Ensayos de Filosofía
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 Número 9, 2019, semestre 1, artículo 6
 
Publicado 05 junio 2019


Resumen

En el presente trabajo nos acercamos tímidamente a la influencia de la imaginación en la indigencia. Por tanto, queremos destacar el papel que juega la imaginación ante los valores intrínsecos de una persona en una situación adversa.


Temas

caridad

conciencia

fe

fenomenología

imagen

imaginación



Bibliografía

Abbagnano, Nicola

1993 Diccionario de filosofía. México, Fondo de Cultura Económica.

 

Arendt, Hannah

2003 Conferencia sobre la filosofía política de Kant, introducción y edición a cargo de Ronald Beiner. Buenos Aires, Paidós.

 

Aristóteles

2008 Acerca del alma. Introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez. Madrid, Editorial Gredos.

 

Álvarez Ramírez, William

2015 "Las formas de la imaginación en Kant", Praxis Filosófica, 40: 35-62.

 

Borges. Jorge Luis

2002 Historia universal de la infamia. Madrid, Clásicos del siglo XX, El País.

 

Del Barco Collazos, José Luis

1979 "Sobre la teoría de la imaginación en la filosofía de Hume", Anuario filosófico,12: 131-143.

 

Marías, Julián

2017 Historia de la filosofía. Madrid, Alianza Editorial.

 

Sartre, Jean-Paul

1968 Lo imaginario. Psicología fenomenológica de la imaginación. Buenos Aires, Editorial Losada.

1984 La imaginación. Madrid, Editorial Sarpe.

 

Sciacca, Michele Federico

1961 La filosofía, hoy. Barcelona, Editorial Luis Miracle.

 

Unamuno, Miguel

1967 La agonía del cristianismo, mi religión y otros ensayos. Madrid, Editorial Plenitud. 

La imaginación ante la indigencia

Todos los días calle abajo transita un señor de color, de facciones normales, de pelo cano y trajeado, en su mano derecha porta una guitarra española cubierta por una funda. Casi al final de la calle ante un edificio que precisa subir dos peldaños desde la acera para llegar a la puerta principal, concretamente en la prolongación del primer peldaño, posiblemente para soportar un macetón con flores, y con esmerado cuidado se quita la chaqueta de pana marrón despacito la dobla al revés y luego la deja en el suelo, sentándose delante de dicha chaqueta. Más tarde procede a deslizar la cremallera de la funda para sacar la guitarra, que coge, y apoyándola en el muslo derecho, presiona la mano izquierda en el primer traste colocando los dedos en el acorde Do mayor; con la mano derecha posiciona entre los dedos índice y pulgar una púa y rasguea las seis cuerdas sin melodía alguna. La funda le sirve de soporte para las limosnas que los viandantes dejan a cambio de una melodía que nunca llega. El rasgueo de la guitarra hace que algunos le observen y depositen una moneda, otros siguen de largo; y otros ni siquiera miran al guitarrista. A veces se hace difícil la caridad humana. Caridad y fe o fe y caridad o como Unamuno decía (1967: 162): "La caridad no es cosa distinta de la fe; es una forma de esta, una expansión de la confianza en el hombre".

 

Inicialmente, fe y caridad deberían ser dos cualidades inseparables y concretadas en cada persona pero, resulta que hay personas con fe para sí y que la exteriorizan ante quienes las rodean, pero sin caridad para con las demás; asimismo, existe caridad en determinadas personas que no practican la fe. Esta dicotomía entre dos cualidades, en principio, separadas, pero que deberían estar unidas ¿por qué se ha producido?, ¿qué ha movido al hombre a sentirse justificado por su fe, inculcada por el medio social o su familia, a practicar la caridad por el sentimiento empático hacia a los demás? Será, tal vez, como escribió Borges (2002: 115) "que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe". Así, partimos de que lo entendemos, nos paramos a razonar que es verdad, pero cuando nos integramos en la sociedad cada cual cumple su rol, es difícil practicar al unísono fe y caridad, pero no imposible, por ello es la sociedad la que nos condiciona y nos hace ser u optar de una manera determinada.

 

Sin embargo -razona el guitarrista-, sé que eres un décimo de lotería que está ahí, para que alguien lo coja y con él pueda hacer realidad ilusiones absurdas. Realidades de dinero con las que nos engañamos a nosotros mismos para construir una felicidad que a veces nos ayuda a seguir creyendo por qué la fe es creer en algo, no hablamos de casualidades, sino de nuestro destino asumido con responsabilidad, o quien sabe inconscientemente.

 

No obstante, el guitarrista es objeto de atención de los que suben y bajan por la calle en espera del sustento, pero su mente no está en aquel lugar, sino lejos de allí, hace algo para ocupar su tiempo: tocar la guitarra, pero al unísono su mente imagina que se traslada a otro lugar. Hablamos de representaciones de algo que no existen o que no están presente de objetos imaginarios que quedan en nuestra mente. Lo que puede ser cuestionable es el motivo por qué quedan en nuestra imaginación, en algunos supuesto no podemos controlar, son objetos que se reproducen en nuestra mente sin provocarlos, algunos agradables, otros no, y en determinada coyuntura es algo superior que nos aleja imaginariamente de la realidad diaria a situaciones mentalmente distintas, pero ambas funcionan el mismo tiempo: actividad real del objeto imaginario.

 

Aristóteles (2008: 427b-429a, 224-229), definió la imaginación en los términos siguientes: "posibilidad de evocar o producir imágenes independientemente de la presencia del objeto al cual se refiere", que distingue de la sensación ("acto que coincide con la realidad misma del objeto") y de la opinión ("cualquier declaración, conocimiento o creación, incluya o no garantía de la propia validez"). Por tanto, inicialmente la imaginación representa lo que no se da inmediatamente ni puede ser captado directamente. En filosofía la imaginación se considera como "estrategia del alma" en cuanto es una facultad cognoscitiva (cfr. Abbagnano 1993: 652). El concepto proporcionado no cambió durante largo tiempo, pero su función ha resultado cada vez más compleja (cfr. Abbagnano 1993: 652). Así, Kant (1978: B151) citado por Arendt (2003: 143-144), señala que "la imaginación es la facultad de representar un objeto en la intuición incluso cuando este no se halla presente". Es decir, se trata de la aptitud de hacer presente aquello que está ausente, la facultad de representación. O bien "la imaginación es la facultad de tener intuiciones sin la presencia del objeto". La representación de un objeto que proviene de la experiencia (facultad productiva) es producto de la capacidad empírica de la imaginación productiva (cfr. Arendt 2003: 146 y 149). Como decíamos más arriba la imaginación no es más que una "facultad cognoscitiva" que se representa mediante símbolos o como "estrategia del alma" a través del conocimiento lógico determinado cuya función subyace en las facultades de la mente (cfr. Álvarez Ramírez 2014: 58-62).

 

La imaginación, por tanto, consiste en incorporar una información previamente adquirida por nuestros sentidos para crear una representación. La representación de un objeto se obtiene de la memoria ("posibilidad de disponer de conocimientos pasados"), porque es fiel a los recuerdos de una imagen o suceso vivido que ha quedado grabado en nuestra mente; por ello, existe relación entre la memoria e imaginación (cfr. Del Barco Collazos 1979: 133 y 140). No hablamos de un simple pasado, sino del acto de salir transitoriamente de una situación cotidiana a otra más favorable creando representaciones sin palabras. Lo discutible es si nos predisponemos a ello, o la situación nos lleva a imágenes percibidas con anterioridad.

 

En el año 1900 se publicó la primera edición de las Investigaciones lógicas (Logische Untersuchungen), que supuso la renovación de la filosofía llevada por el filósofo alemán Edmund Husserl (1859-1938), conocida por la fenomenología de Husserl. A su vez, la psicología que había sido influida por la filosofía dio origen al psicologismo ("actitud por la cual la filosofía se reduce a psicología") (cfr. Marías 1985: 368-369; Sartre 1984: 177-199; Sciacca 1961: 233-235). La fenomenología pertenece al vocabulario clásico, estudio identificado con una apariencia o con una ilusión, que el profesor Marías (1985: 370) ha catalogado como "una ciencia de objetos ideales".

 

La imaginación en Husserl, en lugar de estar integrada por sensaciones, se transforma en una actividad de la conciencia (cfr. Sartre 1968: 229-241); que, como el profesor Marías (1985: 372), ha señalado: "si veo una cosa, el verla es un acto de mi conciencia, pero si me doy cuenta del ver, tengo conciencia de haberlo visto". Así, la imaginación se proyecta a partir de la conciencia, cuando el objeto está presente entre nosotros, lo recibimos, pero cuando está ausente lo recordamos o lo imaginamos. La imaginación es un acto, una invocación interna porque es un pensamiento de un objeto y nunca el objeto a través de significados.

 

 

Domínguez Reyes, Juan Faustino
"La imaginación ante la indigencia", Ensayos de Filosofía, nº 9, 2019, semestre 1, artículo 6
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