Ensayos de Filosofía
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 Número 8, 2018, semestre 2, artículo 1
 
Publicado 01 julio 2018


Resumen

¿De dónde somos, más allá de la casa, la calle y el barrio? Al margen de lo que alumbran las instituciones, no hay más que oscuridad y furor. ¿Existe una identidad nacional esencial, preinstitucional, prepolítica? ¿O es solo una ilusión seudorreligiosa, un manejo político, una variedad de autoengaño y fanatismo?


Temas

etnia

fanatismo

identidad cultural

nación

nacionalismo

racismo



Bibliografía

Breton, Roland J. L.

 1983 Las etnias. Barcelona, Oikos-Tau.

 

Dobzhansky, Theodosius

 1973 Diversidad genética e igualdad humana. Barcelona, Labor, 1978.

 

Esteva Fábregat, Claudio

 1975 Razas humanas y racismos. Barcelona, Salvat.

 

Harris, Marvin

 1989 Nuestra especie. Madrid, Alianza, 1991.

 

Lévi-Strauss, Claude

 1952 Raza e historia, en Antropología estructural: Mito, sociedad, humanidades. México, Siglo XXI, 1979.

 

UNESCO

 1984 Racismo, ciencia y pseudociencia. París, Unesco.

Las falacias del nacionalismo

Contemplemos en nuestra imaginación el planeta Tierra, con sus continentes, dibujemos en ellos las fronteras de los Estados... Son cerca de doscientos. Prácticamente no queda territorio fuera de la soberanía de alguno. El Estado es la forma dominante en que se han organizado las poblaciones humanas, sobre todo a lo largo de los últimos siglos.

 

Lo normal es que los Estados actuales, salvo contadas excepciones, abarquen en su territorio y bajo sus leyes poblaciones con grandes diferencias de orden genético y cultural. Baste recordar que los antropólogos han catalogado unas 6.000 culturas distintas, y que los lingüistas calculan que se hablan cerca de 9.000 lenguas y dialectos. Resulta incuestionable que la organización política estatal no se funda en la identidad cultural, ni en la unidad lingüística.

 

Es evidente que cada persona forma parte de una sociedad, de una población y una cultura, en la que se educa, crece, vive. Así adquirimos un sentimiento de vinculación y pertenencia social. Así nos vamos identificando con unos sistemas de ideas, valores y comportamientos. Esto es normal. El problema está en la interpretación que damos a nuestra particularidad sociocultural. Los rasgos que constituyen nuestra "identidad" ¿son nuestros, particulares y exclusivos, o pertenecen a la humanidad? Porque todos los antepasados vinieron de otra parte. Casi todo lo inventaron los demás. Y lo que somos será efímero en la tierra que pisamos. ¿De dónde somos, más allá de la casa, la calle y el barrio? Al margen de lo que alumbran las instituciones, no hay más que oscuridad y el furor de las pasiones.

 

¿Existe una identidad nacional esencial, preinstitucional, prepolítica? ¿O es solo una ilusión seudorreligiosa, un manejo político, una variedad de autoengaño y fanatismo?

 

 

Las ideas de nación, nacionalidad, nacionalismo

 

¿Qué es la nación? Aparte romanticismos, la nación es siempre el producto resultante del Estado. Las naciones son construcciones históricas, organizaciones socioculturales y políticas complejas.

 

Donde no hay Estado, no hay nación. El Estado es el aparato central que organiza a la nación: la constituye como tal. Puesto que no existen naciones previas a la organización estatal, la idea de nación solo puede aplicarse correctamente al Estado-nación. Suponen una inconsistencia lógica e histórica, además de una necedad, esos constructos de "nación de naciones" o "Estado plurinacional", verdaderas perlas del filibusterismo intelectual

 

¿Qué es la nacionalidad? Se refiere a la pertenencia jurídica a un Estado ("nacionalidad española"), es decir, indica el derecho de ciudadanía.

 

En algunos usos se da una tergiversación del concepto, al desviar su signi­ficado desde la pertenencia jurídica a un Estado (como ciudadano, como súbdito), a una imaginaria pertenencia a una entidad previa al Estado, presuntamente fundada en lo que llaman etnia o etnicidad.

 

 

La noción de etnia o etnicidad

 

¿Qué es una etnia? Propiamente alude a una organización sociocultural preestatal, es decir a una tribu. Pero es un concepto confuso: fue biológico; luego bio-cultural. Hoy, al definirla en términos culturales, solo se consigue disolver el concepto.

 

En realidad, es un término que sigue comportando, de manera vergonzante, la idea de raza, aunque trata de evitar la palabra. Cualquier pretendida identidad etno-biológica no pasa de ser una ilusión racista, tan sin fundamento como el tradicional concepto de "raza", hoy expulsado del estudio científico de la diversidad genética humana.

 

En cuanto a la "identidad cultural", en la medida en que se define como configuración esencial e intrínseca de una población, recae inevitablemente en una nueva variante de racismo (etnicismo, particularismo cultural).

 

La identidad étnica/cultural carece de componentes reales que autoricen una definición consistente en todos los casos. Pues ¿qué mismos rasgos definen una identidad cultural? Se suelen invocar: la raza, la lengua, la religión, las costumbres. Repasemos cada uno de ellos, para comprobar cómo la realidad no cuadra, prácticamente en ningún caso, con lo que de hecho se reclama o etiqueta como una "identidad cultural".

 

Ironía: Los vascos actuales se parecen más a los andaluces actuales que a los vascos de hace un siglo. Porque los vascos del siglo pasado a quienes de verdad se parecían era a los andaluces del siglo pasado.

 

 

Qué es el nacionalismo

 

El nacionalismo consiste en un movimiento sociopolítico de afirmación nacional-estatal, así como la ideología que lleva consigo. También se aplica a la maquinación sociopolítica de un sector social que aspira a formar un Estado, con el objeto de someter al conjunto de la sociedad a su particular y sectaria visión de la "nación".

 

Cabe distinguir modalidades de nacionalismo, que tienen significado dispar e incluso contradictorio:

 

- En sociedades preestatales y coloniales: el nacionalismo contribuye a la formación del Estado naciente, integrando los segmentos socioculturales diversos. Aquí se trata de un nacionalismo agregador.

 

- En sociedades culturalmente homogéneas: el nacionalismo es innecesario, o bien reafirma las diferencias frente a naciones vecinas.

 

‑ En sociedades pluralistas cultural y políticamente: el nacionalismo promueve la segregación en función de las diferencias, o la eliminación de las diferencias y, en su forma extrema, conduce consecuentemente al fascismo, esto es, a la imposición violenta del "espíritu del pueblo".

 

Es propio del nacionalismo exaltar los sentimientos particularistas, sacralizarlos, hasta convertirse en una religión perversa, que alimenta el fanatismo.

 

La "solución nacionalista" propone, más o menos camufladamente, una política de segregación estatal/territorial y de homogeneización interna, liquidadora de la variedad cultural existente en la sociedad. Evoquemos el caso no tan lejano de la antigua Yugoslavia... Y es que la "solución nacionalista" niega, por principio, el pluralismo cultural, ya que lo considera como contaminante y degradante para la pureza identitaria.

 

El nacionalista suele (en contra de lo que finge) ignorar la historia. La reescribe como mito, falseando los hechos. La entidad nacionalista, presuntamente dotada con una identidad cultural propia, homogénea y permanente a lo largo del tiempo, es siempre una invención imaginaria.

 

La estrategia de los movimientos nacionalistas presenta dos fases típicas: 1ª, la liquidación de la disidencia y las diferencias socioculturales; 2ª, la expansión territorial y la anexión de zonas limítrofes.

 

 

Los mitos del nacionalismo étnico

 

La ideología nacionalista presupone que hay una "identidad étnica" originaria, que vincula un territorio con una raza/etnia, que esta constituye una nacionalidad/nación, la cual derecho a formar un Estado propio. Esta argumentación lírica pretende establecer un encadenamiento metafísico entre etnia → nación → Estado, cuando lo cierto es que no responde a ninguna ley o necesidad histórica. Por el contrario, ese secuencia es sistemáticamente refutada por los procesos históricos de la formación del Estado, desde el origen de los Estados prístinos hasta la mayoría de los Estados contemporáneos. Lo normal es que el Estado forma la nación unificando las etnias. La mentalidad nacionalista, a veces, rinde culto además al vínculo ancestral/mítico/sagrado del pueblo con un territorio, cuando no es más que una contingencia histórica documentable.

 

En resumen, la pretendida vinculación eterna de territorio-población-cultura-Estado, en todos y cada uno de los eslabones, carece de necesidad histórica y pertenece al ámbito de la mitología. Queda bien en el folclore, pero resulta detestable cuando se utiliza para atizar discordias.

 

 

No todos somos nacionalistas

 

Los nacionalistas creen que todos los demás también son nacionalistas, aunque de otro signo, de otra nación. Nada más falso. Uno puede pertenecer a un Estado-nación sin defender ningún nacionalismo. Solo el nacionalista (por su nacionalismo) es contrario al pluralismo sociocultural, en la medida en que pregona la identidad/homogeneidad cultural. En cambio, un Estado pluralista no es, por principio, "nacionalista", por cuanto ampara la heterogeneidad cultural. Solo el nacionalista fanático, en su simpleza, concibe que obligatoriamente todo el mundo tiene que ser nacionalista de un signo o de otro: si no eres "catalanista", tienes que ser "españolista".

 

 

El nacionalismo es una ideología racista

 

Toda ideología nacionalista implica un racismo larvado, que discrimina a los otros, no nacionalistas, a quienes el filibusterismo intelectual asimila a una "raza" maldita:

 

­- Invoca principios de organización social "naturales" o "históricos" (derechos naturales, derechos históricos), cuya existencia o vigencia carece de todo fundamento en la naturaleza y en la historia.

 

­- Es instrumentalizado por una clase o vanguardia social hegemónica, o con pretensiones de serlo, que se presenta a sí misma, abusivamente, como portavoz del conjunto social.

 

­- Difunde una visión particularista, opuesta al enfoque humanista, generalmente sectaria debido a su miopía con respecto a la humanidad.

 

­- Si la ocasión se presta, manipula la religión en un sentido contrario al mensaje de los orígenes (al menos en el caso del budismo y el cristianismo). Pues pervierte el sentido universalista para respaldar la presunta singularidad de un "pueblo" particular.

 

-­ Obstaculiza el proceso de unificación planetaria de la humanidad, promoviendo un localismo enfermizo, rechazando el pluralismo y el mestizaje cultural.

 

Algunos objetarán que ellos no son racistas, que el nacionalismo que postulan se funda solo en una identidad cultural. ¿Cómo interpretar este nacionalismo tan bienintencionado?

 

Hay que responder que tal "identidad cultural" y tal "nacionalismo", en la medida en que es homogeneizador y excluyente, constituye una forma contemporánea de racismo. Porque puede incluso llegar a manifestarse explícitamente como antirra­cista (reconociendo que los otros no son racialmente inferiores y que las diferencias son solo culturales), pero luego, sin duda, añadirá que cada cultura tiene "derecho a la diferencia" y, por tanto, a mantenerse pura y separada... El discurso de este racismo, aparentemente antirracista, efectúa tácita y arteramente las siguientes operaciones:

 

- En vez de hablar de "raza", que está mal visto, habla de "cultura"; y así sustituye la pureza racial por la identidad cultural auténtica.

 

- En vez de defender la "desigualdad" (entre las razas), cosa mal vista, defiende la "diferencia" (entre las culturas), con el mismo sentido discriminador: sustituye el desprecio a las razas consideradas inferiores por la fobia al contacto y el mestizaje con los de otra cultura.

 

- A veces encubre el discurso de rechazo y odio al diferente bajo un discurso (heterófilo) de aparente reconocimiento del otro, afirmando que tiene derecho a la diferencia; pero esto puede ser una forma sibilina de condenarlo a permanecer aparte.

 

- Es un racismo encubierto, indirecto, implícito, simbólico... pero que siempre persiste en esencializar las diferencias y en servir de coartada teórica al rechazo de la igualdad humana y de la integración pluralista.

 

 

Lógica clasificatoria

 

El pensamiento humano opera básicamente de forma taxonómica, clasificatoria. Sus mecanismos imponen un orden al mundo y la sociedad, encuadrando todas las realidades que observa en categorías diferentes, cuya correspondencia con la realidad en sí de las cosas es frecuentemente arbitraria. Procede automáticamente seleccionando algún rasgo distintivo (o endosándolo) y utilizándolo para la clasificación, a la vez que prescinde del resto de los caracteres constitutivos presentes. Ahora bien, esto significa que, si no se desarrolla un nivel más general de reflexión, análisis y crítica, la racionalidad solo será aparente, porque habrá degenerado en racionalización justificadora de cualquier mentira.

 

 

Nacionalismo e izquierda

 

En la historia de la izquierda política, que originalmente afirmaba ser internacionalista, la asunción de los planteamientos nacionalistas es tardía y bastante absurda. Quizá se deba al fracaso revolucionario previo a la primera guerra mundial, por un lado. Por otro, al "socialismo en un solo país" proclamado por la antigua Unión Soviética. Y, desde la transición democrática española, a estrategias electoralistas, si es que no a cierto género de resentimiento histórico.

 

La "izquierda" llega a ser tan autocomplaciente que no percibe lo contradictorio de sus comportamientos respecto al nacionalismo. Solo un ejemplo: defiende a los inmigrantes que vienen de otros países, lo que supone una opción por el mestizaje, mientras que, al mismo tiempo, apoyan o disculpan a los nacionalistas radicales, que se proponen la exclusión de los diferentes y la homogeneización cultural...

 

 

Nacionalismo y teología

 

Remontándonos por un instante a las fuentes, el evangelio cristiano se presentó como un mensaje antizelota o, lo que es lo mismo, antinacionalista: "haced discípulos a todos los pueblos" (Mateo 28, 19: μαθητεύσατε πάντα τὰ ἔθνη). No se trata de conquistar ni de someter more agareno, sino de enseñar y persuadir sin instrumentalizar las diferencias.

 

Por el contrario, las ideologías nacionalistas, siempre avatares religiosos, resucitan el mito arcaico y narcisista del "pueblo elegido" (abandonado por el cristianismo, al abrir sus puertas a los paganos), sea cual sea la expresión equivalente con la que se traduzca: "pueblo metafísico", "hecho diferencial", "identidad peculiar", etc. Tal es, por supuesto, el axioma predilecto de todos los credos particularistas, estructuralmente homólogos entre sí: el "comunitarismo", el "identitarismo", el "multiculturalismo", el "indigenismo", el "feminismo" y las restantes formas de sectarismo que probablemente nos estarán viniendo al pensamiento en estos momentos.

 

 


Artículos de Ensayos de Filosofía citados:

- La identidad cultural, pervivencia del totemisno

 

- La identidad, bajo sospecha

 

- Conceptos contra el multiculturalismo

 

- No hay razas, pero abundan los racistas

 

 

Gómez García, Pedro
"Las falacias del nacionalismo", Ensayos de Filosofía, nº 8, 2018, semestre 2, artículo 1
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