Ensayos de Filosofía
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 Número 3, 2016, semestre 1, artículo 4
 
Publicado 22 febrero 2016


Resumen

El texto es un artículo basado en la última obra sobre economía y filosofía de Enrique Dussel, en la que se exponen puntos clave acerca de la relación entre el aspecto económico y el pensamiento de la filosofía de la liberación del autor.


Temas

capitalismo

economía alternativa

economía política

Enrique Dussel

filosofía de la liberación

Karl Marx



Notas

1. En especial los volúmenes I y II de la Política de la liberación, 20 tesis de política, y para interpretar la que nos ocupa, la trilogía sobre Karl Marx.

 

2. Nos remitiremos siempre que sea posible a la numeración sugerida por Enrique Dussel sobre los parágrafos o tesis de sus obras.

 

3. Una línea, por cierto, al parecer no tan profundizada desde una parte de la academia filosófica, pues la corriente a destacar por esta sería la que va de Hegel a Heidegger, pasando Nietzsche. Dussel critica precisamente esta vertiente.

 

4. Es curioso que un autor que puso tanto énfasis en el fetichismo como error, cayera su obra en tal fetichización. Dussel explica este fenómeno (Tesis 7.14) como la afirmación de una de las partes de la relación en vez del todo. Los comentadores de Marx, contrarios a mostrarlo panorámica y útilmente, científicamente, lo fetichizan en clichés repetitivos como “superestructura – estructura”, “la economía como última instancia”, etc. En vez de llevarlo a la realidad panorámica y útilmente. La obra de Marx, el gran crítico de la fetichización, no puede ser fetichizada. 

 

5. “El objetivo de todo comercio es aumentar las producciones” dice David Ricardo (Ricardo 1985: 284).

 

6. No es, por tanto, una cuestión de falta de recursos el fallo del capitalismo. También lo es, pero el problema reside en su esencia y no en el efecto de esta.

 

7. De hecho parece que la aparición de la escasez por el egoísmo complementa la creación de preferencias para que no haya sobreproducción. En este punto, la cabeza del capitalismo (egoísmo) y la cola (límite por la sobreproducción), se complementan. El capitalismo como tal es parecido a una serpiente. Su límite, su cola, es la sobre-producción (como diría Schumpeter) y su cabeza, es la escasez generada por el egoísmo (basado en la propiedad privada) y la insatisfacción infinita. La cabeza, al morder la cola, cierra el círculo creando un fetiche. Es decir, la cabeza (egoísmo) al morder el límite (sobreproducción) crea la necesidad suficiente como para que no exista la cola, como para que no exista el límite.

 

8. La llamada austeridad actualmente en Europa, que curiosamente, en otra contradicción del sistema, cumple con un ahorro de recursos naturales.

 



Bibliografía

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1979 Consideraciones sobre el marxismo occidental. México, Siglo XXI.

 

Cueva, A.

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1991 La producción teórica de Marx, Un comentario a los Grundrisse. México, Siglo XXI.

1998 Ética de la liberación, en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid, Trotta.

2006 20 tesis de política. México, Siglo XXI.

2007 / 2009 Política de la liberación latinoamericana, vol. I y II. Madrid, Trotta.

2014 16 tesis de economía política. México, Siglo XXI.

 

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2002 Les damnés de la terre. Préface de Jean-Paul Sartre (1961); préface d'Alice Cherki et postface de Mohammed Harbi. París, Éditions La Découverte.

 

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2002 Marx y Engels, el marxismo genuino. Madrid, Ediciones Pedagógicas.

 

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2009 El capital, volúmenes I, II y III. México, Siglo XXI.

 

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2001 El manifiesto comunista. Madrid, Alianza.

 

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1985 Principios de economía política. Madrid, Sarpe.

 

Smith, A.

1933 An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Lechworth, Temple Press.

 

Una economía alternativa desde la perspectiva de la filosofía de la liberación de Enrique Dussel

1. Introducción

 

Este trabajo procede como un análisis y comentario de algunos aspectos e ideas del libro 16 tesis de economía política, el cual se estudió durante dos semestres siendo la guía de discusión tanto del seminario sobre Ética y Economía en América Latina del posgrado de la UNAM (semestre 2013-2) como de la cátedra de Pensamiento Crítico impartida en la UACM (semestre 2014-1). Dentro del horizonte del pensamiento de Enrique Dussel la obra continúa una construcción arquitectónica que imbrica varias disciplinas como la historia, la política y sobre todo la ética, siendo esta última la que cumple el rol cimentador de todas las demás. Las tesis comentadas aquí prosiguen el esfuerzo por conformar una reflexión holística acerca de lo humano, y de su relación (praxis) con el otro y la otra. Por ello no podemos dejar de comprender el tema que comentamos en el marco de otros textos de Enrique Dussel (1).

 

Pero, más especialmente en este comienzo, debemos atender a la Ética de la liberación. En la edad de la exclusión y de la globalización, pues es en ella donde se enuncia la referencia a la que aluden todas las obras, a saber, una ética que tiene a la vida como centro, alfa y omega del enfoque de la producción interdisciplinaria a la que aludimos. Así, para empezar, debemos afirmar este centro teórico y práctico, en cuanto a la disciplina ética y luego su relación al campo económico:

 

“Esta es una ética de la vida, es decir, la vida humana es el contenido de la ética. Por ello deseamos aquí, desde el inicio, advertir al lector sobre el sentido de una ética de contenido o material. El proyecto de una Ética de la Liberación se juega de manera propia desde el ejercicio de la crítica ética, donde se afirma la dignidad negada de la vida de la víctima, del oprimido o excluido (…) en base al siguiente principio: 'la obligación de producir, reproducir y desarrollar la vida humana concreta de cada sujeto ético en comunidad'” (Dussel 1998: 57) (2).

 

Queremos dejar claro con esto que la vida humana y su reproducción es el objetivo de la teoría y de la praxis de estas líneas. Sobre todo, cuando esa vida está siendo negada a cada instante en nuestro planeta. Es decir, si el sistema que se encuentra dentro del campo económico (Dussel 2006: 1.22) mata la vida, he aquí que el papel dado al filósofo por la Filosofía de la Liberación, supone que este tiene el deber de denunciarlo críticamente. Sobre todo, cuando las causas de una realidad tan palmaria como el hambre, la miseria en el mundo, la desigualdad, no estén claras, nuestra tarea será la de desvelar lo que produce tal pobreza y opresión para combatirlas:

 

“[Esto] significa que hay que superar la mera posición teórica –cómplice de la filosofía con el sistema que produce víctimas–, y comprometerse prácticamente con dichas víctimas, a fin de poner el caudal analítico de la filosofía ético-crítica (que es la plena 'realización de la filosofía') en favor del análisis de las causas de la negatividad de las víctimas y de las luchas transformadoras (liberadoras) de los oprimidos o excluidos” (Dussel 1998: 217).

 

Para llegar hasta esa declaración de intenciones se ha rastreado, en la obra de Enrique Dussel, la teoría humana que ya afirmó el principio de la vida y de la justicia desde las civilizaciones y culturas más antiguas como la mesopotámica (Hammurabi), Egipto o las correspondientes a la lengua semita. También ya desde un sistema conceptual más cercano y siempre desde la perspectiva crítica, aquella que traza una línea desde Schelling hasta Karl Marx, pasando por Kierkegaard, Feuerbach y Engels, la misma que llega a Walter Benjamin y Emmanuel Lévinas 3).

 

Marx, al ser el autor que más certeramente analizó el sistema económico capitalista desde una perspectiva crítica, será la base de las tesis de economía política que llegarán más allá de Marx en implicaciones y lecturas de la realidad contemporánea. En este contexto y atmósfera teórica se presenta entre otras la obra 16 tesis de economía política que criticará a la economía capitalista por tener como finalidad la tasa de ganancia y no la vida. Con ello permite comprender la realidad del campo económico con una concreta teoría categorial (lógica) que alude a la producción, la distribución, el intercambio y el consumo, en diversas fases históricas. Pero, además, apunta hacia el futuro teniendo como base principios éticos que cambien el sistema gradualmente con la crítica de categorías del sistema capitalista (economía política burguesa).

 

 

2. Planteamiento del tema: hacia una economía por la vida y no capitalista

 

El objetivo ahora es el de exponer un esbozo breve de las tesis, enfocándonos en sus objetivos, para luego centrarnos aquello en lo que queremos poner énfasis: el análisis de la categoría trabajo. El desenvolvimiento de las tesis tiene como guía, hemos dicho, la aplicación de categorías marxistas a la historia. “Es sabido que K. Marx escribió su obra El capital para exponer un marco categorial económico que permitiera emprender investigaciones o tomar decisiones prácticas económicas” (Dussel 2013: 1.01). 

 

Es decir, la obra económico-filosófica de Dussel extiende y recrea tales categorías, cumpliendo con la intención de Marx de que su soporte teórico no fuera fetichizado, sino renovado en condiciones críticas para continuar con una “des-trucción” de la economía política capitalista. Esta intención ya se sitúa en una posición distinta a todas las interpretaciones de lo que P. Anderson (1979) llamó “marxismo occidental”. El cual tendió hacia posiciones culturales y no tanto hacia una interpretación económica sobre lo que el propio Marx escribió –circunstancias políticas ajenas al mismo Marx hicieron que su teoría se transformara más en una interpretación cultural−. En el caso de las tesis que comentamos, empero, estamos ante una hermenéutica y recreación de Marx que prolonga su obra científicamente (stricto sensu, económicamente) y no la fetichiza (4).

 

La premisa inicial de este sentido económico es que no hay coincidencia entre la “ética del mercado” (contradictio in terminis) y la “ética humana”. La una sería adecuarse al fenómeno del mercado (crematística), la otra a la esencia de la misma ética (vida). El gozne que diferencia las dos sería fundamentalmente lo siguiente:

 

“es el fundamento [el plusvalor] (Grund en sentido hegeliano) oculto a todas las miradas. La función de la ciencia, para Marx, es manifestar dicho fundamento invisible, oculto, misterioso (Tesis 5.51). ¡Este es el descubrimiento marxista válido para siempre, aún en el siglo XXI, por supuesto!” (Dussel 2013: 6.12 [nota 3]).

 

Con esto ya hay una orientación distinta a lo que se conoce por economía dentro del sistema capitalista. Y ello es lo que acerca a la obra de 16 tesis de economía política a la ética. Ya no estamos ante una economía capitalista que busca la mayor tasa de ganancia, sino ante una economía que está sujeta a la reproducción de la vida. Vemos entonces como coincide este punto con el expuesto anteriormente como el objeto material de la ética. Así, “la economía sería la ciencia que en primer lugar se ocupa de la producción de bienes que niegan la negación que el sujeto viviente humano sufre por el consumo de energía en el acto mismo de vivir” (Dussel 2013: 13.31).

 

Esta forma de pensar la economía, a la luz de una lectura de los clásicos burgueses como Smith y Ricardo, es distinta a como ellos la conciben. Según el sustento teórico del capitalismo, la economía sería la ciencia para el enriquecimiento del individuo (y, por tanto, del empobrecimiento del otro, añadimos nosotros). Según la teoría económica burguesa, la actividad productiva tendrá como objetivo el “cómo hacerse rico”, “cómo invertir”, “aumentar la ganancia” (5), etc.

 

Por el contrario, la economía sería aquí una ciencia referida al sujeto humano como cuerpo y no a la crematística. Sería una eco (= casa), nomos (= norma, uso); enfocada a la necesidad humana y no a la creación de las mismas por el acaparamiento egoísta de lo perteneciente a lo comunitario. Situando al sujeto en su comunidad y como sensible en un sentido feuerbachiano (recordemos esa línea trazada desde Schelling de la que se hablaba al principio), la necesidad es hacia lo que se dirige lo económico:

 

“Llamamos necesidad a la captación emotivo-cognitiva que siente la subjetividad viviente (en el ámbito del sistema límbico cerebral principalmente) de la falta de (es una negatividad física primera) un satisfactor posible que pueda reponer la energía consumidas y otros insumos que no pueden dejar de estar presentes en el proceso vital. Vivir es consumir, y el consumo exige reposición” (Dussel 2013: 1.31).

 

Así, no se debe perder ni un instante de vista el que la economía deba estar orientada hacia aquellos y aquellas que no pueden satisfacer sus necesidades primarias básicas, es decir, para los millones de pobres en México, y todas las bolsas de pobreza extrema y exclusión que se dan sobre todo África, Asia y América Latina.

 

 

3. Sobre el mecanismo de la ocultación del plusvalor en el capitalismo

 

Siempre desde una perspectiva histórica y liberadora, la intención del análisis en 16 tesis de economía política corresponde con la elucidación de referentes o mecanismos económicos epocales diacrónicos y sincrónicos. O, dicho de otro modo, aquellos conceptos que se repiten en el tiempo de diferentes sistemas económicos.

 

Desde aquí, son puestos a la luz los componentes económicos como el dinero, el mercado o el mismo capital: ellos serían antediluvianos. Sin embargo, en la propia espiral económica hay un quiebre definitorio de la misma en donde un concepto cobra una importancia mayor que los otros. Nos referimos al punto de inflexión (tesis 1 y 2) en el que el ser humano pasa de encontrar el satisfactor crecido de la naturaleza a tener que producirlo del trabajo. Este punto de ruptura, es el conocido en la tradición semita como el efecto del pecado original y del sino mostrado por Yahvé al proclamar que “ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás con dolor” (Génesis 3: 17-19). El trabajo, entonces, entra ya al campo productivo y de este al económico, trascendiendo desde el momento en que se debe transformar la naturaleza a todos los sistemas económicos posteriores, históricamente. El trabajo desde este nuevo comienzo está presente en todas las relaciones sociales humanas que se erigen a partir de él mismo:

 

“Al sujeto de trabajo indeterminado, no todavía objetivado en ningún producto (y todavía no subsumido en ningún sistema productivo concreto), lo llama Marx el “trabajo vivo” (lebendige Arbeit). Es el punto de partida de todo el campo productivo y económico. Si la voluntad es la categoría todavía indiferenciada (en cuanto “libre” de toda determinación explica Hegel en el comienzo de su Rechtphilosophie) origen de la ontología del campo político, ese arranque radical y ontológico del campo productivo (y posteriormente económico) es el trabajo vivo. (…) en la economía todas sus determinaciones se originan en el trabajo vivo en-sí, no todavía habiendo trabajado, pero que al ponerse en el producto deviene trabajo objetivado” (Dussel 2013: 2.12).

 

Ya todos los sistemas económicos, con esta referencia, estarán marcados por la realidad del trabajo. Y ella misma, va a servirnos como la brújula para la justicia, en aquello de que: “El trabajo vivo indiferenciado y como exterioridad (o alteridad originaria de la totalidad) es el a priori crítico que vale para todos los sistemas, en el que se incluyen los tributarios, esclavistas, feudal y otros anteriores (y posteriores) al capitalismo” (Dussel 2013: 4.31). Es entonces el manejo de la productualidad humana y del sobrante o excedente de la misma, lo que nos va a hacer conscientes de si una sociedad es o no “equivalencial”. Es decir, si la administración de lo producido es justa o no.

 

El alongamiento histórico de esta categoría, nos da una visión más enfocada sobre los sistemas en diferentes épocas. Por un lado, surge del hontanar histórico una dinámica de complejidad en la organización social humana. Las sociedades se hacen más complejas. Se observa cómo en el cambio histórico estas se regularon más difícilmente, produciéndose una mutación en la que de una manera u otra el trabajo y la justa repartición del producto de este nos puede llamar la atención acerca de la esencia de cada sistema, lo que hay debajo del fenómeno.

 

Pero, visto históricamente tal y como lo ha propuesto Enrique Dussel, tal desaparición de la percepción o escondimiento del valor mismo en un mecanismo de complejización técnico-competitiva, se contrasta con mayor claridad. En el recorrido histórico-económico-crítico desde la concepción de la ciencia en Marx –como lo que va al fundamento, a lo velado−, las tesis están hablando de la ocultación del trabajo. Vistas a la luz de un olvido o desaparición de la consciencia del plusvalor, empiezan a girar sobre la inconsciencia general de los humanos acerca del trabajo, para finalmente llegar al capitalismo:

 

“El plusvalor, a diferencia de los excedentes de los otros sistemas económicos no-equivalenciales anteriores permanece oculto a la mirada del posesor y, lo que es peor, a los ojos de su mismo creador, el trabajador” (Dussel 2013: 6.82).  

 

 

4. Aumento del plusvalor absoluto al mismo tiempo que la mejora tecnológica

 

En este apartado se continuará de alguna forma con el anterior y con las ideas propuestas a raíz de la lectura de 16 tesis de economía política, que seguimos elucidando y comentando. En realidad, este punto se sitúa como una pequeña prueba más de esa ocultación de la usurpación del trabajo que se hace sistémicamente en el sistema capitalista, tal y como lo estamos argumentando.

 

Así se llega a otro momento clave en la historia de los procesos económicos humanos. Si el anterior fue la incorporación del trabajo a la espiral de la vida, en este caso, es una revolución histórica de la misma magnitud como es el ponerse a laborar. Hablamos de la incorporación de la máquina en una dimensión industrial, al trabajo. Este hecho histórico es una característica esencial del capitalismo:

 

“La subsunción material o tecnológica del proceso de producción del plusvalor significará una transformación real de dicho proceso, y constituirá el proceso propiamente capitalista de producción” (Dussel 2013: 6.11).

 

Para que esa subsunción se produjera tal y como es entendida desde la perspectiva dusseliana, se debieron de dar cambios materiales en el modelo de producción, siendo la mejora tecnológica dependiente entonces de aquel. Es decir, la ciencia, como es ya sabido, depende de la producción humana y sirve a esta, siendo los cambios económico-mercantiles los que dieron lugar, por ejemplo, en la Modernidad, a mejoras tecnológicas y estas a su vez a ampliaciones del acervo teórico. El paradigma de esto son los instrumentos como la brújula, los canales, las mejoras en la construcción de barcos, optimizaciones marcadas todas ellas por las transformaciones de los medios de producción (de lo agrario a una especialización en la artesanía y por tanto en la mercantilización de los productos). Todo ello dio lugar a mejores condiciones para que se avanzara en lo teórico, en el instrumental científico impulsado por el instrumental material (Dussel 1984: 51).

 

En primer lugar, hay que dar cuenta de que la introducción de la máquina en el proceso de producción industrial no suma ningún valor a la mercancía resultante:

 

“El trabajo concreto es el que produce por un oficio o ejercicio real valor de uso; el del zapato, la mesa, el trigo. Pero el trabajo que maneja una máquina y que materialmente no exige ninguna pericia ni tampoco se ejecuta para producir un mero valor de uso sino para explotar la objetivación de la vida del trabajador como creador del plusvalor, se convierte en un trabajo abstracto, vacío, sin contenido. Crea formalmente valor (y plusvalor). Puede entenderse entonces que la división del trabajo se cumple en el ejercicio de un trabajo que se torna abstracto, porque el trabajador que pierde conciencia del fruto concreto de su trabajo (evidente cuando produce un producto concreto) dentro de una cadena de una complejidad imposible de abarcar [nótese la complejización], es usado, no tanto para producir un valor de uso determinado, sino abstractamente valor” (Dussel 2013: 6.44).

 

Sólo observando la tecnología como aquello que encubre más todavía el trabajo y el plusvalor podemos ser conscientes de cómo “civiliza el capital”. Es algo así como si el trabajo se ocultara y sólo pudiéramos verlo si hiciéramos un negativo de lo que aparece.

 

La invención de la máquina, naturalmente, remite a la disminución del trabajo humano. Para suprimir definitivamente el “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Ahora queremos señalar que, si bien el avance tecnológico es creado para esto, se emplea precisamente en lo contrario. No se utiliza, pues, ese avance como se debe (es un instrumento ambiguo) sino que se usa para lo contrario, contradictoriamente. Este es el punto concreto que queremos ver en este apartado.

 

Como diría el propio Marx, hay que hacer más escandalosa la contradicción dándole una vuelta de tuerca más al esclarecer las causas de la opresión. La introducción de la técnica, más que mejorar la vida del ser humano, en el capitalismo la perjudica.

 

En un primer momento, el capitalista gana el plusvalor en el ahorro del coste del mantenimiento del trabajador:

 

“El plusvalor, al quedar constante el salario como pago de la jornada de trabajo, aumentaría en la medida que disminuiría el tiempo necesario para reproducir el valor de dicho salario. Habría entonces un aumento relativo de plusvalor en relación a la disminución de la proporción del salario en el valor total del producto” (Dussel 2013: 6.21).

 

Es decir, al costarle menos al capitalista que el trabajador se vista, se alimente, etc. El capitalista se beneficia de ello y aumenta lo que gana. Pero, sin embargo, también hay un aumento del plusvalor absoluto, lo cual ya colma la contradicción. El trabajador trabaja más cuando debería hacerlo menos por la existencia de la máquina.

 

En realidad, se produce más valor relativo ya que el salario cuesta menos. Pero más valor absoluto porque el efecto psicológico de que se produzca más con menos trabajo, al capitalista le hace pensar que lo que hay que hacer es que el trabajador trabaje más. Esta prolongación, que tiene la razón económica en el monopolio generado por lo tecnológico, posee, además, supuestamente, una razón inconsciente:

 

“Como vemos, el empleo de la maquinaria para la producción del plusvalor implica una contradicción inmanente, puesto que de los dos factores del plusvalor suministrado por un capital de magnitud dada, un factor, la tasa del plusvalor, sólo aumenta en la medida en que el otro factor, el número de obreros, se reduce. Esta contradicción inmanente se pone de manifiesto tan pronto como, al generalizarse la maquinaria en un ramo de la industria, el valor de la mercancía producida a máquina deviene valor social regulador de todas las mercancías de la misma clase, y es esta contradicción la que, a su vez, impele al capital, sin que el mismo sea consciente de ello, a una prolongación violenta de la jornada laboral para compensar, mediante el aumento no sólo del plus-trabajo relativo sino absoluto, la disminución del número proporcional de los obreros que explota” (Marx 2009: 496).

 

¿A qué se está refiriendo Marx con eso de que el capital no es consciente de ello? De cualquier forma, tenemos de nuevo una obnubilación de los procesos económicos referidos al trabajo, a la repartición del excedente y a la usurpación del plusvalor. Sin ánimo de ser pretenciosos y para ir finalizando esta breve reseña sobre la obra 16 tesis de economía política, hemos querido imaginar a qué proceso inconsciente se refiere Marx en esa línea de la última cita. Línea a la que curiosamente Marx añade un pie de página en donde se aclara al lector que:

 

“En los primeros capítulos del libro tercero habremos de ver por qué el capitalista individual, así como la economía política imbuida en las concepciones del mismo, no tiene conciencia de esa contradicción inmanente” (Marx 2009: 496).

 

Desgraciadamente esta tarea no se ve explícitamente en el volumen tercero publicado por Engels. A la razón económica que Marx presenta, nosotros queremos añadir la psicológica, la que se percibe por el efecto que tiene sobre la perspectiva del capitalista que el trabajador labore menos por la introducción de la máquina. En este proceso hay un acto fallido del capitalista. La máquina, por hacer más por menos, eliminará lógicamente a trabajadores (de hecho, este es su fin y en una sociedad equivalencial sería un paso hacia el bienestar) pero lo que realmente hace (para aprovechar la posición de privilegio de la competencia) es que los que se quedan trabajando, trabajen más. Pero hay también un fallo lógico por lo psicológico: el egoísmo, que también se tratará más adelante. Veámoslo con un ejemplo:

 

1. 100 obreros producen 100 camisas en 1 jornada de 8 horas (la tasa de plusvalor está incluida ya aquí).

 

2. Ocurre un avance tecnológico, un “período de transición” según el decir de Marx.

 

3. 100 obreros producen 100 camisas en 1 jornada de 4 horas (es decir, la mitad de tiempo).

 

4. Por tanto, el obrero trabaja menos para producir la misma riqueza y el capitalista piensa que no está rindiendo todo lo que debe. El efecto psicológico desde su perspectiva, en conclusión, sería: el trabajador tiene que trabajar más.

 

5. Despide el capitalista a 50 obreros para ahorrar salario.

 

6. 50 que producen 100 camisas en 1 jornada de 8 horas.

 

7. Pero, hay que tener en cuenta la conclusión de 4) que era, a saber, que el trabajador tiene que trabajar más.

 

8. Da como resultado: 50 obreros que producen 110 camisas en 1 jornada de 8 horas. Y, por tanto, se amplía la plusvalía en 10, aumentando en este caso la intensidad del trabajo. Pero también podría ser aumentando las horas de trabajo. Cuestiones ambas relativas al aumento del plusvalor absoluto.

Con ello podemos dejar apuntado que al factor económico también se le suma el psicológico que traba o no clarifica el proceso económico. Sobre ello seguiremos abundando en el siguiente punto.

 

 

5. Anotación sobre la ley de acumulación y David Ricardo para una crítica al egoísmo

 

Este apartado, a modo de conclusión, comprende la contradicción del sistema al hacerse extensivas las paradojas y ocultaciones que hemos visto sobre la categoría trabajo. Observamos como la cuestión de la tecnología introducida en la Revolución Industrial (con inicios en China antes que en Inglaterra, tesis 6.11), caracteriza al capitalismo. Hemos constatado cómo se produce la contradicción en el uso de la tecnología que básicamente lo que hace es aumentar las horas de trabajo cuando lo que debería hacer es reducirlas. Ahora bien, el problema de una contradicción en cualquier nivel es que, si se sigue afirmando, esta dará lugar a una paradoja mayor. La contradicción, si se sostiene en el tiempo, prosigue en un aumento de lo ilógico al repercutir a más cuestiones implicadas con la paradoja inicial. Este sería el efecto del tiempo y el movimiento sobre una contradicción: la hace más grande.

 

El caso de la ampliación de la contradicción intrínseca al uso de la tecnología en el capitalismo, se hace palmario a medida que el progreso tecnológico avanza. En resumen, podemos decir que, si lo tecnológico progresa y provee al ser humano de todo lo necesario para satisfacer sus necesidades, lo que entonces deberá generar el sistema, es escasez.

 

“El capital tiene otro límite absoluto, y se trata de la saturación del consumo; es decir, la imposibilidad de un aumento al infinito de la demanda según las necesidades del comprador o del mercado” (Dussel 2013: 13.76).

 

La creación de preferencias del sistema ante la saturación, lo vemos claramente con la “aparición de necesidades” que acompaña a la cultura capitalista (la publicidad). Aunque, nosotros además afirmamos que la escasez y el egoísmo que las genera, son las procedencias de la preferencia para el capitalismo y su economía política burguesa.

 

Son el egoísmo, y la escasez que aquel provoca, lo que desde la perspectiva del mercado (Mandeville, Smith) hacen también aparecer el hambre, la sed, la necesidad.

 

Llegados a este punto, jamás habrá abundancia si existe el egoísmo usurpador (productor de la contradicción en la tecnología). Se podrían tener los planetas necesarios, cinco o seis planetas Tierra (6) como suponen que debería haber, para cumplir con la lujosa existencia que tienen los habitantes de Europa y Estados Unidos: el mismo sistema mediante su principio básico, la propiedad privada, podría hacer surgir la escasez y la pobreza. Por todo ello no debemos nunca olvidar la ley de acumulación.

 

“la acumulación del capital como riqueza en manos de unos pocos propietarios es proporcional a la acumulación de miseria en los que la crean, los más. La realización del capital se cumple a través de la des-realización del trabajo vivo de los trabajadores” (Dussel 2013: 6.82).

 

Estamos pues ante la paradoja de que el problema siempre será de la repartición de recursos y el manejo del excedente (trabajo) y no de la existencia de los mismos, al menos en el estado de la tecnología actual (7).

 

Lo afirma igualmente David Ricardo, en una contradicción que nos recuerda esa serpiente mordiéndose la cola, y que es prolongación de la contradicción del aumento del plusvalor absoluto al mismo tiempo que el progreso tecnológico:

 

“La sociedad, a pesar del aumento de riqueza y de los medios de satisfacción, tendría una cantidad menor de valor” (Ricardo 1985: 246).

 

Pero ¿cómo es esto posible? Que una sociedad tenga mayor riqueza, pero menor valor. Ricardo se explica:

 

“El trabajo de un millón de operarios en las manufacturas siempre producirá el mismo valor, pero no la misma riqueza. Por medio de la invención de maquinaria, de la introducción de mejoras, de una mejor división del trabajo o del descubrimiento de nuevos mercados (…) un millón de operarios pueden producir en un estado de la sociedad doble o triple cantidad de riqueza de artículos de primera necesidad, y de conveniencia, y de satisfacciones, de la que podrían producir en otro, pero no por ello aumentará el valor, pues toda mercancía sube o baja de valor en proporción a la facilidad o dificultad de su producción, o en otras palabras, en proporción a la cantidad de trabajo empleado en su producción” (Ricardo 1985, 245).

 

Hoy hay producción y riqueza suficiente para que no haya pobreza, ni hambre, pero he ahí que el egoísmo y la avaricia (motores del sistema según Mandeville y Smith) hacen que tal abundancia no sea redistribuida justamente. El capitalismo es un sistema hecho por unos pocos, para unos pocos. Y no hay lógica posible en donde reformándolo se dé lugar con ello a un sistema justo, su esencia es la usurpación. El propio sistema se basa en la escasez, y siempre y cuando exista escasez por naturaleza, al sistema le vendrá mejor todavía. Y, al contrario, la des-regulación del sistema (Reagan, Thatcher) siempre dará lugar entonces a una agudización de las contradicciones y un uso hasta el extremo de la fuerza para dominio (Bush Jr.). El egoísmo para el capitalismo paradójicamente es la fuente de riqueza (8). Para que esto sea posible también debe darse la convicción de que nunca existirá una riqueza adecuada (el mito del crecimiento). Los economistas Smith y Ricardo nunca estarán de acuerdo con que hay riqueza suficiente:

 

“Y estoy profundamente convencido de la verdad de la observación de Adam Smith, de que “el deseo de alimentos es limitado en todo hombre por la reducida capacidad del estómago humano, pero el deseo de las cosas convenientes y adornos del edificio, del vestido y del mobiliario, me parece no tener límite fijo” (Ricardo 1985: 346). 

 

Este es el elemento cultural del capitalismo, el que influye en todos los aspectos del ser humano pues afecta a la manera de vivir al completo. Es entonces cuando las 16 tesis de economía política continúan a través de los principios éticos −la vida como centro− la crítica a la economía política burguesa.

 

Morollón del Río, Diego
"Una economía alternativa desde la perspectiva de la filosofía de la liberación de Enrique Dussel", Ensayos de Filosofía, nº 3, 2016, semestre 1, artículo 4
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