Ensayos de Filosofía
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 Número 4, 2016, semestre 2, artículo 1
 
Publicado 01 julio 2016


Resumen

La pregunta de partida más obvia es si la religión constituye un sistema inherente a la especie humana, expresado mediante diferentes registros. Por ello, conviene indagar su anclaje bioantropológico, es decir, el enraizamiento de la religión en la naturaleza humana, entendida como resultado de la evolución biológica.


Temas

naturaleza humana

religión

religión y adaptación

sistema religioso

teoría de la religión



Bibliografía

Dawkins, Richard

2006 El espejismo de Dios. Madrid, Espasa Calpe, 2007.

 

Estrada Díaz, Juan Antonio

2015 ¿Qué decimos cuando hablamos de Dios? La fe en una cultura escéptica. Madrid, Trotta.

 

Feuerbach, Ludwig

1841 La esencia del cristianismo. Salamanca, Sígueme, 1975.

1845 La esencia de la religión. Madrid, Páginas de Espuma, 2005.

 

Rappaport, Roy A.

1999 Ritual y religión en la formación de la humanidad. Madrid, Cambridge University Press, 2001.

 

Ries, Julien

1981 Lo sagrado en la historia de la humanidad. Madrid, Encuentro, 2014.

 

Smith, Huston

1991 Las religiones del mundo. Barcelona, Kairós, 1999.

 

Wilson, Edward O.

1978 Sobre la naturaleza humana. Madrid, FCE, 1983.

1998 Consilience. La unidad del conocimiento. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1999.

2012 La conquista social de la tierra. Barcelona, Debate, 2012.

 

La religión y la naturaleza humana

"La espiritualidad, al igual que la poesía o el arte, constituye una ventana

complementaria a la ciencia para contemplar la realidad."

Trinh Xuan Thuan

 

¿Tiene sentido seguir tratando sobre la religión, como si, después de tantos siglos y tan eminentes pensadores aplicados al empeño, hubiera aún algo nuevo que decir? A pesar de todo, me parece necesario, porque, en estos tiempos de masivo escepticismo, han perdido su vigencia no solo los estudios realizados con espíritu hagiográfico, sino también las críticas lanzadas desde un progresismo engreído y jactancioso. Hay que insistir en los enfoques más atentos a los hechos y considerar la religión desde un pluralismo de enfoques convergentes, como objeto de estudio de las ciencias humanas, de la historia y de la filosofía. Aunque, al empezar a hablar de religión, en seguida comprobaremos hasta qué punto nos hallamos presos del lenguaje, inmersos en una maraña de literatura y conversaciones, atrapados en un laberinto de malentendidos, equívocos y prejuicios con los cuales no habrá más remedio que lidiar.

 

En el contexto de estos tiempos agitados, la problemática tocante a la religión ha irrumpido con insistencia al primer plano de la actualidad. No es tan solo una cuestión académica, sino uno de esos temas con implicaciones sociopolíticas nacionales e internacionales, que levantan pasiones, ante los que casi nadie permanece indiferente. Unos y otros toman partido. Un hecho que llama la atención es la fuerza con que han salido a la palestra no pocos antagonistas de las creencias y las instituciones religiosas. Así ocurre cada vez más también en España, si bien lejos del nivel alcanzado por la polémica en otros países de Europa y en Estados Unidos.

 

 

Queda mucho por investigar

 

A modo de declaración metodológica preliminar, diré que estoy convencido de que en ciencias humanas y filosofía no hay más remedio que recurrir a una pluralidad de herramientas teóricas, gracias a los cuales avanzar en una constante interacción entre el mundo exterior de lo estudiado y el mundo interior del investigador, poblado de conceptos, esquemas, conjeturas y teorías, enmarcado en los supuestos tácitos de un paradigma subyacente. El trabajo pende de la laboriosidad de un cerebro adiestrado, a lo largo de muchos años, en la interminable tarea de tejer y destejer textos. Confío en que una mirada compleja posea la virtud de volver la realidad un poco más inteligible.

 

Al abordar el desarrollo de la temática, el punto de partida más obvio es que la religión, en la medida en que esté justificado hablar en términos tan generales, constituye un comportamiento propio de la especie humana, expresado en diferentes registros. En consecuencia, conviene indagar, en primer lugar, su anclaje bioantropológico, es decir, el enraizamiento de la religión en la naturaleza humana, entendida como resultado de la evolución biológica.

 

Es necesario, además, centrarse en la religión como sistema sociocultural, en su estructura, función y evolución, puesto que la condición humana solo se realiza en el terreno de la historia y despliega sus configuraciones por medio de la cultura. No cabe obviar ni omitir que, más allá de los genes y más acá de las personas, existen sistemas culturales y evolución cultural.

 

Al mismo tiempo, conviene observar el modo de operar la religión a escala individual, pues el individuo no se limita a ser un espécimen de la especie natural, ni tampoco un clónico socio de su cultura, sino que cuenta con un ámbito propio de autonomía.

 

Al tratar sobre esta temática, habría asimismo que prestar atención a la reiterada e irresuelta polémica entre ciencia y religión, por más que casi siempre se resienta de un mal planteamiento por ambas partes. En efecto, sorprenden esas mesnadas de científicos que se han lanzado a una yihad en pro del ateísmo, con un paradójico uso anticientífico de la ciencia.

 

Finalmente, sería conveniente preguntarse, aunque fuera sumariamente, por el papel que podrían desempeñar las religiones con respecto a los grandes problemas contemporáneos que aquejan a la humanidad.

 

Nadie negará que el pensamiento sobre la religión está enormemente necesitado de clarificación desde los conceptos y los términos más básicos. Las palabras más elementales del lenguaje religioso, como la fe, lo sagrado, lo divino, aparecen tan gastadas y, a veces, tan sobrecargadas emocionalmente en positivo o en negativo, que parecen haber perdido todo su significado común y válido para la mayoría de los hablantes. De ahí que abordar el estudio de la religión y debatir sobre ella resulte algo así como adentrarse en un peligroso campo de minas. Hay que ir con sumo cuidado. Desde los prolegómenos y los primeros pasos, la mínima disciplina exigible implica una buena disposición a tomar conciencia de los propios prejuicios, abordar los temas con un tratamiento no neutro, pero sí lo más desapasionado, y con el empleo de métodos que favorezcan la mayor objetividad posible.

 

En este texto solo aludiré a los primeros objetivos enunciados, dejando para otras ocasiones propicias el reflexionar sobre los siguientes. Para comenzar, la cuestión más básica y primaria que hay que plantear es si la dimensión religiosa forma parte de la naturaleza humana y en qué sentido.

 

 

Naturaleza humana y religión

 

"Existe una naturaleza humana basada en la biología, y es relevante para la ética y la religión" (Edward O. Wilson1998: 386).

 

Es probable que la filosofía de la religión, tal como se ha formulado hasta hoy, no tenga nada interesante que decir ya en orden a una explicación realista de las religiones. Sus especulaciones sobre la "esencia" de la religión o sobre la "superación científica" de la religión se alejan bastante de lo que observamos en la realidad histórica y de lo que analizan las disciplinas antropológicas. Los defensores de las esencias metafísicas, de las críticas ideológicas y de los dogmatismos científicos continuarán su discurso, como continúan los charlatanes de feria. La insuficiencia de su vaniloquio está a la vista y no merece más atención.

 

La religión la encontramos siempre del lado de la cultura; sin embargo, viene potencialmente impuesta por nuestra naturaleza. Para el biólogo evolucionista Edward O. Wilson, "la predisposición a la creencia religiosa es la fuerza más poderosa y compleja de la mente humana y con toda probabilidad una parte inseparable de la naturaleza humana" (1978: 238). De alguna manera, la religión se ancla en estructuras generales provistas por el cerebro en cuanto órgano biológico natural. Lo que no significa que ahí esté preprogramado ningún contenido particular. Lo lógico es pensar que lo que esas estructuras imponen al mito o al rito es análogo a lo que el mismo cerebro impone al lenguaje articulado: esquemas y reglas sin las que no podría existir, pero absolutamente insuficientes para que exista, cosa que únicamente alcanza como realización social.

 

Según la neurobiología y la sociobiología, más allá de los datos que proporciona la información sensorial ordinaria, la actividad cerebral humana imagina y produce historias: "De modo análogo, la mente siempre creará moral, religión y mitología, y las dotará de fuerza emocional. Cuando se eliminan las ideologías ciegas y las creencias religiosas, otras se manufacturan rápidamente como sustitutos" (Wilson 1978: 278). Esta propensión biocultural es ineluctable, con independencia del contenido que vehicule.

 

Esto significa que la religión forma parte integrante de la naturaleza humana y, si esto es así, entonces la cuestión no radica en si alguien es religioso, o no, si no en cuál es su religión, se llame como se llame e incluso cuando no se le asigne nombre. La consecuencia que se sigue es que vivir humanamente implica aspectos religiosos de manera intrínseca e inexorable. El comportamiento religioso se da de hecho en el repertorio de los comportamientos humanos, aún en el caso de quienes no se adscriben a ningún sistema concreto o rechazan airadamente toda religión organizada. Algo así como no hay nadie que no sea sensible a la música y no canturree alguna vez, aunque no sepa solfeo y sin necesidad de pertenecer a un coro o tocar en una orquesta. Pues la música forma parte integrante de la naturaleza humana.

 

 

Selección natural

 

En la medida en que pertenece a la especie, el trasfondo bioantropológico de la religión es resultado de su evolución. Un autor como Edward Wilson, precisamente en su afán por naturalizar el hecho religioso, sostiene que:

 

"El proceso mental de la creencia religiosa -la consagración de la identidad personal y de grupo- representa predisposiciones programadas cuyos componentes autosuficientes se incorporaron al aparato neural del cerebro a lo largo de millares de generaciones de evolución genética. Como tales son poderosas, no se las puede erradicar, y se encuentran en el centro de la existencia humana" (Wilson 1978: 286).

 

Así pues, la disposición religiosa se originó en virtud de la selección de grupo que incidió en la consolidación de la cultura compleja de homo sapiens, porque favorecía "la unidad y la cooperación en el seno del grupo" (Wilson 2012: 261), sin duda en combinación con otros factores.

 

Ante la multiplicidad de respuestas potenciales inherentes a la capacidad de reacción "natural" humana frente a las situaciones de la vida (que a menudo supone la ausencia de una respuesta adecuada prevista), las tradiciones culturales del grupo y, entre ellas, especialmente la religión, ofrecen modelos de identificación o solución, marcados con grados variables de valor o de antivalor: unos para imitar, otros para rehuir. Así, los impulsos ciegos de raíz biológica no se expresan nunca directamente, sino que son mediados y encauzados socioculturalmente. Estos "impulsos", de orden cognitivo, emocional y práctico, arrancan de predisposiciones, propensiones automáticas y esquemas de reacción irreflexivos, pero que son susceptibles de remodelación, reorientación, complejificación, humanización.

 

 

Mecanismos adaptativos

 

La especie impone la necesidad de organizar una visión de la vida y un modo de interrelación con los otros y con la naturaleza, en virtud de ciertas propiedades adaptativas específicamente humanas. De manera que donde está la humanidad hay religión; y viceversa. Pues la religión se encuentra entre las "propiedades adaptativas universales" y privativas de la especie humana. Pero, igual que ocurre con la capacidad lingüística, que debe concretarse en un sistema de la lengua configurado socialmente, la capacidad religiosa no produce ninguna religión natural, sino que se desarrolla en los sistemas históricos.

 

La afirmación de la universalidad bio-cultural de la competencia religiosa no implica que haya una estructura peculiar o un área "religiosa" en el cerebro humano. Parece improbable y nadie ha demostrado que la religión cuente con circuitos neurobiológicos especiales. Basta con los mismos del pensamiento y el sentimiento: los de la cognición y la emoción que operan también en el conocimiento ordinario y en el científico. Sobre la base de estos mecanismos adaptativos, lo que varía es la modalidad de su discurso, sus métodos y su funcionalidad. Será interesante considerar la obra de Roy Rappaport, Ritual y religión en la formación de la humanidad (1999), para pensar a fondo las implicaciones de los elementos religiosos como respuesta adaptativa.

 

 

Teoría antropológica compleja

 

Las teorías de la religión reduccionistas y las impugnadas total o parcialmente son perfectamente descartables. En cambio, será muy interesante avanzar en lo posible hacia una teoría unificada de los sistemas religiosos humanos.

 

Una teoría de la religión no logra fundamentarse adecuadamente si no está inserta en una teoría antropológica bien planteada desde el punto de vista epistemológico. El sistema antrópico requiere un enfoque antropológico complejo:

 

1. Contemplar la especie desde la teoría de la evolución y la ecología, teniendo en cuenta los mecanismos biocerebrales que garantizan la adaptación, que imponen la adhesión al grupo y la necesidad de orden.

 

2. Considerar la sociedad a la vez como población de la especie y en la configuración cultural analizada por la antropología social. Los mecanismos culturales en relación con el ecosistema generan sistemas de ideas, percepciones e interpretaciones; generan sistemas organizativos, sistemas normativos de la práctica, sistemas estéticos y simbólicos.

 

3. Atender al individuo visto por la psicología evolutiva y en su actuación concreta, mediada por mecanismos psicoindividuales de orden cognitivo, emocional y comportamental.

 

Cabe diseñar una teoría de la religión que, remontándose a la naturaleza biológica humana, derive de ella la generación de reglas aplicables universalmente a todos los tipos de religión históricos. Ahí se podría comprobar la articulación entre naturaleza y cultura, la continuidad y discontinuidad entre ambos planos.

 

Los basamentos estructurales del fenómeno religioso los podemos descubrir en tres escalas de organización interconectadas, pero que no deben confundirse:

 

– Primero, la religión depende de un resorte de la naturaleza humana, como hemos señalado, probablemente consistente en ciertas reglas epigenéticas.

 

– Segundo, la religión constituye un universal cultural, de modo que está presente como subsistema en todos los sistemas sociales humanos y en ellos se particulariza históricamente.

 

– Y tercero, la religión aparece como una dimensión del desarrollo de la personalidad y en la experiencia individual, que puede asimismo compartirse colectivamente.

 

En realidad, solo existen las religiones históricas particulares, del mismo modo que la lengua es un universal cultural, pero solo existen los idiomas concretos.

 

Todos los subsistemas religiosos, en su diferencia, son tipos particulares pertenecientes al mismo orden, variedades de la misma especie, que expresan un pluralismo interno. Dependen de una predisposición de la naturaleza humana, modelada en el cerebro por la evolución. Dependen de una estructura fundamental omnipresente en toda sociedad humana y, a la vez, de las tradiciones e instituciones fraguadas y transformadas por los acontecimientos históricos.

 

En el plano cultural, quizá no esté del todo claro si la religión es un sistema específico, esto es, un sector del sistema social, o bien una dimensión presente en todo comportamiento socioantropológico. Esto último sería consistente con la posibilidad de que toda actividad humana esté relacionada con el sentido conferido en un marco de significaciones valoradas.

 

En lo tocante al sentido, queda sin resolución definitiva la pregunta acerca de su proyección fuera del hombre o su existencia con independencia del ser humano. El hecho es que es siempre un humano quien afirma el significado y, por lo tanto, es él quien lo proyecta de alguna manera. Sin embargo, esto no aporta un argumento concluyente contra la realidad del sentido, porque lo mismo ocurre en todo proceso de significación.

 

La religión en su forma concreta representa una creación humana de orden espiritual, del mismo modo que son creaciones humanas la lengua hablada, el arte y la técnica, la política y la economía, la familia, el juego, la literatura, la música y todos los demás componentes universales del sistema cultural, al que, por cierto, pertenecen también las teorías científicas. No se puede amputar ninguna de esas dimensiones sin que la humanidad sufra menoscabo.

 

La religión constituye, pues, un subsistema sociocultural complejo, en sinergia con los restantes subsistemas del sistema social. En cuanto cultural, anida en las mentes individuales. En cuanto social, interviene activamente en la escala de la sociedad donde los individuos interactúan de acuerdo con determinadas reglas compartidas.

 

La actitud religiosa está donde hay referencia (explícita o implícita) a una fuente de legitimación (santificación, adjudicación de sentido), en creencias, vivencias y prácticas individuales. Pero estas se inspiran y a la vez se plasman socialmente en sistemas de verdades (visión del mundo), sistemas rituales y sistemas normativos de comportamiento ético y político.

 

El hecho es que las creencias y las normas de carácter religioso o espiritual nos las imponemos los humanos a nosotros mismos, en última instancia porque son necesarias para sobrevivir, para vivir y para convivir. No son totalmente prescindibles. Aunque quepa discutir qué normas y qué creencias son preferibles. Frente a esta cuestión, tan utópica e incompetente puede ser la obcecación del conservador creyente como la doctrinaria ilusión del progresista ateo.

 

Queda pendiente dilucidar con mayor precisión aún qué hemos de entender por "religión", una cuestión que no tiene una respuesta simple y a la que solo es posible acercarse paulatinamente y desde diversos ángulos de observación y análisis.

 


Artículos de Ensayos de Filosofía citados:

https://www.youtube.com/watch?v=NNmGsrg6Ejo&feature=youtu.be

 

 

Gómez García, Pedro
"La religión y la naturaleza humana", Ensayos de Filosofía, nº 4, 2016, semestre 2, artículo 1
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