especie de colegiatura de mandarines dirigida por un emperador disfrazado de hombre de la calle). Para China, la libertad política, la democracia representativa o los derechos humanos son tonterías pequeñoburguesas que no tienen ningún valor. China es rica y poderosa y no tiene miedo de imponer su estrategia en todo el mundo". ¿Es eso lo que desean, un combinado de la China del PCCh y de la Rusia de Putin como eje de un nuevo orden global (y de camino, con legiones de Puigdemont y otros sucedáneos de sacerdotes identitarios, empeñados en desestabilizar los Estados nacionales que cuentan con sistemas democráticos constitucionales)?

La previsión de la pax china no deja de ser, no obstante, una conjetura. La decadencia y crisis de la "democracia imperial" parece a muchos una certidumbre, pero no deja de ser un vaticinio, un simple pronóstico. Octavio Paz teorizó a finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado sobre la crisis de la democracia imperial de los Estados Unidos y de los impulsos revolucionarios que se desarrollaban al amparo de la URSS y la China maoísta. La derrota en Vietnam y el repliegue de Estados Unidos en el sudeste asiático auguraban la decadencia y crisis del Imperio y la emergencia de nacionalismos revolucionarios. Octavio Paz, en cambio y pese a proceder de esos círculos de revoluciones emergentes, no veía en ellos el "final de la utopía", en el sentido que hablaba Marcuse; por el contrario, veía en esas alternativas al sistema imperial norteamericano la expansión del sistema de "dominación burocrática" de la URSS; consideraba que la revuelta de los particularismos y nacionalismos ("movimientos de liberación"), sobre todo en los países de la "periferia", eran intentos fallidos de modernización, debido al triunfo e implantación de regímenes totalitarios y fundamentalistas (ya utilizó el término fundamentalismo, del que entonces formábamos parte muchos "cruzados" de la emancipación social y de los pueblos). Renunciando o contradiciendo postulados suyos anteriores, Octavio Paz consideró aquellos intelectuales unos "cruzados", que amparados en el marxismo se apropiaron del proyecto moderno y emancipador. Estos intelectuales, señaló Octavio Paz, "actúan bajo una profunda contradicción. Son unos cruzados, combatientes que se creen predestinados a salvar a la humanidad sometiendo y en muchos casos asesinando a aquellos que no comparten su única razón. Son los portadores de ideas nuevas regidas por los comportamientos jerárquicos y dominantes que paradójicamente la modernidad debe superar" (Tiempo nublado, 1983).

En contra de la mayoría de los augurios y deseos de la mayoría de "militantes" y "sacerdotes" de la Causa emancipadora del socialismo, Paz escrutó el despotismo totalitario del modelo chino (maoísta) y analizó las dificultades del modelo soviético para su propia supervivencia y para constituirse en alternativa global alguna: opacidad, gerontocracia, imposibilidad de ejercitar la crítica, incapacidad para que los críticos tomaron parte en la dirección del país, carencias de libertad de pensamiento, de análisis y de opinión, anquilosamiento burocrático, inexistencia de elecciones entre opciones públicas distintas y de confrontación sobre la revolución científica y técnica que iniciaba su andadura en esos años… En fin, anunciaba que era más probable la crisis y el declive de la URSS que de Estados Unidos.

Retornamos del tiempo nublado de Octavio Paz al hilo de los tiempos oscuros que nos toca vivir ahora.

Supe hace unos días que, al igual que sucedió cuando los atentados terroristas de Las Ramblas barcelonesas y de Cambrils, un militante de extrema izquierda converso al islam y presidente de una entidad o plataforma ¡subvencionada por la Diputación de Barcelona!, cuyo objetivo es denunciar y luchar contra la "islamofobia", se alegraba por el triunfo talibán. A estas alturas, lo que me parece más grave y sintomático de la deriva ideológica fundamentalista y totalitaria, fundamentada en el odio y la violencia, es que está apoyada desde el poder político y desde instituciones públicas de una sociedad democrática.

No me extrañó la manifestación de ese izquierdista talibán sino la institucionalización de su fundamentalismo, valorado como "progre". Desde hace tiempo estoy interesado en alcanzar una compresión crítica de esas modalidades del pensamiento reaccionario, especialmente de su invasión de las ideologías de lo que se sigue llamando "izquierdas" y "progresismo". He contado con la ayuda inestimable de filósofos y estudiosos críticos de ascendencia marxista, que empezaron a plantear muy pronto aspectos relativos a la democracia y el republicanismo, como Félix Ovejero, que desmenuzaba cuestiones como la "Teoría (de la secesión) de la minoría permanente a la luz de la democracia deliberativa", sacando del armario reflexiones, análisis y asertos, que se exponían a la incorreción política y a la descalificación y exclusión. Recomiendo algunos de sus libros: Contra Cromagnon: nacionalismo, ciudadanía, democracia, Proceso abierto: el socialismo después del socialismo, Nuevas ideas republicanas, Sobrevivir al naufragio: el sentido de la política, La trama estéril: izquierda y nacionalismo, y La deriva reaccionaria de la izquierda.

El multiculturalismo de las identidades (mezcla de etnicismo, sectarismo y fundamentalismo) resulta letal para la igualdad y la democracia, y ensancha el campo de juego de los nacionalistas, xenófobos, nativistas, indigenistas –como también Vox–, feministas radicales que niegan a las mujeres, etc. Prima el "constructo" de la identidad, pues no deja ser un "constructo" de los laboratorios de pensamiento e ingeniería social de los poderes globales. Se da el caso, por ejemplo, de que han sido silenciadas por las feministas violaciones llevadas a cabo por jóvenes marroquíes, como es asimismo silenciada la situación de vejación y sumisión de las mujeres en el islam.

He dicho varias veces que para entender la trascendencia –la amenaza global para las democracias y los derechos iguales de las mujeres y de los ciudadanos que integran las minorías– es recomendable leer testimonios y análisis que ofrezcan una visión integral de la deriva en curso, sobre todo por parte de quienes, procedentes de la izquierda y del liberalismo progresista, han sufrido esa violencia y coacción totalitaria. He recomendado en varias ocasiones, y vuelvo a hacerlo, los libros de Andrew Anthony (El desencanto de un izquierdista de toda la vida), Douglas Murray (La masa enfurecida. Cómo las identidades han llevado al mundo a la locura) y Najat El Hachmi (Siempre han hablado por nosotras). Estas recomendaciones no obvian, como es lógico, la lectura de publicaciones analíticas de la posmodernidad y la "modernidad líquida".

El libro del periodista Douglas Murray recoge y analiza multitud de casos realmente escalofriantes como el que relataba Jordá hace unos días:

"La semana pasada –decía–, la influencer Lily Cole difundió unas imágenes en Instagram en las que se ponía un burka como muestra de apoyo, según decía ella, a la diversidad cultural. Su performance –o lo que fuera– se llamaba ‘Abracemos la diversidad’. Es asombroso. Por lo que he leído –la Wikipedia es muy chismosa–, Lily Cole nació en 1987 y estudió Historia del Arte en Cambridge. No es una persona ignorante ni que padezca una disfunción cognitiva. Pero ella se retrataba muy pancha con un burka azul que parecía una funda de mesa camilla. Y encima lo hacía como si llevar un burka fuera una elección que toda mujer podía hacer con entera libertad, y como si llevarlo fuera una especie de alegre pasatiempo que te hacía la vida más fácil. ¿No sabe esta influencer lo que ocurre en Afganistán con las mujeres que están obligadas a llevar el burka? ¿Y no sabe que un burka representa el sometimiento absoluto de las mujeres a los deseos y las imposiciones de unos hombres que tienen el cerebro de un mosquito? Pues parece que no. Y se trata –no lo olvidemos– de toda una licenciada en Historia del Arte por Cambridge. ¡Por Cambridge! Pero está visto que la moda de hacerse pasar por buena persona, alardeando de diversidad cultural en las redes sociales, tiene un prestigio que parece seducir a mucha gente. Esta misma semana también hemos visto una campaña en las redes sociales en que varias chicas se ponían un velo islámico –el hiyab– como muestra de odio a la islamofobia. ¿De dónde salen estas campañas idiotas? ¿Quién las crea? ¿Quién las financia? Hay miles de formas de luchar contra la islamofobia –por ejemplo, leer a autores, y sobre todo a autoras, de países musulmanes, ver sus películas, escuchar sus discos–, pero ponerse un hiyab –que es una imposición que muchas mujeres deben aceptar en el mundo islámico si no quieren enfrentarse a la exclusión social o a un trato denigrante– es una prueba mayúscula de que se nos ha ido la olla. Cualquiera que conozca los países musulmanes sabe que hay millones de mujeres que desearían quitarse el hiyab, pero que no se atreven a hacerlo para no desairar a sus padres o a sus maridos o a sus novios o a sus vecinos. Pero aquí creemos que ponerse el hiyab –o el burka– es una moda pasajera igual que un corte de pelo o unos zapatos de plataforma" (Abrazar la diversidad, Málaga Hoy, 25 de agosto 2021).

Decía antes que lo más grave y amenazante de esta deriva es el apoyo que recibe del poder, instituciones y medios... y la adhesión a la causa del multiculturalismo identitario de la masa delirante y enfurecida de izquierdistas (en el lenguaje actual de las ideologías políticas populistas, nacionalistas e identitarios). De hecho, la línea divisoria actual entre el universo de lo progre y políticamente correcto y el de los fachas y fascistas a combatir, condenar y excluir, es la que han trazado las nuevas identidades de género, "comunitarias" y étnicas, que se han erigido en nuevos inquisidores sobre las cenizas de los movimientos por la igualdad de los derechos civiles, de la consecución del reconocimiento universal de los derechos humanos, de la igualdad jurídica y política de las mujeres... Todo esto, en realidad todo el pensamiento y formas políticas contemporáneas que arrancan de 1789, forma ahora parte del facherío político.

sardana

Un caso ilustrativo. Los grupos nacionalistas que integran la CUP en Cataluña suelen denominarse de izquierdas, feministas, ecologistas, progresistas, emancipadores..., por más que su sociología y su parentesco político nos remiten al mundo cavernario, corrupto, supremacista y autoritario, que constituyó el disco duro del régimen pujolista. El caso es que el trans Galofre Molero, cupero, se inseminó y ha dado a luz. Así lo cuenta en el periódico subvencionado Ara:

"Los pechos los he odiado. Me hice una reducción con 18 años que me reconcilió mucho, pero utilicé muchos años camisetas compresoras. (…) Mi tema es con la gordura. Y obviamente que está vinculado con el género [quiere decir sexo], porque dejar de hormonarme quiere decir engordarme. Ha sido muy duro. (…) No me siento materno." Sobre el niño, "no le decimos a nadie qué genitales tiene. (…) Así no tendrá la imposición de la masculinidad o feminidad obligatorias (…) Quan veig que le tracten diferent en funció de com va vestid fa que em reafirmi en la criança no binària. La criatura decidirà quin camí vol triar, si nen, nena, neni o el que vulgui".

No es un episodio de ciencia ficción, ni una astracanada de Muñoz Seca, ni un esperpento de Valle Inclán. Es la "nube" en que viven y quieren situarnos los movimientos e ideologías "identitarias", en sus diferentes modalidades: feministas y toda la gama LGTBIQ..., nacionalistas, etnicistas, animalistas, indigenistas, raciales, religiosos... La matriz ideológica del relativismo cultural (identidades de género, etc.) es la misma en los movimientos racistas (desde su era dorada del "racismo científico" y del darwinismo social), fundamentalistas, nacionalistas y, en general, en todos los movimientos totalitarios, que surgieron y se desarrollaron en los orígenes y consolidación de la democracia política, cuando esta se urdió como movimiento de masas por la igualdad jurídica y política. Sus vasos son comunicantes. Nada menos que 140 islamistas convertidos, con perfiles agresivos y violentos, salieron de la CUP y ERC.

El mismo día que Galofre Molero publicaba sus convicciones íntimas y su batiburrillo antibinario, se publicaba un artículo de Elvira Roca Barea sobre lo de Afganistán, en el que escribía esto:

"Quizás algún lector sepa de dónde procede la expresión ‘discutir sobre el sexo de los ángeles’, pero en este momento, precisamente en este, tras la caída de Kabul, conviene recordarlo. Era el gran asunto sobre el que debatía la intelligentsia de Bizancio en el momento en que los turcos pusieron cerco a Constantinopla. (…). Jugando a las casitas de género andan nuestros teólogos y teólogas buscándole la pilila al teorema de Pitágoras. A fin de cuentas son dos catetos y una hipotenusa y no respeta la paridad. La cosa es ardua y exigirá muchas reuniones de la nueva clerecía y mucho presupuesto. Sobre todo mucho presupuesto. No digamos nada si hay que averiguar los misterios genitales de la conjetura de Goldbach o de la siempre esquiva demostración del teorema de Fermat, no apta para teólogos. Mientras tanto se andan firmando manifiestos para salvar a las mujeres. La mayor parte de los que van a morir son hombres, porque hombres son la inmensa mayoría de los que trabajaban para los occidentales. (…) Los que hoy procuran huir de Kabul por todos los medios a su alcance saben que están en las puertas del infierno y en las puertas del infierno no se lucha con firmas de género. Se lucha con el AK-47 en la mano. La puñeta es que el AK-47 necesita alguien que lo empuñe. Y de eso no tenemos. (…) A cambio se le ofrecen al personal (y se autoofrecen) emplastos ideológicos lenitivos a modo de soma para que vaya encajando su destino terminal sin mucho sufrir. Y sobre todo sin la mala conciencia que da ser responsable, sin remedio posible y hasta el final, de las consecuencias de nuestros actos y de nuestras ideas. (…) Desafiados por la presencia real de la barbarie, los occidentales hemos huido. Algunos procuramos mirar de frente la bochornosa verdad y no ahorrarnos la vergüenza. Otros/as/es se refugian en las rogativas del género de los ángeles esgrimiendo manifiestos ‘solo para mujeres’ como cirios encendidos. La resistencia frente al horror se reduce a buscarle un confort a la conciencia, convenientemente ideologizada. No ha habido, como Spengler quería creer, un grupo de soldados que salvara la civilización" (Afganistán y el sexo de los ángeles, El Mundo, 27 de agosto 2021).

https://www.elmundo.es/opinion/2021/08/27/6128e20021efa079108b464c.html

Elvira Roca Barea es autora de una serie de libros que han supuesto un giro copernicano en la historia del pensamiento español y en la propia historiografía, en asuntos claves como el Imperio y la Modernidad. Sus obras (Imperiofobia y leyenda negra; Fracasología: las élites españolas desde la Ilustración a nuestros días y La disputa del pasado: España, México y la leyenda negra, obra esta última en la que participan especialistas mejicanos, argentinos y españoles) han levantado sarpullidos en destacados iconos de la intelectualidad "progre" y portavoces de la modernidad fallida en España.


Publicado 16 septiembre 2021