Ensayos de Filosofía
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 Número 11, 2020, semestre 1, artículo 11
 
Publicado 25 junio 2020


Resumen

El tiempo es una perfecta idea inacabada, como la idea de la muerte o la del espíritu o del alma, no se sabe dónde empieza o termina, si es buena o si es mala, y en la historia del pensamiento y la filosofía, incluso en la historia de la ciencia.


Temas

Agustín de Hipona

Aristóteles

eternidad

Newton

tiempo



Bibliografía

Aristóteles

 Metafísica. Madrid, Gredos.

 

Bergson, Henri

Historia de la idea del tiempo. Méjico, Paidós.

 

Störig, Hans Joachim

Historia universal de la filosofía. Grupo Anaya.

Reflexiones sobre el tiempo. Agustín de Hipona

El tiempo es una perfecta idea inacabada, incompleta, es como la idea o el pensamiento de la muerte o la idea del espíritu o del alma, no se sabe dónde empieza o termina, si es buena o si es mala, y en la historia del pensamiento y la filosofía, incluso en la historia de la ciencia, siempre fue usado como un comodín, un arlequín portentoso. Una idea y un pensamiento, los del tiempo que siempre aparecen en nuestro interior no de una manera demasiado pura, sino mezclado con otras ideas, casi perteneciente al mundo de las sensaciones o las afecciones, incluso de los sentimientos, un "pathos" de nuestro propio existir.

 

Es una abstracción de alguna realidad que existe, pero que solo se aprehende abstraída. Es un número que se mueve. De cualquier forma es que también da la sensación de que sin el no sabríamos vivir, el tiempo, su simple experiencia debe ser algo común a cualquiera de los seres que existen, animados o inanimados.

 

Las cosas en el pensamiento siempre sucedieron de dos maneras: o se trata de algo que se compara con otra cosa, que describe otra cosa, Materia como madera, o botella como botella, recipiente de vidrio, o se trata de un algo abstracto, un puro concepto o idea pura proveniente del lenguaje mental, el tiempo, por ejemplo, o yo y mis problemas y que después sirve para una diversidad de cosas.

 

Tiempo en la Academia de la Lengua es: "Duración de las cosas sujetas a mudanza. Parte de esta duración".

 

La idea de tiempo en la más antigua cultura de Grecia debe provenir mismamente de la zona mitológica, de uno de los más rancios mitos de las tribus que llegaron del norte y se asentaron en su territorio. Cronos, mentado en los iniciáticos escritos de Hesíodo y Homero.

 

Como idea técnica y filosófica el tiempo puede rastrearse en los filósofos de la naturaleza. Dice Bergson en su escrito Historia de la idea de tiempo que se puede conseguir una teoría sobre el tiempo en los primeros filósofos, algo que se presenta como algo dado y como devenir. 

 

Bergson asegura que Platón ha construido una teoría formal del tiempo en una de las páginas de su diálogo El Timeo. El filósofo francés tiene la amabilidad de traer en su libro las citas de Platón.

 

La teoría de Platón dice que el tiempo proviene del cielo y que ambos fueron creados juntos. Pero que el tiempo sólo ha de concebirse como algo que ha sido y como algo que será, que el pasado y el futuro son las "formas" del tiempo, que gira según los números y es imitadora de lo eterno. Dice Platón que no había días meses y años antes de los primeros movimientos del cielo.

 

Platón sólo considera la eternidad como lo único existente y que el tiempo nunca es, sino que siempre ha sido y que será.

 

También es que desde un principio de la abstracción-plasmación de la idea de tiempo, desde los primeros dibujos en la pared rocosa, o las primeras muescas del paso de los días, hasta estos primeros conceptos escritos, esa idea escurridiza había sido algo muy peregrino de conseguir y en otras ocasiones se habría presentado a nuestra mente inteligente algo difuso y oscuro, como mezclado con otras ideas del medio más cercanas o más lejanas. Por eso, ahora se necesitan las palabras y los conceptos para conseguirlo. ¡De alguna manera hay que hacer las cosas!

 

En la simpleza o lo intrincado de nuestra mente inteligente, de nuestra materia biológica cerebral y nuestra "forma" mental, esa idea de tiempo siempre habría hibridado con otras secuencias de ideas construyendo unos ciertos neutros que ayudaron a seguir nuestro discurso particular. Entes híbridos de diversa índole, los más característicos aquellos que mezclaron los números con los nombres de las cosas.

 

Después sí que lo identificamos: el tiempo es algo masculino, debe serlo en la mayoría de las muchas palabras que lo describen en la diversidad de los idiomas planetarios.

 

Lo confundimos con el universo, con el infinito, con la nada y las tinieblas, con la muerte, con el fin. Con el número, con el oscuro pensamiento, con el hueco de un armario, con el reloj de la pared, con las manecillas del segundero, con los dígitos. Con un túnel, con una raya, con un punto, con un círculo. Parménides dijo que era algo móvil y contrapuesto a la infinitud e inmutabilidad del ser.

 

Platón también asocia la idea de tiempo con la idea de movimiento y dice que el tiempo es una simple imagen móvil de la eternidad, en concreto lo asocia con el movimiento circular de los astros. Según Platón, el objeto de nuestro conocimiento tiene que permanecer quieto, no se puede mover, o sea, inmutable y eterno, sin tiempo ni cambio.

 

También en Aristóteles se asocia la idea de tiempo a la idea de cambio y movimiento.

 

Dice Bergson que el filósofo comienza su doctrina sobre el tiempo al decir que no puede haber tiempo sin cambio. Asegura que en la Metafísica pone que no es posible que el movimiento haya nacido o que perezca, es decir, lo mismo que el tiempo. También aparece en la Metafísica que el movimiento no puede haber comenzado ni terminado, porque si hubiera empezado tendría que haber un comienzo y un final del tiempo. 

 

De cualquier forma no puede saberse muy bien que es lo que buscan Aristóteles y Bergson, por ejemplo, convirtiendo términos de realidades tan tangibles y mensurables en eternos e infinitos. No se sabe por qué a veces los filósofos hacen eso, acaso por problemas retóricos, otras por demostración de su fuerza, otras por sus conocimientos.

 

Dice Bergson que Aristóteles dice que en cuanto hay movimiento en el alma, el tiempo aparece enseguida. Y que hay tantas clase de movimientos como cosas que se mueven, pero que solo hay un solo tiempo. 

 

Así mismo Aristóteles elabora su doctrina del tiempo según la idea y expresión de cambio y movimiento y según una observación de simultaneidad. Para el filósofo el movimiento y el tiempo se dan simultáneamente.

 

El filósofo estagirita considera que el tiempo es algo diferente del movimiento y que el tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después. Dice que para que el tiempo exista es necesario que haya un ahora, unos "ahoras", pues la unidad es el ahora. También asegura que el tiempo no puede componerse de indivisibles, como la materia o los átomos.

 

También Bergson en su escrito nos habla de la idea de tiempo en Plotino. El tiempo puede ser así, una diversidad de cosas, el nous o la propia mente del filósofo que consigue el Uno en su continuidad. Dice Bergson de la doctrina de Plotino que en vez del tiempo tenemos lo que está a punto de ser el tiempo y que siempre estará a punto de devenir en él. 

 

En este último párrafo da la impresión como si usase -Plotino, se entiende- el antes y el después como hacia el pasado y como desde el futuro, pero ambos en dirección contraria. Aristóteles decía que el tiempo tenía una sola dirección.

 

Existe otra dirección para la idea del tiempo en Plotino, una dimensión de aspecto testimonial y absolutamente contestataria. Dice Bergson que asegura Plotino que el tiempo es como la vida del alma, de su órbita de traslación de un suceso a otro y que el tiempo no existe lejos del alma al igual que la eternidad no existe fuera de su idea.

 

Agustín de Hipona, nació en la ciudad de Tagaste, en la actual Argelia, y vivió entre los años 354 y 430 de nuestra era. Elaboró una teoría del tiempo que aparece en su obra Las confesiones y que más tarde servirá dentro del corpus doctrinal de la Iglesia al respecto.

 

En un principio argumenta en contra de las antiguas doctrinas del saber sobre el tiempo, en concreto en contra del saber griego, pues si bien recoge la vieja concepción que relaciona movimiento y tiempo, dice que su mismo desarrollo conceptual contiene el error.

 

En su investigación de la naturaleza del tiempo y según la división aceptada por todos de pasado, presente y futuro asegura que el pretérito y el futuro no existen en el marco de la realidad de las cosas. Sus palabras dicen exactamente: "el pretérito ha dejado de existir y el futuro no existe aún".

 

Pero en el ámbito de la experiencia normal, el tiempo se mide incluyendo el pasado y el futuro. El filósofo africano se pregunta: ¿cómo es posible medir lo que no existe?

 

Otro principio importante que caracteriza el tiempo en Agustín es que considera al presente como el único tiempo que existe, sin embargo, dice que el presente no tiene extensión. ¿A qué es debido esto? Pues seguramente es algo que tiene que ver con las fórmulas y paradojas de Zenón de Elea, su negación del movimiento por esa escuela, que acaso se podrían aplicar esas curiosas fórmulas también con la división hacia el infinito del mismo tiempo.

 

Si lo que recorre una flecha, o el camino de una tortuga, se divide en partes hacia el infinito, esa flecha y esa tortuga jamás podrían llegar a su destino pues tendrían que recorrer todos los lugares divididos y descritos, es decir, antes de llegar caerían en el pozo de lo infinito.

 

Pero en refiriéndose al tiempo no puede saberse, que efecto, razón o cosa, podría dividirse para conjeturar un presente sin extensión. Acaso la luz de un rayo de luz o el día o las horas, no se sabe.

 

Aristóteles asegura que el tiempo sería lo ideal para ser descompuesto hacia el infinito. Entonces sí que puede ser verdad la ausencia de extensión para el presente de la que habla san Agustín.

 

En su búsqueda de razones para la idea de tiempo y con el fin de salvar ciertas realidades dice que es posible reconocer cierta existencia para el pasado y el futuro y que éstos deben encontrarse "en algún lugar". Dice que en cualquier lugar que se encontrasen el pasado y el futuro, se hallarían sin duda, como presentes.

 

Asegura que, hacia el pasado, lo que conseguimos en la narración histórica de la memoria no son los hechos en sí, sino palabras y frases que dejan un cierto contenido en nuestro interior. Y en relación con la pretensión de cosas desde el futuro lo que aparece son a modo de causas o signos, pero como algo ya existente, no son del futuro, sino del presente.

 

De cualquier forma en su pensamiento continúa la idea de que solo se ve lo que existe y que solamente existe el presente.

 

Su reflexión continúa diciendo que el tiempo es medida y se encarga de constatar el hecho real de su medida. Pero no se puede medir lo inexistente, o sea, el pasado y el futuro, ni lo inextenso, o sea, el presente, por eso el filósofo cristiano tiene que analizar la relación del tiempo con el movimiento.

 

Asegura que el movimiento es algo real, que sí que existe a diferencia del tiempo, pero rechaza la hipótesis de los antiguos según la cual tiempo y movimiento se identifican. Dice que el tiempo no es el movimiento, que es la medida de la duración del movimiento y de su reposo.

 

Asegura que no solo el tiempo es la medida del movimiento, sino que es la medida de sí mismo. Llega desde aquí el filósofo a su famosa conclusión que dice que "el tiempo es una especie de distensión".

 

Dice Agustín de Hipona que "la intención presente traslada el futuro al pasado, el pasado crece con la disminución del futuro, hasta que, con la consumación del futuro, todo se convierte en pasado".

 

El filósofo relaciona la idea del tiempo con las potencias espirituales del ser y habla de tres factores presentes en el espíritu, a saber, la memoria, la atención y la expectación que nos ayudarán a la compresión y resolución de paradojas para esos tres tiempos o "diferencias" que las llamara el santo, de tiempo: pasado, presente y futuro.

 

Al principio de su tratado, Agustín había puesto una serie de ideas generales tomadas de su alrededor, en el sentido de que todos entendemos lo que es el tiempo "de cierta manera", según sus palabras. El tiempo así no es problema, sino algo natural que todos comprenden y usan en la vida diaria. Habla, así mismo, del idioma cotidiano en el que se usan los verbos en pasado, presente y futuro, pero esto es algo que considera inexacto, aunque dice que no le preocupa ni se opone a dicho lenguaje con tal de que se entienda lo que se dice.

 

Dentro de la relación tiempo-eternidad dice que reconoce en ellos una composición de diversa naturaleza. Poseen en común -tiempo y eternidad- el que ambos sean esencialmente "presentes", aunque la eternidad sea una presencia "simultánea" y sin embargo el tiempo no posee la simultaneidad.

 

La diversidad en la naturaleza de ambas cosas conduce al filósofo a la diferenciación de los grados del ser. Según Agustín solo posee entidad lo que pensamos inmutable, ser verdaderamente equivale a ser inmutable.

 

Platón dijo que el objeto de nuestro conocimiento no se puede mover, ha de permanecer eterno e inmutable.

 

Pero digo yo que no puede saberse por qué eso -ambas cosas- han de ser así. Debe ser por ejemplo en la relación con la mente, el parecido estático de la mente, pero también el parecido termodinámico de la mente con el vació espacio, no con los sentidos que habrían de apreciar cualquier cosa que se moviese, aunque el trasto de la mente no es más que un peculiar uso de los sentidos por parte del cerebro. Aunque también podría advertirse, creo yo, una cierta dimensión estática de los sentidos cuando se aprecia el "éxtasis" o la contemplación de los pensadores místicos, incluso alguna faceta de aprehensión artística.

 

"En lo mudable y temporal se da la antítesis entre el ser y el no ser, pues lo que verdaderamente es excluye la mudanza y el tiempo".

 

Aquí se aprecia cómo el filósofo Agustín cae dentro de la trama del ser, de su intento de conceptualización por parte de los antiguos. Al igual que a Plotino le sucediera con Aristóteles y la materia, Agustín se define y cae en la trampa. El tiempo y la temporalidad se posicionan en algún lugar de lo negativo y lo cercano y el conflicto en el lugar del no ser, mientras que lo positivo y el ser, el acuerdo, queda de parte de lo lejano e inmutable.

 

Dice Agustín que la temporalidad y la muerte caminan juntos. El vivir de las criaturas es un continuo morir y que cualquier mudanza es una forma de muerte, cualquier cambio implica sucesión, desaparición y muerte.

 

Así el tiempo y la materia permanecen de forma momentánea del lado del mal, de la negatividad. No puede saberse por qué siempre cuando uno se define cae en una especie de trama o de trampa en relación con otras ideas o teorías de antes. Debe ser por la inexorabilidad del almacenamiento de esas teorías. Las cosas, las teorías, se ponen y se quedan ahí para siempre. Es difícil definirse sobre ellas, tomar partido, posicionarse. Cuando uno lo hace cae dentro de una trama que es la trama de uno mismo. El ser como trampa, socavón del infinito. Entonces es que lo inmediato, lo cercano y vecino a nosotros, los habitantes del planeta, como la materia y el tiempo, como otras cosas, quedan del lado de la malignidad y lo burdo, y la sutileza, la bondad y lo lejano se hacen permanecer hacia el infinito, lo inalcanzable, la eternidad y lo inmutable. Esa no es manera de hacer unos zapatos.

 

Dice el filósofo Agustín que el hombre no encuentra descanso ni felicidad en las cosas terrenales pues aunque sean buenas no son los verdaderos bienes ya que se deslizan y fluyen.  Dice que: "cuanto más ames el ser, tanto más desearás la vida eterna".

 

Sin embargo el tiempo, la misma temporalidad, bajo un punto de vista, digamos existencial, es contemplado por el filósofo africano como algo eminentemente positivo. "El tiempo es el medio a través del cual las criaturas van realizando su ser, el medio a través del cual el mundo... debe alcanzar el estado de perfección". "El hombre se va construyendo a sí mismo en el tiempo".

 

Así vino a permanecer por muchos siglos la doctrina sobre el tiempo y dentro del margen de la Iglesia de Roma. Otras ideas, no obstante, se desarrollaron dentro de esas mismas márgenes y en general la idea de tiempo quedaría supeditada a la idea dogmática de la religión cristiana. Así la idea de tiempo siempre aparece a raíz de la creación. Santo Tomás de Aquino hablaría de evos y de eternidades siempre relacionadas con la divinidad.

 

 

Comentario

 

De la idea y noción de tiempo hacia la modernidad y los tiempos actuales hay que decir que en la era moderna esta noción y concepto quedan prescritos según la diferencia entre "tiempo objetivo" y "tiempo vivido".

 

Galileo Galilei, según sus escritos de mecánica física fabrica una idea de tiempo como una serie reversible de instantes homogéneos y consigue nuevos horizontes para el estudio del movimiento según leyes matemáticas y de cálculo infinitesimal.

 

1. Newton propone a continuación y en el marco de la física, un tiempo absoluto, real y matemático, un tiempo físico y objetivo que después será criticado en su propio país por los empiristas que siguieron defendiendo la experiencia de la temporalidad y el carácter psicológico del tiempo.

 

2. Kant asume en sus escritos la idea de "tiempo absoluto" de Newton, pero como condición de entendimiento. Para Kant, el tiempo no será más que una forma a priori de la intuición empírica. El tiempo así no es algo propio de las cosas, sino algo relativo a la percepción y las impresiones sensibles. La otra condición necesaria de entendimiento sería el espacio.

 

3. Bergson elucubra en su obra una idea de tiempo como duración y relacionado con el movimiento.

 

4. Husserl encuentra soluciones fenomenológicas para el viejo tándem de "tiempo objetivo" y "tiempo vivido".

 

5. Einstein desarrolla el continuum espacio-tiempo para explicar el acontecer físico y explica el tiempo como relativo al movimiento.

 

La mecánica cuántica pone unos hitos para la división del tiempo hasta los 10 a la menos 24 de un segundo, algo que no puede ser captado por la experiencia y adolece de sentido y análisis físico. Existe una discontinuidad en los procesos energéticos, una discontinuidad en los movimientos y el tiempo aparece así mismo como discontinuo.

 

Unamuno desarrolla en sus escritos la incertidumbre de la eternidad y Ortega y Gasset concibe la vida como algo rigurosamente temporal, realidad temporal.

 

Hay una experiencia que debe ser algo común a todos los seres que pueblan el mundo, tanto animados como inanimados que no es otra que la participación de las condiciones cosmológicas que les asisten, el alrededor de cuerpos universales y su función. dentro de lo cual, su realidad se desenvuelve todo.

 

Todos los seres, cualquier ser -una roca, un vegetal, un animal o un humano- poseen hacia su interior una realidad que les define e identifica, una realidad elemental y de conflagración de elementos, realidad molecular o atómica que no es sino una copia sutil de otras realidades que existen hacia el interior o el exterior del todo cósmico.

 

La experiencia hacia el interior de lo mismo constituye lo más cercano a la verdad de esas cosas y esos seres.

 

Una experiencia de alrededor cósmico que no es un huevo y que nos habla de la existencia de unos cuerpos universales, planetas, satélites, estrellas y galaxias, espacio vacío que lo rodea y trasciende, dentro de lo cual y según unos parámetros físicos y metafísicos se mueven y viven los seres del aquí, de este lado de las cosas y entendida esa vida -existencia- su realidad, dentro del resto de las realidades cósmicas y que participan del todo de su naturaleza.

 

Esos cuerpos o espacios universales, dejando aparte que puedan ser "la cosa en sí" poseen en sí mismos y desde su primera existencia una serie de cantidades y cualidades, cambios y movimientos, presión y gravedad que despliegan en una lucha incesante de duración y permanencia en su lugar particular.

 

Será entonces la experiencia que tienen los seres de la vida, del acá biológico, digamos, de esos parámetros lo que irá originando en su interior y su intención de especies y en su interior de historia biológica, una serie de sentidos, órganos y aparatos que, desde dentro también, harán más cómoda y posible esa experiencia.

 

Una de las experiencias más importantes de las que disponemos los seres vivos y en concreto los humanos como integrantes del mundo de lo vivo, es la del tiempo. La experiencia del transcurrir, el devenir, la sensación de que todo fluye y se mueve, la duración de algo. Una observación que se acumula o enseña una experiencia que a su vez sedimenta en una memoria del tiempo. El tiempo, así, es una realidad, algo absoluto u objetivo, que existe porque lo hemos creado nosotros.

 

Pero también algo que existe en sí mismo y cuando es cantidad y medida, siempre tiene que ver con el cambio y el movimiento de las cosas, los planetas y las estrellas. Un reloj, mismamente, no hace sino devorar un montón de cosas de esas.

 

¿Qué otra cosa podría ser el tiempo si no fuera tiempo? Una materia, una sustancia, un principio; podría ser un deseo, una ansiedad, una sensación, una existencia, una razón física, un algo neutro que va y que viene entre el tiempo y el no-tiempo con su muerte y final entre sus dos contrarios y consigue información de cualquiera de los lugares de su triángulo: pasado, presente y futuro.

 

Bajo el enfoque y punto de vista de la existencia de géneros no puede saberse si las mujeres y los hombres tienen idéntica experiencia del tiempo.

 

Una cosa es cierta, en todas las culturas del planeta, en sus primeras e insistentes manifestaciones artísticas es la idea de tiempo y de registro y cómputo del tiempo, lo primero que aparece representado. Y son líneas, no puntos.

 

No puede saberse si antes del tiempo había tiempo. No puede saberse, asimismo, si antes del primer movimiento hubo otros anteriores. El tiempo a la humana observación se piensa como una afección o un producto del primer cambio o movimiento de las cosas, de las partículas primordiales.

 

Si aceptamos en contra de la tercera ley de la lógica -"no hay término medio entre dos proposiciones contrapuestas"-, que existe un término medio entre dos contrarios y aceptamos la muerte o el final del tiempo entre los dos contrarios que lo generan. el tiempo y el no-tiempo, podremos encontrar razones para su origen, pero sobre todo podremos descubrir razones para su final o término.

 

 

¿Cuándo se termina el tiempo?

 

No pude saberse qué otra cosa además del tiempo, podría existir más adecuada para la explicación del fin o término de todo. Si algo, entonces, tiene que terminar en sí, como ello mismo, debe ser el propio durar y sucederse, el mismo avatar del suceso, el mismo sucederse en su hacerlo, es decir, tiempo.

 

Es el mismo hecho del tiempo, real en la inmensa mayoría de los seres animados, inanimados e inteligentes, su consciencia en ellos, la singular razón que puede explicarnos los finales y términos, dar razón de una "finología", no sólo en un sentido metafórico, mitológico y poético, sino en un sentido natural, físico, de observación y experimento.

 

El tiempo así debe aparecer o antes (a priori), o después (a posteriori) o a través (per) de los cambios y movimientos de las cosas y debe configurar por ello y según ello las dimensiones de su triángulo: pasado (tiempo de antes, a priori), su presente (tiempo a través, per) y su futuro (tiempo de después a posteriori). Y podría ser, ahora que lo pienso, la forma de ese triángulo la razón más fehaciente que asegurase para nosotros la mejor o la peor manera de aprehensión y asimiento del tiempo. De la idea de la idea de tiempo. Hablar así de tiempo-triángulo equilátero, tiempo-triángulo recto, tiempo-triángulo isósceles y tiempo-triángulo escaleno.

 

Pero aquí no se debe confundir una cosa en sí, el movimiento con la otra en sí, el tiempo. En una banda del conocimiento está el cambio y movimiento y en otra banda está el tiempo que puede generarse a través (per) de ese movimiento como actual experiencia de lo eterno y constituirse en razón suficiente y separada -metafísica- de la observación de cambio.

 

Entender el tiempo ahora como algo que se dirige a, como prescrito según una dirección, una dirección absolutamente indeterminada, una dirección hacia el futuro o hacia el pasado o hacia el interior del presente dimensional.

 

Tiempo así puede dirigirse hacia el pasado, hacia un infinito anterior, hacia una eternidad anterior y que esta dirección hacia el pretérito sería el lugar ideal para conseguir la serie de divisiones en la distancia que propone Zenón de Elea, una división hacia el infinito anterior, que impida que la flecha regrese a su arco -no que alcance su destino- y a la tortuga impedir que regrese a su punto de origen -no que consiga su meta-.

 

El tiempo como algo que puede dirigirse también hacia el futuro y, si aceptamos la simple idea de que los hechos en el futuro pueden afectar y tener autoridad sobre el presente, elucubrar, ahora sí, la idea de retorno, de regreso hacia el punto y lugar donde todo sucediera, el fin de nuestras peripecias, el término de nuestra vida y existencia. Y ahora sí, hacer de nuevo imposible la paradoja, parábola o aporía de Zenón de Elea.

 

Regresar, retornar hacia el futuro desde el lugar de nuestro fin.

 

Un tiempo, por supuesto, que no entiende de "deber ser ahí", ni de "estar ahí", que no debe serlo según su mera participación actual de lo eterno, que no sabe estarlo, que no quiere "estarlo ahí", debido precisamente a su instante que discurre.

 

 

 

Hernansanz Gozalo, Juan Manuel
"Reflexiones sobre el tiempo. Agustín de Hipona", Ensayos de Filosofía, nº 11, 2020, semestre 1, artículo 11
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