Ensayos de Filosofía
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 Número 8, 2018, semestre 2, artículo 3
 
Publicado 18 julio 2018


Resumen

Las democracias liberales afrontan el desafío de garantizar el derecho a la privacidad en un contexto de múltiples plataformas de interacción virtual. Hay indudables aspectos positivos, pero se atenúa el concepto de privacidad, como efecto del capitalismo digital en el que gigantes tecnológicos compiten por la apropiación del espacio público.


Temas

big data

democracia

espacio público

Internet de las cosas

privacidad

seguridad



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Virtualización del espacio público y concepto débil de privacidad. Lecciones del caso Facebook-Cambridge Analytica

1. Introducción

 

Las democracias liberales afrontan el desafío de garantizar el derecho a la privacidad en un contexto sociotécnico caracterizado por el uso generalizado de las tecnologías de la información y el acceso a multitud de servicios, aplicaciones y plataformas de interacción virtual. Los aspectos positivos asociados con esta ampliación del espacio público abren nuevas posibilidades para el activismo político y refuerzan la eficacia de los demás cauces de participación ciudadana. En conjunto, han contribuido a consolidar nuevos mecanismos de escrutinio público y exigencia de rendición de cuentas a quienes ejercen el poder (Borowiak 2011: cap. 2)⁠. Esta dinámica refuerza los aspectos emancipadores de la noción de transparencia y favorece la articulación de otros valores e ideas reguladoras esenciales en la esfera política (Nam 2017: 3; ⁠Noveck 2015: caps. 1, 7-8; ⁠ Porumbescu 2016)⁠, pese a las reticencias de pensadores como Byung-Chul Han sobre el concepto (Han 2018: 85).

 

Su contrapartida ha sido una atenuación del concepto de privacidad que excede lo razonable. Afianzada sobre una dinámica de intercambios comerciales en la cual los consumidores obtienen servicios gratuitos o pequeños descuentos a cambio de la cesión de datos personales, el debilitamiento del derecho a la privacidad constituye un proceso inexorable al que se han sumado con entusiasmo Estados inequívocamente totalitarios y democracias que priorizan sistemáticamente la hipervigilancia en aras de la seguridad (1). Sin el contrapeso de una articulación robusta del derecho a la privacidad en el ordenamiento jurídico, dotada de mecanismos disuasorios efectivos para evitar abusos y sancionarlos duramente si se producen, la libertad de los sujetos políticos queda mermada de raíz y su ampliación a la esfera de las interacciones virtuales sólo contribuye a incrementar la posición de privilegio de la que parten diversos actores estatales y privados con capacidad técnica y económica para establecer las reglas de juego y beneficiarse de su aplicación (Morozov 2018)⁠.

 

 

2. El potencial disruptivo de la Internet de las cosas (IoT) y el Big Data

 

La articulación de la vida social y de casi todas las dinámicas de participación política en las democracias desarrolladas pasa por la mediación inevitable de las tecnologías de la información y la comunicación. En particular, por el conjunto de servicios, aplicaciones y plataformas de difusión que hacen posible hoy el acceso a la cultura y el conocimiento a través de las redes digitales, y generan nuevos espacios tan aptos para el consumo como para el activismo, el reclutamiento de seguidores, el trabajo no presencial o la monitorización continua de instituciones, partidos y personas con algún tipo de proyección pública (2).

 

La ampliación del colectivo de ciudadanos con un nivel de vida aceptable –es decir, cercanos al promedio de indicadores de bienestar de los países de la OCDE, con cierta cobertura sanitaria, acceso casi generalizado a la educación primaria, capacidad adquisitiva suficiente para cubrir necesidades básicas y cierto margen de elección en materia de ocio y consumo– es un fenómeno global (3). Sus tendencias más robustas muestran patrones de convergencia en todos los continentes, y, desde 2010, no se detienen en el círculo de los considerados emergentes (India, China, Brasil, etc.) (4). Se trata de un efecto ligado a las economías de escala que han permitido el abaratamiento de los servicios y dispositivos de comunicaciones móviles más demandados, potenciado por las sinergias mundiales en los patrones culturales de ocio, educación y consumo, mientras se debilitaban las corporaciones tradicionales con cuasi-monopolio en los cauces de acceso a la cultura, la información y el conocimiento, muy dependientes del soporte físico y de canales de comunicación unidireccional (Moreno-Muñoz 2009)⁠.

 

China e India constituyen ejemplos interesantes de esta tendencia. La primera parte de una posición privilegiada –en comparación con otros países industrializados– para liderar el desarrollo de servicios esenciales como el Internet de las cosas (IoT), gracias a una base enorme de usuarios que las empresas de tecnología chinas han conseguido capitalizar para desarrollar aplicaciones y servicios basados en la IoT. La segunda destaca como el país donde más ha crecido el acceso a Internet a través de teléfonos móviles: duplica la tasa de países como Reino Unido (34,8%) y EE. UU. (37,2%), y es el país del G20 con mayor número de usuarios de móviles conectados a Internet. Los patrones de consumo en este país permiten anticipar cambios decisivos en la escena tecnológica mundial (p.ej., en el uso de aplicaciones y servicios ligados al sistema Android), tomando como referencia los datos combinados de uso total de Internet entre ordenadores de escritorio, portátiles, tabletas y dispositivos móviles (5).

 

En el caso de China, numerosos actores privados o estatales aprovechan su ventaja para vigilar y monitorizar las actividades de ciudadanos o usuarios de determinados servicios –como los relacionados con el deporte, las compras en línea y la salud–, capaces de generar series de datos que los mismos actores pueden conectar con capas diversas de información para perseguir objetivos comerciales, de control social y de vigilancia sin  cobertura legal  (Kshetri 2014 2017: 55, 61, 63, 64; Mendelson y Mendelson 2017: 42-43, 45, 51).

 

Se acumulan los casos conocidos en los que instancias estatales de diversos niveles administrativos y entidades internacionales públicas y privadas utilizan, revenden, redistribuyen y reprocesan datos personales para fines muy diversos (comercializar productos, detectar fraudes, investigación, planificación y vigilancia; ajuste de las primas de seguros a riesgos individuales; o para simular el impacto de ciertas decisiones políticas, entre muchos más) (6). Pero apenas se registran avances en las iniciativas para articular acuerdos y leyes de privacidad transfronterizas, con la única excepción destacable del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo (7).

 

La protección de los datos personales relativos a la salud se articula sobre cierta base de iniciativas y acuerdos internacionales de escasa envergadura, con el objetivo de promover y apoyar la cooperación en la aplicación transfronteriza de las leyes de protección de la vida privada. Así lo recoge la Global Privacy Enforcement Network (GPEN), respaldada por la OCDE y la Unión Europea, entre otras instancias de relevancia internacional (8). Pero su alcance ha quedado muy limitado ante la secuencia de cambios tecnológicos inducidos por el desarrollo de las herramientas de Big Data, que permiten recopilar y agregar datos (incluidos los datos personales de salud) obtenidos de diversas fuentes y formatos, para ser almacenados, enlazados, examinados y distribuidos en sistemas diseñados para su manipulación a velocidades y volúmenes enormes, gracias al desarrollo de algoritmos avanzados, herramientas de inteligencia artificial y una infraestructura de centros de datos y capacidad de computación que crece de modo exponencial (Mendelson y Mendelson 2017: 43)⁠.

 

 

3. La amenaza de los monopolios tecnológicos y el riesgo global de los estados hipervigilantes

 

Ningún país que cuente con los medios apropiados parece resistirse a la tentación de monitorizar, controlar y censurar aspectos relevantes de la dinámica social y política dentro y fuera de su territorio, como desveló Edward Snowden al hacer públicas las herramientas y estrategias de los países más directamente involucrados en programas de vigilancia masiva (Moreno-Muñoz 2014) ⁠.

 

Pero pocos países disponen de la capacidad tecnológica y del talento profesional necesario para desarrollar y explotar las herramientas de Big Data con el nivel de calidad y precisión necesario para dominar sectores estratégicos del mercado tecnológico, industrial y financiero global. Esa capacidad está hoy en manos de unos pocos actores globales, los denominados gigantes de Internet: grandes compañías estadounidenses (Google/Alphabet, Facebook, Microsoft, Amazon y Apple, sobre todo) y algunas chinas (Alibaba-Tmall, Baidu, Sina y Tencent). Tienen en común su capacidad para acumular enormes cantidades de datos extraídos del comportamiento diario de millones de usuarios, procesarlos mediante algoritmos por lo general opacos y ejercer el control de infraestructuras críticas para la prestación de servicios globales, lo que les ha permitido establecer condiciones a la medida de sus necesidades, además de disparar su rentabilidad (9).

 

En conjunto, ejemplifican una dinámica de capitalismo digital mucho más ambiciosa que la mera monetización de nuestros datos de salud y de nuestros patrones de consumo, ocio o transporte (Borowiak 2011; Crary 2013: 15, 89, 99-100) ⁠.  Persiguen el control total de plataformas y servicios convertidos en infraestructuras de alcance mundial, cuya base financiera es tan esencial como su dimensión política (Morozov 2017) ⁠.

 

Abordar el problema de su impacto social disruptivo exclusivamente bajo la perspectiva legal orientada a la protección de los consumidores y de la información sensible que generan apenas supone rozar la superficie del fenómeno. El comportamiento de Facebook ilustra a la perfección un modelo de negocio sustentado en la cesión de datos de millones de sus usuarios a terceros, abusando de las zonas grises del marco regulador o directamente al margen de este. Las dudas al respecto se disiparon tras las declaraciones de sus máximos responsables de estrategia corporativa en diversas comisiones del Congreso estadounidense y del Parlamento europeo, una vez conocido el escándalo de Cambridge Analytica (10).

 

Las soluciones inicialmente propuestas –más regulación, mayor protección de los datos– resultan por completo insuficientes si entendemos la dimensión del proceso en curso: una privatización del espacio originariamente público, a plena luz del día y delante de nuestras narices, por parte de actores privados con demasiado poder (Romero 2018; Economist 2018;⁠ (Morozov 2012: cap. 8: "Dangerous Intermediaries").

 

Si en las interacciones comerciales Alibaba aspira a ser el mediador global de cada transacción, y no duda en utilizar las herramientas de seguimiento que mejor le permitan predecir el comportamiento de los consumidores (eye tracking) y orientarlos hacia los productos más rentables, en el dominio de las interacciones virtuales los operadores dominantes imponen sus servicios e infraestructuras como mediación preferente de la dinámica social, tan instrumentalizable como cualquier otro mercado por actores con intereses políticos definidos y capacidad técnica o económica suficiente –Facebook gastó 11,5 millones de dólares en cabildeo durante 2017– para sacar provecho de los enjambres ideológicos y del individualismo narcisista en la democracia digital (Vallespín y Bascuñán 2017: cap. 3)⁠.

 

 

4. Cambridge Analytica y la intoxicación del debate público como estrategia electoral

 

Christopher Wylie –el denunciante que trabajó para Cambridge Analytica– ayudó a comprender las consecuencias de articular una campaña electoral sobre perfiles psicológicos, discriminando apenas entre impulsivos y vanidosos para identificar los grupos diana sobre los que focalizar las estrategias de manipulación emocional y amplificar mensajes ajustados a los intereses de grupos de electores potencialmente afines. Lo que parecía tan solo una estrategia de mercadotecnia –influir en 50-80 millones de usuarios de Facebook para contribuir a que el adversario de Hillary Rodham Clinton resultara elegido– resultó ser, con la virtualización tecnológicamente mediada del espacio público, una herramienta eficaz para erosionar un logro del pensamiento ilustrado ligado a la esencia de la democracia: el fortalecimiento de la calidad del debate político, limitando las pasiones del pueblo en el espacio público mediante el ejercicio de la razón (Bascuñán 2018)⁠.

 

La explotación masiva del sesgo de confirmación con fines electorales, a través de una plataforma como Facebook, no tenía precedentes mediáticos ni tecnológicos equiparables al uso que le dio Cambridge Analytica, aprovechando su acceso indebido a los datos personales de más de 50 millones de usuarios, recopilados entre 2014 y 2016. Una de las herramientas utilizadas fue un inofensivo test de personalidad diseñado por Aleksandr Kogan –profesor de Psicología de la Universidad de Cambridge–, para la empresa Global Science Research. Pero el limitado número de descargas de esta aplicación –unas 270.000– induce a pensar que la cesión de datos a terceros por parte de Facebook no se produjo por brechas de seguridad aisladas, sino como parte de una serie de malas prácticas presumiblemente ligadas al núcleo de negocio de la compañía desde sus orígenes (11).

 

Con las herramientas de análisis adecuadas, la información de perfiles detallados de millones de votantes potenciales pudo procesarse en combinación con el potente sistema publicitario de Facebook, diseñado para hacer posible el envío de mensajes hipersegmentados. El funcionamiento automático de la plataforma, a través de sus bots y herramientas sociales, hizo el resto, convirtiéndola en un canal publicitario desregulado e incontrolable (Nam 2017)⁠. Un riesgo –la infiltración de terceros con objetivos de manipulación social a gran escala, en ausencia de mecanismos de ciberseguridad y protocolos preventivos adecuados– sobre el que ya habían advertido algunos expertos a partir de simulaciones con algoritmos y la detección de puntos débiles en los sistemas establecidos por Facebook para asegurar la correlación entre identidad física y virtual de los usuarios (Boshmaf y otros 2013; Moreno-Muñoz 2017: 5-8)⁠.

 

En 2014, Steve Bannon –el estratega de campaña del entonces candidato Donald Trump– acordó con Robert Mercer, propietario de Strategic Communication Laboratories y germen de la empresa de análisis de datos Cambridge Analytica, un plan para utilizar los datos recabados en redes sociales con el objetivo de influir en el proceso electoral estadounidense de 2016. Entre 2014 y 2017, estrategias similares fueron empleadas en varios países más (incluyendo las elecciones francesas de 2017 y la campaña previa al referéndum sobre el Brexit en el Reino Unido, en 2016) para pronosticar resultados e influir sobre grupos de votantes que respondían a ciertos perfiles de personalidad, gustos y afinidad ideológica (12). Los escasos márgenes que decantaron el resultado en cada caso (H. Clinton: 61.318.162 votos, el 47.8%, frente a  60.541.308 votos de D. Trump, el 47.3%; 51,9% de los votantes a favor del Brexit, frente al 48,1% de los partidarios de la permanencia) dan una idea del impacto que puede tener una ligera ventaja inducida por las estrategias de segmentación y publicidad electoral contratadas a empresas con la capacidad técnica de Cambridge Analytica, al margen de que para ello se utilizaran fondos no declarados o se superaran los máximos establecidos por el organismo de control electoral (13).

 

 

5. Cultura democrática y alfabetización digital

 

La condición de ciudadano exige tratar a los sujetos políticos como fines en sí, no como meros consumidores de programas y consignas. Su papel en la confrontación electoral es inseparable de las condiciones que permiten a todos por igual ejercer el principio de autonomía (Aramayo, Muguerza y Roldán 1996: 67-68, 83, 213)⁠. Tales condiciones son incompatibles con la distorsión en los cauces de acceso a la información y la intoxicación del espacio público –físico o virtual– con elementos que, por su propio funcionamiento y sin conocimiento de los usuarios, imponen la tiranía de las emociones al ejercicio de la razón, mezclan sin control identidades ficticias y reales,  e instrumentalizan a los ciudadanos como meros consumidores de propaganda política o elementos de agitación social, según convenga (Vallespín y Bascuñán 2017: cap. 5)⁠.

 

Las democracias contemporáneas incluyen entre sus fortalezas un componente mediático imprescindible para garantizar la libertad de opinión. Según el marco regulador y la solvencia técnica de las instancias responsables de garantizar el juego limpio, la calidad del debate público exhibido en la arena mediática tradicional puede enriquecerse con su extensión al ciberespacio (redes sociales, blogosfera, foros y grupos de discusión, etc.). Un marco regulador insuficiente, obsoleto e inadecuado termina beneficiando a los actores que sacan provecho cuando consiguen intoxicar el debate público, confundiendo a los votantes para retrasar decisiones cruciales en salud pública, vivienda, distribución de cargas fiscales o modelo energético, p. ej. Se trata de una estrategia ampliamente documentada a propósito de las iniciativas reguladoras sobre el consumo de tabaco, alcohol o azúcares; sobre la transición a fuentes de energía renovables o para la reducción de gases de efecto invernadero (Oreskes y Conway 2010)⁠.

 

Si la presencia de los grupos políticos mayoritarios en los medios de titularidad pública está sujeta a ciertas reglas de proporcionalidad durante las campañas electorales, además de la fiscalización de los recursos destinados a gastos electorales, parece lógico que la supervisión de las instancias reguladoras en procesos sociopolíticos cruciales deba extenderse a cualquier ámbito del espacio público virtual sujeto a riesgos equivalentes de manipulación e intoxicación colectiva. Ese riesgo es extraordinariamente alto cuando las plataformas que canalizan las interacciones de millones de votantes son de titularidad privada, carecen de presunción de neutralidad, tienen ánimo de lucro y amplían su margen de beneficio mediante publicidad segmentada o vendiendo a terceros la información sobre patrones de comportamiento de sus usuarios (Morozov 2018)⁠. Es el caso de Facebook, cuya posición de cuasi monopolio intentó reforzar con la compra de la aplicación de mensajería WhatsApp. Pero algo parecido cabría decir de Google/Alphabet, destinatario reciente de sanciones cuantiosas por prácticas contrarias a la competencia y bajo la sospecha de haber facilitado acceso a datos personales de clientes de su aplicación de correo electrónico, aunque se tratase de una actuación restringida o exclusivamente ligada al proceso de prueba y afinamiento de nuevos servicio para terceros, según declaraciones de personas ligadas a la compañía (14).

 

La solvencia técnica de las instancias reguladoras exige, además, integridad, independencia efectiva y capacidad sancionadora suficiente para disuadir a quienes obtendrían ventaja con malas prácticas (Stigler 1971;⁠ Carrigan y Coglianese 2016)⁠. Vistas las dificultades que encuentran las agencias reguladoras estatales para supervisar la actuación de la banca, de las grandes constructoras, de los consorcios para la prestación de servicios sanitarios o de las compañías que intervienen en la distribución de agua potable en los ámbitos autonómico o municipal –sea por falta de recursos para investigar la corrupción y prevenir el conflicto de intereses o por carencia de mecanismos sancionadores disuasorios–, es improbable que los estados por sí  solos, sin instrumentos de gobernanza transfronteriza, consigan evitar abusos como el protagonizado por Cambridge Analytica (Hall et al. 2012)⁠.

 

Este tipo de casos evidencian la relación existente entre cultura democrática y alfabetización digital, en el nuevo escenario tecnológico. Pero no es sólo un problema de elecciones individuales. Sin iniciativas creíbles  para prevenir nuevas amenazas a la privacidad y a la autonomía personal derivadas de servicios, dispositivos y aplicaciones que pueden comprometer seriamente la libertad de millones de personas, no cabe esperar que el debate político, en la esfera pública tecnológicamente ampliada, contribuya a universalizar los fines de las conductas sociales –es decir, casi todo lo que dota de contenido al progreso material y cultural–, manteniendo a raya a los troles de la democracia (15).

 

 

6. Conclusión

 

Urge arbitrar y financiar nuevos mecanismos de gobernanza internacional que permitan monitorizar y sancionar las malas prácticas de quienes controlan los resortes tecnológicos del nuevo espacio público virtual, cuya infraestructura opera bajo culturas de privacidad y regímenes jurídicos heterogéneos.

 

Las sanciones por abuso de posición dominante o malas prácticas comerciales, aparte de escasas y lentas por la complejidad de los procedimientos administrativos involucrados, en pocos casos alcanzan porcentajes de los beneficios anuales con impacto significativo para desincentivar las malas prácticas (16). Sin embargo, la distorsión introducida por tales abusos de posición dominante y las inercias en el uso de servicios y herramientas con millones de usuarios fidelizados pueden inducir efectos negativos duraderos en el mercado, en la convivencia social y en los organismos multilaterales responsables de los escasos instrumentos de gobernanza internacional existentes.

 

El fracaso en los programas de alfabetización digital reduce las posibilidades de articular un marco jurídico supraestatal capaz de garantizar expectativas razonables de privacidad a los millones de usuarios que utilizan las infraestructuras y servicios de los gigantes tecnológicos. Mientras evoluciona y se consolida una cultura más sofisticada de privacidad, corresponde a las instancias reguladoras de ámbito estatal o supranacional más comprometidas con los valores democráticos adoptar las medidas necesarias para que las reglas de juego limpio en el debate público se apliquen también en los nuevos escenarios, plataformas e infraestructuras sobre los que dicho debate se proyecta de manera decisiva.

 

 

 


 

 

 Notas

 

1. Sobre el alcance de algunos programas en curso o en fase de pruebas, pueden verse estos enlaces:

Vigilancia masiva:

https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/vigilancia-masiva/

 

Los Usuarios de Internet del Mundo Exigen el Fin de la Vigilancia Masiva:

https://www.eff.org/es/deeplinks/2014/02/los-usuarios-de-internet-del-mundo-exigen-el-fin-de-la-vigilancia-masiva-en-el-dia

 

China's Surveillance State Should Scare Everyone:

https://www.theatlantic.com/international/archive/2018/02/china-surveillance/552203/

 

China is building a vast civilian surveillance network:

https://www.businessinsider.es/how-china-is-watching-its-citizens-in-a-modern-surveillance-state-2018-4?r=US&IR=T

 

Inside China's Dystopian Dreams: A.I., Shame and Lots of Cameras:

https://www.nytimes.com/2018/07/08/business/china-surveillance-technology.html

 

In Your Face: China's all-seeing state:

https://www.bbc.com/news/av/world-asia-china-42248056/in-your-face-china-s-all-seeing-state

 

China testing facial-recognition surveillance system in Xinjiang (report): System alerts authorities when suspects on watchlist stray from their home or workplace:

https://www.theguardian.com/world/2018/jan/18/china-testing-facial-recognition-surveillance-system-in-xinjiang-report

 

2. Véase:

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3. Los gráficos de los enlaces siguientes representan tendencias mundiales en los indicadores aludidos:

https://ourworldindata.org/life-expectancy

 

https://ourworldindata.org/economic-growth

 

https://ourworldindata.org/wp-content/uploads/2013/05/Scatter-1960-vs-2014-GDP.png

 

https://ourworldindata.org/food-per-person

 

https://ourworldindata.org/primary-and-secondary-education

 

https://ourworldindata.org/literacy

 

4. Sobre las tendencias mundiales en el acceso a Internet y servicios digitales desde dispositivos móviles frente a equipos de escritorio, véanse las referencias incluidas Moreno-Muñoz 2017: 1-3 (y notas 1-6).

 

5. Véase:

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6. Véase Mendelson y Mendelson 2017: 42-43⁠ y Weber y Studer, 2016: 718. Más detalladas sobre el tráfico de datos y metadatos en:

https://elpais.com/elpais/2018/04/09/opinion/1523280619_313564.html

 

Profusión de detalles sobre las acciones de la NSA y de otras agencias de inteligencia, en:

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Detalles específicos sobre el caso Cambridge Analytica:

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Facebook-Cambridge Analytica data scandal:

https://www.bbc.com/news/topics/c81zyn0888lt/facebook-cambridge-analytica-data-scandal

 

Facebook faces UK fine over Cambridge Analytica scandal - The social networking giant faces a $664,000 fine for failing to protect key user data:

https://www.cnet.com/news/facebook-may-face-uk-fine-over-cambridge-analytica-scandal/

 

Here's everything you need to know about the Cambridge Analytica scandal:

https://www.cnbc.com/2018/03/21/facebook-cambridge-analytica-scandal-everything-you-need-to-know.html

 

The Cambridge Analytica scandal echoes the financial crisis: In both cases innovative geeks leapfrogged regulators and their creations were abused.

https://www.ft.com/content/b21ffb20-85b1-11e8-96dd-fa565ec55929

 

11. Más detalles sobre el modo de proceder de Cambridge Analytica en estos enlaces:

https://www.economist.com/leaders/2018/04/14/what-to-make-of-mark-zuckerbergs-testimony

 

http://www.elmundo.es/papel/2018/03/20/5aafa72f22601dd23b8b4656.html

 

http://www.rtve.es/noticias/20180320/asi-influyeron-cambridge-analytica-facebook-victoria-trump/1700142.shtml

 

https://www.elperiodico.com/es/internacional/20180320/ejecutivos-cambridge-analyticafilmados-alardeando-prostitutas-sobornos-influencia-elecciones-channel-4-6702488

 

https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/son-metodos-cambridge-analytica-influenciar-elecciones-noticia-506603

 

12. Más detalles de la investigación desarrollada por reporteros de Channel 4, aquí:

https://www.channel4.com/news/revealed-cambridge-analytica-data-on-thousands-of-facebook-users-still-not-deleted

 

13. Véanse los detalles y sanciones impuestas (el último enlace anticipa otra de mayor cuantía) en:

https://www.bbc.co.uk/news/uk-politics-44856992

 

https://edition.cnn.com/2018/07/17/uk/uk-election-commission-brexit-intl/

 

http://www.reuters.tv/v/hW$/2018/07/17/pro-brexit-campaign-fined-referred-to-police

 

https://www.theguardian.com/politics/2017/apr/21/leave-eu-under-investigation-over-eu-referendum-spending

 

http://www.brusselstimes.com/eu-affairs/11286/pro-brexit-movement-fined-for-campaign-funding-irregularities

 

https://www.elperiodico.com/es/economia/20180717/bruselas-ultima-una-nueva-multa-record-contra-google-6948514

 

14. Véase:

https://www.eldiario.es/tecnologia/privacidad/Google-cientos-empresas-Gmail-personales_0_788821262.html

 

En ciertos aspectos, la actuación de Facebook no difiere mucho del papel desempeñado por algunas corporaciones tradicionales, propietarias de grandes medios y cabeceras y muy activas ejerciendo como grupo de presión sobre determinadas fuerzas políticas. Ver:

https://www.independent.co.uk/news/uk/politics/rupert-murdoch-made-no-attempt-to-officially-lobby-ministers-to-curtail-the-activities-of-the-bbc-a7047841.html

 

15. Cfr. Villacañas Berlanga 1987: 307⁠; y

https://elpais.com/elpais/2018/04/09/opinion/1523280619_313564.html

 

16. En la última década destaca la multa de 2.400 millones de euros a Google por abuso de posición dominante en el funcionamiento de su comparador de compras (2017); la multa de 110 millones de euros a Facebook por dar información “incorrecta o engañosa” durante la investigación abierta en 2014 para esclarecer los detalles de la adquisición de WhatsApp (2017); la sanción de 13.000 millones de euros más intereses a la tecnológica estadounidense Apple, por haberse beneficiado entre 2003 y 2014 de rebajas fiscales que distorsionaban la competencia (2016), aunque el gobierno de Irlanda no parecía muy interesado en hacerla efectiva; multa de 1.712,5 millones de euros a seis grandes bancos por manipular los tipos de interés interbancarios Libor y Euribor en el mercado de los derivados financieros (2013), una cuantía modesta si consideramos la magnitud de los daños ocasionados; sanción de 899 millones de euros a la compañía informática estadounidense Microsoft por cobrar precios excesivos a sus competidores a cambio de cederles información esencial sobre sus programas para fabricar productos compatibles (2008). Más detalles sobre cada caso pueden conocerse en los siguientes enlaces:

https://confilegal.com/20170626-multa-de-2-400-millones-para-google-por-abuso-de-posicion-dominante-2/

 

https://www.cronista.com/finanzasmercados/Las-5-mayores-multas-de-la-historia-en-Europa-por-abuso-de-posicion-dominante-20170627-0074.html

 

http://ec.europa.eu/competition/cartels/overview/factsheet_fines_es.pdf

 

https://www.silicon.es/a-fondo-multas-comision-europea-qualcomm-2370666

 

https://elpais.com/economia/2017/09/06/actualidad/1504681464_988686.html

 

https://www.elboletin.com/noticia/158580/economia/que-empresas-se-han-llevado-las-mayores-multas-de-bruselas.html

 

https://www.abc.es/economia/abci-grandes-sanciones-impuestas-empresas-parte-comision-europea-201706271415_noticia.html

 

 


 

 

Moreno Muñoz, Miguel
"Virtualización del espacio público y concepto débil de privacidad. Lecciones del caso Facebook-Cambridge Analytica", Ensayos de Filosofía, nº 8, 2018, semestre 2, artículo 3
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