Número 15, 2022 (1), artículo 4


Del fundamento teísta del bien moral


Felipe Nicolás Mujica Johnson

Facultad de Educación, Universidad Autónoma de Chile




RESUMEN
El bien moral es un constructo filosófico que puede ser fundamentado, en sus aspectos más primarios, desde una perspectiva subjetivista (materialista) u objetivista (idealista o espiritualista). De la mano de Gottfried Leibniz y otras personalidades de la filosofía, explico el absurdo que significaría reconocerlo como una cuestión puramente humana.


TEMAS
Dios · filosofía · idealismo · Leibniz · moral



1. Introducción

¿De dónde procede el amor?, ¿dónde tiene su origen y su manantial?, ¿dónde se encuentra ese lugar, su paradero, de donde brota? Sí, este lugar está celado o se encuentra en lo celado. En lo más íntimo de un ser humano existe un lugar; de este lugar brota la vida del amor, porque "del corazón brota la vida" (Proverbios 4,23). Más este lugar no lo puedes ver; por mucho que te adentres, el origen se sustrae en la lejanía y la ocultación; y aunque te hubieses adentrado lo más posible, el origen estaría todavía como un poco más dentro, como acontece con el manantial de una fuente, que precisamente cuanto más cerca estás tú, más lejos se encuentra él. De este lugar brota el amor, por múltiples vías; pero por ninguna de estas vías lograrás adentrarte en su escondida génesis (Kierkegaard 2006: 25).

A la filosofía corresponde esclarecer ciertas cuestiones que, a simple vista, pasan desapercibidas en la gente común en torno a esta área de estudio, es decir, las personas que no se encuentran asociadas sistemáticamente al mundo de la filosofía. En esta ocasión me he inclinado por esclarecer el fundamento del bien, lo bueno o la bondad, pues, me he percatado, en este mundo que todavía tiene mucha influencia positivista, que aquel aspecto suele ser poco discutido y, menos aún, con un fundamento filosófico. Me refiero, sobre todo, a la gente común, aquella que necesita beber de la filosofía y, por qué no, algún día familiarizarse más con ella. De lo contrario para mí la filosofía tiene poco sentido, tal vez soy muy existencialista, pero no concibo una producción filosófica pensada exclusivamente para el mundo académico especializado en ella. Sí la concibo como una fuente de sabiduría para el mundo en general y, sobre todo, para aquellos que, sin encontrar una fuente profunda, buscan pilares más sólidos para su cotidiano vivir.

Antes de pasar al fundamento del bien, haremos una breve aproximación al significado del bien. De acuerdo con el diccionario filosófico de Ferrater (1994), el término bien, como la mayoría de los conceptos, tiene variadas definiciones y de distinta índole. En este caso, se hace referencia al que es utilizado como sinónimo de bueno y bondad. Es decir, a un sentido esencialmente moral. Ferrater (1994) explica que el bien moral y metafísico ha sido estudiado por diferentes personalidades connotadas de la filosofía y en diferentes épocas históricas, dándole diferentes matices formales que explican su forma de desenvolverse en la realidad. Para este escrito no es de utilidad discutir las formas de aquel bien, de modo que se evitará dicha discusión. En este sentido, será útil entender que desde mi perspectiva el bien puede tener diferentes grados de manifestación y que, además, es un constructo objetivo o una verdad innata en nuestro mundo (Leibniz 1992; Scheler 1966, 2001, 2005, 2008, 2010). Por ende, no es un constructo o una verdad que se podría catalogar como una creación del ser humano, sino que, más bien, sería descubierto por medio de la razón, la intuición y la experiencia. Si bien no lo digo literalmente, en Mujica (2021) aclaro que concibo los descubrimientos filosóficos desde múltiples vías de investigación, distanciándome de un racionalismo estricto o radical. Dentro de sus grados, el máximo bien sería la perfección total en términos morales y, evidentemente, éticos. Perfección, por cierto, que desde nuestro plano terrenal estamos limitados a percibirla en su totalidad y directamente. Parcial e indirectamente nos podemos aproximar a ello por medio de los buenos valores y los buenos sentimientos morales (Mujica 2019a, 2019b, 2020, 2022; Unamuno 1971, 2013; Von Hildebrand 2006, 2019, 2016), como el amor del que nos habla Kierkegaard en el epígrafe, con bastante realismo sobre su fuente más original y nuestras limitaciones mundanas. De ahí se desprende, en el marco de esta perspectiva, que el bien moral ha de ser un anhelo de progreso espiritual o personal para la humanidad.

Con base en lo anteriormente expuesto, en este escrito se analizará el necesario fundamento teísta del bien moral.

 

2. La necesaria objetividad del bien moral

Creo que es bastante adecuado atribuirle a Nietzsche (2011, 2014, 2019), buena parte del mérito de fundamentar el bien moral como algo subjetivo y relativo a las apetencias humanas que se logran imponer socialmente. Declarando incluso que los valores morales del cristianismo eran caprichos o trivialidades de la época para someter a la población con fines exclusivamente particulares. El problema de aquel filósofo, es que se dejó llevar demasiado por la razón, cegándose a la verdad que no se nos presenta exclusivamente por la luz natural del intelecto (Leibniz 1992), sino que también por la intuición afectiva (Scheler 2001) y la experiencia moral (Unamuno 1971). Peor aún, los mismos valores morales, cualesquiera que sean, incluso los de su Superhombre, no serían más que una mentira pasajera. El mismo bien moral, en cualquier momento, dejaría de existir, puesto que no habría nada estable que lo sujete como un supremo objeto moral. Evidentemente, al observar el mundo humano y su historia el absurdo se muestra por sí mismo, pero ahondaré un poco en ello.

Bien nos recuerda Frondizi (1968), que si todo es subjetivo nada es subjetivo, puesto que no existe una contraparte que le dé sentido. Y si aquel axioma lo aplicamos al bien, diremos que si todo es moralmente bueno nada es moralmente bueno. En pocas palabras, cualquier verdad absoluta sobre lo bueno se desvanece y se convierte en una categoría exclusivamente política, cultural e histórica. El gran problema de esa tesis, radica en que el mundo no fue creado por el ser humano y, en efecto, nuestro poder es limitado. Ya Sócrates, junto a su discípulo Platón (1988), fueron pioneros en comenzar a descubrir la objetividad que existe en el mundo y las limitaciones ontológicas de nuestra especie. Con esto, debemos reconocer que todos los valores morales, como el amor, la justicia y la humildad, existen más allá de nuestra intención de reconocerlos como existentes. Y uno de los motivos más poderosos para sostener aquella afirmación radica en que no es un saber descubierto, primariamente, por la razón, sino que por la intuición afectiva y la experiencia moral. En un sentido inspirado en Leibniz (1992), diría que son descubrimientos de nuestra naturaleza espiritual innata que se encuentra en un estado de relativa maduración.

Ahora utilizaré una fundamentación racional prospectiva, que apela al sentido común que no es ajeno de nuestra naturaleza espiritual innata. Si algún día llegamos a declarar transversalmente que el bien moral no es objetivo y es un invento humano, tendremos que llegar a aceptar que asesinar por satisfacción personal o por dinero puede caber dentro de un bien moral de la época. Y lo mismo con toda una serie de crímenes que se nos pudiera ocurrir. Nuevamente, el absurdo se muestra claramente a la luz natural de los hechos que sucederían. Tendríamos que, de paso, declarar que la inteligencia tampoco existe como una verdad estable. Entonces, frente a esta verdad del bien moral como algo estable que ha descubierto nuestra naturaleza espiritual innata, que incluye, por lo menos, el intelecto, la intuición y la afectividad, cabe preguntarse, ¿qué podría fundamentarla? Lo importante de aquella pregunta, es que con el solo hecho de plantearla y reconocerla como una pregunta necesaria para explicar el mundo, ya estamos reconociendo que el bien moral no existe por sí mismo, sino que tiene una esencia. Para muchos, incluyéndome, esa esencia es de naturaleza divina y, en términos más específicos, para evitar contradicciones, sería la del Dios eterno, omnibenevolente y omnipotente que, entre otros atributos, nos presenta la teología clásica judeocristiana occidental.

 

Consideraciones finales

El bien moral no puede existir sin un fundamento que le otorgue estabilidad, de lo contrario sería un concepto vacío sin sentido. Y el bien moral tiene una gran relevancia en nuestra sociedad, tanto occidental como oriental, aunque, claramente, existen varios matices según ambas culturas. No obstante, ambas han apelado, en buena parte, a una fundamentación divina. En occidente es, preferentemente, teísta y es lo que le ha dado una estructura al mundo. Aquel bien se encuentra implícito en los diferentes ámbitos culturales de la sociedad, como el derecho, la educación, el arte, el deporte y la economía. Una de sus máximas expresiones la hallamos en las éticas que han surgido en las diferentes latitudes. También, cabe señalar, existe las éticas subjetivistas, como la de Sartre (2004), que anteponen al ser humano frente al bien moral y, de paso, erosionan aquel mismo concepto. No obstante, el bien moral como verdad objetiva es mayoritario en la sociedad y, sobre todo, en la occidental, lo cual se puede comprobar con el auge y la defensa que han tenido y tienen los derechos humanos universales.



Bibliografía

Frondizi, Risieri
1968 ¿Qué son los valores? México, Fondo de Cultura Económica.

Kierkegaard, Sören
2006 Las obras del amor. Meditaciones cristianas en forma de discursos. Salamanca, Sígueme.

Leibniz, Gottfried
1992 Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano. Madrid, Alianza.

Mujica, Felipe
2019a "Suscitar buenas emociones en la educación formal. Análisis según la ética de Max Scheler", Revista Dilemas Contemporáneos. Educación, Política y Valores, núm. 6, vol. 3: 1-15.
2019b "Formación emocional con un sentido moral humanista-cristiano. Análisis en función del amor", Paulo Freire. Revista de Pedagogía Crítica, núm. 21: 126-141.
2020 Educación ética basada en el amor. Sevilla, Punto Rojo.
2021 Filosofía y ser humano. Reflexiones para la ciudadanía. Santiago, Trayecto Comunicaciones.
2022 "Ontología del amor y la angustia. Análisis según Scheler, Heidegger, Kierkegaard y Unamuno", Ensayos de Filosofía, núm. 15, artículo 1.

Nietzsche, Friedrich
2011 Así habló Zaratustra. Madrid, Alianza.
2014 El anticristo. Una maldición sobre el cristianismo. Zarátamo, Maceda.
2019 La genealogía de la moral. Un escrito polémico. Madrid, Alianza.

Platón
1988 Diálogos III. Fedón. Banquete. Fedro. Madrid, Gredos.

Sartre, Jean-Paul
2004 El ser y la nada. Madrid, Losada.

Scheler, Max
1966 La esencia de la filosofía y la condición moral del conocer filosófico. Buenos Aires, Nova.
2001 Ética. Nuevo ensayo de fundamentación de un personalismo ético. Madrid, Caparrós.
2005 Esencia y formas de la simpatía. Salamanca, Sígueme.
2008 Ordo amoris. Madrid, Caparrós.
2010 Amor y conocimiento. Y otros escritos. Madrid, Palabra.

Unamuno, Miguel de
1971 Del sentimiento trágico de la vida. Madrid, Espasa-Calpe.
2013 La agonía del cristianismo. Madrid, Alianza. 

Von Hildebrand, Dietrich
2006 Moralidad y conocimiento ético de los valores. Madrid, Cristiandad.
2009 El corazón. Madrid, Palabra.
2016 Las formas espirituales de la afectividad. Madrid, Encuentro.


Publicado 14 marzo 2022