Ensayos de Filosofía
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 Número 12, 2020, semestre 2, artículo 5
 
Publicado 20 agosto 2020


Resumen

En este artículo se abordan algunos aspectos filosóficos propios del romanticismo español, de base alemán, de la ópera prima del autor peruano Phool Andherson. Se trabajan los temas filosóficos clásicos, junto con las innovaciones propuestas, en diálogo constante con características filosóficas de algunos clásicos alemanes del siglo XIX.


Temas

Andherson

literatura

poesía

romanticismo



Bibliografía

Andherson, Phool

2019 Hay un poeta en mí. Lima, Autómata.

 

Flitter, Derek

1995 Teoría y crítica del romanticismo español. Madrid, Ediciones Akal.

 

Krumpel, Heinz

2001 "Ilustración, Romanticismo y Utopía en el siglo XIX. La recepción de la filosofía clásica alemana en el contexto intercultural de Latinoamérica", Signos Históricos, 3(6): 25-91.

Filosofía del romanticismo e innovación, en ‘Hay un poeta en mí’, de Andherson

Hay un poeta en mí, opera prima del joven escritor peruano Phool Andherson (Anderson 2019), aborda la problemática clásica de la constitución del poeta alrededor de su objeto de creación, la poesía. Este tema, que puede ser rastreado en el idioma español a la tradición romántica del Siglo XIX (Flitter 1995) y que ha sido prolífero también en distintas poéticas latinoamericanas del Siglo XX (Krumpel 2001), suele ahondar en la "experiencia" de la poesía y su papel determinante en cuanto a la constitución del poeta. Este estilo propio del siglo, se inspiró en el desarrollo del llamado Romanticismo alemán con figura de la talla de Goethe y Heine, que a su vez hunde sus raíces en los llamados autores del Idealismo Alemán. Entre las características más típicas de este pensamiento que se transmitieron a la poesía alemana y posteriormente a ciertos autores del Romanticismo español, se encuentran las siguientes.

 

Una necesidad vital de la búsqueda de los absolutos incognoscibles. Inspirados en la distinción fenómeno/noúmeno, muchos escritores alemanas versarán sobre el dolor que genera la imposibilidad de llegar al absoluto, así como la disolución y destrucción del hombre en ese arduo camino. El trato con el diablo, el suicidio, la ensoñación extrema, el amor como forma elevada de trascendencia del mero mundo aparente, serán solo algunos de los escapes metafísicos que se verán representados en esta tradición, todos como respuesta intuitiva del sujeto para poder llegar más allá del mundo fenoménico.

 

Al mismo tiempo, esta búsqueda de lo incognoscible estará regida por la Intuición como forma privilegiada de entendimiento del mundo, que se debe en parte a una doble reacción del idealismo. Por un lado, contra los ideales de la ilustración con el privilegio exacerbado de la razón, en especial la tradición francesa. Y por otro contra el empirismo clásico y la primacía de los sentidos como conocimiento del mundo, fundamentalmente inglés. Al primero le opondrán el vitalismo propio de la naturaleza, situando al hombre como parte del cosmos, y desarrollando la idea de correspondencia macrocosmos y microcosmos. La razón, que se opone a la naturaleza, no puede penetrar en las verdades místicas y fundamentales del universo. Las ciudades son un lugar viciado donde se sitúa la mundanidad y una burguesía o aristocracia decadente, que no tienen nada que ver con las nociones trascendentes de lo humano. Al segundo le opondrán el conocimiento suprasensible que no puede adquirirse a través de los sentidos, que son muy limitados. El saber de lo onírico, la maldad metafísica y sus representaciones simbólicas, las sustancias que amplían el mundo de las apariencias, el diálogo con la muerte, la indagación de lo inconsciente, entre otros, forman parte de esta forma de conocimiento distinta a los sentidos y la razón que es la intuición.

 

Como último aspecto importante en relación con este escrito, también hay que señalar la importancia de lo emocional como una forma de vivir en un mundo que tiende hacia lo vacío o frívolo. En este sentido, sentimientos como el del amor exacerbado y la soledad extrema son vivencias necesarias para el sujeto romántico que desea trascender una experiencia del mundo que es limitada.

 

Estas ideas pueden servir de apoyo para la lectura del autor aquí propuesto. La dialéctica poeta-poesía no se configura como una relación material entre el autor y su obra, que podría ser propuesta desde una lectura más marxista del acontecimiento literario, sino como una relación entre un sujeto que sólo llega a ser poeta a través de esta relación compleja que entraña con la poesía como idea. La poesía, entonces, trasciende su estatus de idea y se perfila en el acto creador tanto como causa y consecuencia de la forma escribir del yo lírico de Anderson. La poesía como acto, recrea y reinventa la tradicional Poesía eres tú, de Bécquer, en un te convertiré en poesía (Andherson 2019: 7). Es llamativo en este marco la diferencia que se establece a la hora de hacer alusión al término. La poesía con minúscula de Anderson es menos trascendente ciertamente, puesto que no es un ideal último a alcanzar como ser humano, sino que es una forma de vivir, la propia del poeta. Hacer poesía en este caso no se configura como una búsqueda del absoluto, sino como un leitmotiv necesario para afirmar la identidad del poeta. La certeza del yo lírico de su estatus de poeta solo puede reafirmarse en el acto creador de la poesía.

 

Este análisis podría llegar a la conclusión de que es la materialidad de la poesía lo que da el estatus al poeta. Y nos enmarcaría en una concepción de lo poético marcado por los circuitos de producción y circulación de la misma. Sin embargo, al ahondar en el Prefacio, donde se prefigura el nacimiento del poeta, encontramos precisamente que ese poeta nace de la muerte, en este caso de la muerte del amor que tan feliz lo había hecho. La poesía entonces vuelve a tener ese estatus del Romanticismo donde es la solución a la insuficiencia existencial del mundo de los sentidos y la razón. Ser poeta, entonces, tiene sentido y tiene una causa, pero ni uno ni otro pueden ser entendidos a través del tamiz de la razón. Por eso se recurre al sentimiento exacerbado del amor, que entra en íntima relación con la poesía misma. Solo a través de él es que se podrá desarrollar la poesía como tal, pero siempre apoyándose en el mismo concepto que servirá de hilo conductor a lo largo de la obra.

 

Y precisamente ese fallo e imposibilidad de llegar al absoluto tan presente en los desenlaces fatales del romanticismo (la muerte, el suicidio, la pérdida del alma, la violencia hacia los seres queridos), será reescrito por Andherson desde la resignación de la conciencia de la imposibilidad de la realización de la poesía sin aquello que le dio nacimiento, cuando señala que su amada no merece Ni que yo termine esta poesía (Andherson 2019: 12). La introducción de esta contradicción lógica oficia como un recurso crítico sobre la racionalidad que trata de operar sobre las emociones humanas que por mucho le exceden. El poeta se muestra ante el sujeto a partir del fin del amor, pero la poesía se niega a ser acto creador del todo a partir de aquello que hirió al mismo sujeto. La poesía resulta entonces terapéutica, lo que resulta nuevamente en contradicción pues en cada palabra el yo lírico revive esa felicidad perdida. El oxímoron del último verso negando el mismo cierre del poema, pone de manifiesto la misma condición humana de la tragedia romántica. El fin de la poesía se configuraría como el fin del poeta, y esta conclusión resultaría mortal para el sujeto.

 

La profundización de esta tragedia inaugural se ahonda en las siguientes páginas, donde la condición de existencia de la poesía resulta ser el mismo dolor que el poeta detesta y busca subsanar a través de ella. La obsesión del sujeto con esta poesía autodestructiva llega al límite en el cual pretende trastocar la imagen de la amada perdida en la de la poesía misma. Este esfuerzo titánico de conservar aquello que otrora dio cobijo, resulta irrealizable puesto que el sujeto romántico ya tiene las intuiciones definitivas de su destino. Intuye (y conoce) que no hay vuelta atrás, y opta entonces por la metáfora del esconderse. Esconde el pasado que irreverentemente se burla de él en sus propios versos, y busca desligarse en parte de esa poesía que lo condena. Finalmente, intuyendo que su condena está escrita, no la guarda para sí llegando al ensimismamiento autodestructivo más propio del delirio que busca la trascendencia, sino que socializa con el lector ese sentimiento, quizá como síntesis humana y superadora de una tragedia que, compartida, será al menos más liviana.

 

Estas breves notas pueden considerarse como una introducción al análisis de la ópera prima de Andherson, que pueden servir como brújula teórica a la hora de generar interpretaciones más críticas del texto. Los temas clásicos como la relación entre el poeta y la poesía son solo uno de los aspectos filosóficos de los que esta obra aborda, y siempre es lícito reconocer las filiaciones autorales y de estilo alrededor de los cuáles los distintos autores configuran el sentido de sus textos.

 

 

Zapico, Martín Gonzalo
"Filosofía del romanticismo e innovación, en ‘Hay un poeta en mí’, de Andherson", Ensayos de Filosofía, nº 12, 2020, semestre 2, artículo 5
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