Ensayos de Filosofía
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 Número 6, 2017, semestre 2, artículo 10
 
Publicado 20 octure 2017


Resumen

El objetivo de este artículo es animar un debate sobre los retos futuros en el campo de la medicina, entendiéndolos como retos interdisciplinares. Es decir, se pretende abrir una brecha en la hegemonía cientificista, para democratizar un futuro que nos afecta a todos, a saber, la evolución de nuestra especie.


Temas

CRISPR/Cas9

ética y genética

evolución humana

filosofía de la ciencia

ingeniería genética



Bibliografía

Darwin, C.

1981 El origen de las especies. Madrid, EDAF.

 

Foucault, M.

1988 "El sujeto y el poder", Revista Mexicana de Sociología, 50 (3): 3-20.

 

Ishino, Y. (y otros)

1987 "Nucleotide sequence of the iap gene, responsible for alkaline phosphatase isozyme conversion in Escherichia coli, and identification of the gene product", Journal of Bacteriology, 169 (12): 5429-5433.

 

Jinek, M. (y otros)

2012 "A programmable dual-RNA–guided DNA endonuclease in adaptive bacterial immunity", Science, 337 (6096): 816-821.

 

Mojica, F. J. (J. García-Martínez y E. Soria)

2005 "Intervening sequences of regularly spaced prokaryotic repeats derive from foreign genetic elements", Journal of Molecular Evolution, 60 (2): 174-182.

 

Ortega, J.

1996 La rebelión de las masas. Andrés Bello.

 

Shipman, S. L. (y otros)

2017 "CRISPR-Cas encoding of a digital movie into the genomes of a population of living bacteria", Nature, 547 (7663): nature23017.

CRISPR/Cas9 y el abismo de un nuevo ciclo interdisciplinar

En este artículo se introduce la técnica genética popularmente conocida como “de corta y pega”: la CRISPR/Cas9. A continuación se debate la injerencia humana en el proceso neutro y simple de la evolución: en una primera fase con lo que he llamado el freno de la medicina y en una segunda con la completa culturización de la biología. El objetivo fundamental de este artículo es abrir o animar un debate sobre los retos futuros, y no tan futuros, en el campo de la medicina, entendiéndolos como retos interdisciplinares. Es decir, este artículo pretende abrir una brecha en la hegemonía cientificista para democratizar un futuro que nos afecta a todos, a saber, la evolución de nuestra especie.

 

Empecemos por lo primero. ¿Qué es CRISPR/Cas9? Las regiones CRISPR (clustered regularly interspaced short palindromic repeats, en español: repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas) son trozos de DNA de bacterias y arqueas que se caracterizan por ser regiones cortas (de entre 20 y 40 pares de bases) y cilíndricas que se separan entre sí por un DNA espaciador. Aunque estas regiones se conocían desde hace varios años (Ishino et. al. 1987), fue el profesor Mojica el que descubrió su función. Son el sistema inmunológico de las bacterias (Mojica et. al. 2005) y funciona de la siguiente manera.

 

De manera ordenada encontramos en el genoma de las bacterias las proteínas Cas (CRISPR associated protein) seguidas de DNA espaciador, luego una región CRISPR, luego otro DNA espaciador, otra región CRISPR y así sucesivamente. Mientras que el DNA espaciador es poco relevante, las regiones CRISPR se corresponden con secuencias de virus que han infectado previamente a la célula. De tal manera, cuando un virus infecta una bacteria, este inyecta su DNA que, en una situación normal, se insertará en el genoma bacteriano para multiplicarse y acabar destruyendo la célula. Lo que ocurre con el sistema CRISPR/Cas es que antes de esta inserción, se transcriben (el paso de genoma a proteínas) las proteínas Cas que son helicasas (abren el DNA) y nucleasas (lo cortan). Este sistema de defensa estaría perdido y no sabría donde cortar a no ser por las secuencias CRISPR, que, al ser restos de virus anteriores, guían a estas proteínas hasta la destrucción del genoma viral. Incluso cuando un virus nuevo infecta a la bacteria (no habiendo regiones CRISPR porque no existe un precedente de la infección), el sistema de proteínas Cas es capaz de cortar DNA viral y guardarlo como región CRISPR para protegerse de futuras agresiones víricas.

 

Hasta aquí el trabajo era de investigación básica, sin embargo, las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier encontraron la forma de convertir este sistema inmunológico bacteriano en la “técnica del corta y pega” (Doudna, Charpentier et al. 2012). La proteína Cas da la opción de ser la tijera y las regiones CRISPR la guían hasta el lugar correcto (por emparejamiento de bases). Bastaba con cambiar la parte CRISPR por la región del genoma que estuviéramos interesados en cortar. Hasta aquí podríamos inactivar cualquier gen, pero si además añadimos a este complejo un DNA de doble cadena que sirva para insertarse después, ya tenemos el “pega”. Esta técnica ha alcanzado su culmen con la publicación en Nature, este 12 de julio (Shipman et. al. 2017), de un trabajo que consiste en la inserción de un GIF en un genoma bacteriano (codificando el GIF en pares de bases e insertándolas con la técnica CRISPR/Cas9) con un resultado de un 90% de eficacia en la descodificación.

 

Esta técnica inaugura un nuevo paradigma en la historia de la evolución humana con la derrota, al fin, de la evolución genética. Esta había ido sufriendo graves reveses con los grandes avances de la medicina y las técnicas de la higiene que vinieron poniéndose en marcha durante los dos últimos siglos. Ya no había selección natural porque se trataba de salvar a todos los individuos posibles. Se trataba de crear un ambiente lo suficientemente débil como para que nadie muera por su genética. Enfermedades y síndromes que hace diez siglos hubieran llevado al individuo a la muerte (es decir, a la no selección de su genoma por su no adaptación al medio) eran ahora salvados y capaces de reproducirse (con el consiguiente traspaso génico). Era el inicio de la culturización de la biología. Las ideas de los dos últimos siglos, sociales culturales y religiosas, habían provocado la intervención del hombre en el mecanismo sencillo y neutro (pero también sin piedad y demoledor) de la simple evolución genética.

 

Un ejemplo bellísimo de la intervención humana en este mecanismo lo da Darwin en una de sus observaciones para fundamentar su teoría de la evolución, sobre las mascotas y animales domesticados (ya que los humanos habían intervenido en su selección). Escribe: “En las plantas, este mismo proceso gradual de mejoramiento mediante la conservación accidental de las mejoras de los individuos (…) se puede reconocer claramente en el aumento del tamaño de (…) la rosa, la dalia y otras plantas” (Darwin 1981). Es decir, el contacto de estas plantas con el hombre había alterado, o mejor dicho determinado, su futuro evolutivo. ¿Cómo? La cultura del hombre le hacía buscar flores y animales más grandes de tal manera que estos fueron seleccionados. ¿Por quién? Por la cultura del hombre, que ahora lo abarca todo y selecciona a los organismos que cree que deben seguir en la línea evolutiva. Ya no hay adaptación al medio, hay adaptación a la cultura, que es ahora el medio.

 

Aunque en las plantas se pudo modificar y dirigir la evolución, sobre la propia especie humana el poder se asemejaba más a un freno. No ocurría, como en las plantas, que se dejaban morir a unos y se salvaban a otros de manera consciente y predeterminada. Simplemente se salvaba a todo el mundo, todos éramos seleccionados. Era la fase final del evolucionismo genético, ya fuertemente influido por la palanca o el freno de la cultura.

 

La importancia de la técnica de CRISPR/Cas9 es que es el volante que faltaba. Ahora ya podemos dirigir la evolución (se planteará en otros términos más cortoplazistas, pero afectará a toda la evolución) ¿Por qué tenemos que olvidar? ¿Por qué debe haber enfermedades? ¿Por qué no disminuimos el tiempo de la digestión? O mejor, ¿Por qué no generamos nuestro propio alimento? ¿Y si pudiéramos hacer la fotosíntesis? Muchas, demasiadas preguntas. Y al frente de este barco tenemos a un capital/capitán que dirige para tener más y más poder sobre la técnica. En nuestros días, la información es poder en potencia (pues el poder no se tiene, si no que se ejerce, como diría Foucault (1988)) y la técnica es el más alto grado y compacto de información. ¿Y quién rema? Un grupo de científicos que no hablan entre ellos sobre otra cosa que no sea remar. Que piensan que el fin último es el propio remar y no hay más. Les pagan para ello e incluso algunos consiguen cierta fama porque ser remero del barco de la ciencia goza de un inigualable prestigio. Pero ¿va todo esto de ciencia? Escribe Ortega:

 

“Pues bien, el hombre de ciencia actual es el prototipo del hombre-masa (…) El caso es que, recluido en la estrechez de su campo visual, consigue, en efecto, descubrir nuevos hechos y hacer avanzar su ciencia, que él apenas conoce, y con ella la enciclopedia del pensamiento. (…) Así, la mayor parte de los científicos empujan el progreso general de la ciencia encerrados en la celdilla de su laboratorio, como la abeja en la de su panal (…) Con cierta aparente justicia se considerará como ‘un hombre que sabe’ (…) Pero en política, en arte, en los usos sociales tomará posiciones de primitivo, de ingorantísimo, pero las tomará con energía y suficiencia, sin admitir especialistas de estas cosas” (Ortega 1996: 175-178).

 

Es así como se ha construido el hermetismo de un barco que ya no deja pasar a nadie más que a estas abejas y a su madre reina. Los pensadores parecemos estar destinados a despedir al Titanic si vamos a criticarlo o, si queremos subir, pagar el precio del conformismo que inunda parte de la filosofía de la ciencia.

 

Nuestro primer paso es desmontar la idea de la neutralidad de su viaje. No es cosa de ciencia. Escribe unas líneas más adelante Ortega que la producción científica de un biólogo, ocurre (o es, al fin y al cabo) su vida biográfica, y no puede escaparse de ahí (ibid.). Es al fin y al cabo cultura. La evolución biológica, en su mecanismo más simple y natural, ha sido primero alterado con el freno de la medicina y de la higiene para terminar ahora (con la técnica CRISPR/Cas9) con la completa culturización de la biología. Las decisiones que se tomen ahora en los laboratorios, en relación con los cambios a realizar en el genoma, no son más, o no son solo, preguntas de la ciencia. Son preguntas como: ¿De verdad es el autismo una enfermedad? ¿Por qué debemos modificarnos en ese sentido o en este otro? ¿Son las mejoras genéticas de las que hablas un reflejo de la sociedad en la que vives? ¿A quién benefician? ¿Se venderán? Ante el abismo de este nuevo paradigma, es hora de asaltar el barco de la biología y tomar el micrófono (que no el timón, eso deberemos discutirlo primero).

 

 

Correa Román, Javier
"CRISPR/Cas9 y el abismo de un nuevo ciclo interdisciplinar", Ensayos de Filosofía, nº 6, 2017, semestre 2, artículo 10
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