Ensayos de Filosofía
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 Número 1, 2015, semestre 1, artículo 2
 
Publicado 15 marzo 2015


Resumen

Durante la última fase del califato de Damasco, la polémica entre pensadores cristianos y musulmanes seguía muy viva. Prueba de ello son estas controversias entre un sarraceno (mahometano) y un cristiano, escritas por Juan Damasceno (hacia 740), especie de prontuario con el que argumentaba frente a los puntos de vista del islamismo.


Temas

cristianismo

historia de la Iglesia

islamismo

Juan Damasceno

religión



Bibliografía

Traducido teniendo a la vista los originales en griego y latín: Ιωάννου του Δαμασκηνού, Διάλεξις σαρακηνού και χριστιανού / Joannis Damasceni, Disceptatio christiani et saraceni: en Jacques-Paul Migne (ed.), Traditio Catholica. Saeculum VIII. Annus 756. Sancti patris nostri Joannis Damasceni monachi et presbyteri hierosolymitani Opera omnia quae exstant, et eius nomine circumferuntur. Tomus I. París, Apud J.-P. Migne Editorem, 1864: cols. 1585-1598. Migne Patrologia Graeca, vol. 94.

Controversias entre un sarraceno y un cristiano, de Juan Damasceno (traducción)

Juan Damasceno (675-749) fue un monje teólogo, filósofo y escritor sirio, proclamado doctor de la Iglesia. Pasó la mayor parte de su vida en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Allí estuvo dedicado al estudio y la escritura. En sus obras pretendió exponer y argumentar la doctrina cristiana de una manera sistemática. Pensaba que la filosofía y las ciencias debían estar al servicio de la teología, como instrumentos para una mejor comprensión de la verdad revelada. Son célebres y conservan aún cierta agudeza sus Controversias entre un sarraceno y un cristiano, cuya versión española se ofrece aquí, a partir de Ιωάννου του Δαμασκηνού, Διάλεξις σαρακηνού και χριστιανού.

 

damascenojuan

 

 

Primera controversia: Sobre cristología

 

SARRACENO. ¿Qué dices que es Cristo?

 

CRISTIANO. Es la Palabra de Dios. Porque en la Escritura se le llama Palabra, y brazo de Dios, y potencia de Dios, y muchas cosas así. Y según tu Escritura, ¿quién es Cristo?

 

(Entonces quizá quiera él preguntarte también algo, deseando así escapar de ti. Pero tú no le respondas hasta que haya respondido él a lo que le has preguntado. Así, se verá en la necesidad de responderte.)

 

SARRACENO. Mi Escritura lo llama Espíritu y Palabra de Dios.

 

CRISTIANO. Entonces, según tu Escritura, la Palabra ¿es creada, o increada? Si me dices que es increada, entonces me das la razón. Pues todo lo no creado, sino increado, es Dios. Pero si me dices que la Palabra y el Espíritu son creados, entonces ¿quién creó la Palabra y el Espíritu?

 

SARRACENO. Pues Dios mismo los creó.

 

CRISTIANO. Pero entonces, antes de crear la Palabra y el Espíritu, ¿estaba Dios privado de Palabra y de Espíritu?

 

(Cuando oiga esto huirá de ti, sin saber qué responder.)

 

 

Segunda controversia: Sobre la Palabra de Dios

 

SARRACENO. Las palabras de Dios ¿son creadas o increadas?

 

(Los sarracenos plantean estas cuestiones contra nosotros, más bien con la intención de demostrar que la Palabra de Dios es creada, y eso no es así. Pues si dices que son creadas, te dirá: "He aquí que tú también dices que la Palabra de Dios es creada". Pero si dices que son increadas, te objetará: "He aquí que todas las palabras procedentes de Dios son ciertamente creadas, y no son dioses. Tú confiesas que Cristo es Palabra de Dios, pero no es Dios". Por consiguiente, no le digas que es ni creada ni increada, sino respóndele lo siguiente:)

 

CRISTIANO. Yo confieso una sola Palabra de Dios, que es increada. Y a toda la Escritura no la llamo palabras (λόγια), sino dichos (ῥἠματα) de Dios.

 

SARRACENO. Entonces, ¿cómo dice David: "Las palabras del señor son palabras limpias" (Salmos 12,7).

 

CRISTIANO. Es que el profeta hablaba en sentido metafórico, y no en sentido literal, es decir, no con el significado exacto y directo de los términos.

 

SARRACENO. ¿Y qué quiere decir sentido metafórico y sentido literal?

 

CRISTIANO. El sentido literal indica una referencia cierta y exacta a la cosa; el sentido metafórico, una referencia inexacta.

 

SARRACENO. No puede ser que un profeta aduzca una referencia inexacta.

 

CRISTIANO. Entre los profetas es habitual hablar en sentido metafórico. Por ejemplo: "El mar al verlos huyó" (Salmos 114,3). Y he aquí que el mar no tiene ojos, pues no es un ser vivo. Y de nuevo el mismo profeta le habla como a un ser vivo: "¿Que te pasa, mar, que huiste?" y así sucesivamente. Y otra demostración de la hipótesis, cuando Dios dice a Caín: "Por eso te maldice la tierra que ha abierto las fauces para recibir de tu mano la sangre de tu hermano" (Génesis 4,11). He aquí que ahí se dice "fauces" en sentido metafórico. Y también: "Mi espada devorará carne" (Deuteronomio 32,42). Sin embargo, la espada corta, no come. Así, a los "dichos" pronunciados se les llama "palabras". Pero no son palabras, esto es, formadas interiormente solo en la mente o por la razón, sino que, como he señalado, son dichos.

 

 

Tercera controversia: Sobre la encarnación de la Palabra

 

SARRACENO. ¿De qué modo descendió Dios al vientre de una mujer?

 

CRISTIANO. Vamos a utilizar tu Escritura y la mía. Tu Escritura dice que Dios purificó a María por encima de todas las mujeres y descendió a ella el Espíritu y la Palabra de Dios (Corán 3,42 y 45-47; 19,17-22). Y mi Evangelio dice: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lucas 1,35). He aquí que ambos relatos coinciden en una sola voz y un solo entendimiento. Pero debes saber también que nuestra Escritura habla de descenso y ascenso en sentido metafórico, no en sentido literal. Mientras que entre los filósofos se dice descender y el ascender en sentido propio. Pues bien, Dios lo contiene todo y no es contenido por nada. Como dice un profeta: "¿Quién ha medido el mar con el hueco de la mano, el cielo a palmos y la tierra a puñados?" (Isaías 40,12). Pues bien, todas las aguas caben simplemente en la mano de Dios; y todo el cielo en su palma, y toda la tierra en su puño. Por tanto, ¿de qué modo ocurre que el mismo que lo contiene todo en su mano descienda y ascienda?

 

 

Cuarta controversia: Sobre la unión hipostática

 

SARRACENO. Si Cristo era Dios, ¿cómo es que comía, bebía y dormía, y fue crucificado y muerto y cosas así?

 

CRISTIANO. Anterior al tiempo, la Palabra de Dios que creó el universo, según lo testimonian las Escrituras, la mía y la tuya, él mismo creó de la humanidad de la santa Virgen un hombre perfecto, vivo e inteligente. Él fue quien comía, bebía y dormía. Ahora bien, la Palabra, en cuanto Palabra de Dios, no comió, ni bebió, y durmió, ni fue crucificada, ni murió, sino que la humanidad asumida de la santa Virgen es la que fue crucificada. Pues has de saber que Cristo posee doble naturaleza, pero una única sustancia (hipóstasis). Después de asumir la humanidad, la Palabra de Dios no es exterior sino que está unida sustancialmente, esto es, en su persona, no en su naturaleza. Porque no se ha agregado a la Trinidad una cuarta persona, después de la inefable unión con la humanidad.

 

 

Quinta controversia: Sobre la muerte de Dios

 

SARRACENO. ¿Vosotros decís que Dios murió?

 

CRISTIANO. No murió, si confiamos en lo que muestra la Escritura. Pues la Escritura dice sobre esto: La muerte natural viene contra el recuerdo de los hombres, dominando, esto es, sometiéndolo todo como en nosotros. Sin embargo, el primer hombre, que era perfecto, durmió y le fue extraída una costilla. No murió.

 

 

Sexta controversia: Sobre la terminación de la creación

 

SARRACENO. Supón que estoy herido en alguna parte de mi cuerpo, y la herida empieza a cicatrizar, y en la cicatriz se forma un gusano. ¿Quién lo ha modelado?

 

CRISTIANO. Como ya dijimos, después de la primera semana de la creación del mundo, ya nunca encontramos que Dios modele nada en absoluto, sino que con el ordenamiento que Dios estableció en la primera semana terminó la creación. Después de la caída, la tierra fue condenada a producir espinas y abrojos. Por eso mismo, nuestra carne fue condenada y hasta hoy produce piojos y gusanos.

 

 

Séptima controversia: Sobre la causa del mal y sobre la libertad humana

 

SARRACENO. ¿Cuál decís que es la causa de lo bueno y lo malo?

 

CRISTIANO. Afirmamos que Dios es la causa de todos los bienes, no de lo malo.

 

SARRACENO. ¿Y cuál dices que es la causa de lo malo?

 

CRISTIANO. La causa es nuestra indolencia y la astucia del diablo.

 

SARRACENO. ¿En virtud de qué?

 

CRISTIANO. En virtud del libre albedrío.

 

SARRACENO. ¿Cómo? ¿Tienes libre albedrío y puedes hacer lo que quieras?

 

CRISTIANO. He sido creado por Dios con libre albedrío.

 

SARRACENO. ¿Para qué?

 

CRISTIANO. Para hacer lo bueno y lo malo. Por esto, cuando hago lo malo, me castiga la ley de Dios; cuando obro lo bueno, no temo a la ley, sino que recibo de Dios honor y misericordia. De modo semejante, por el libre albedrío el diablo engañó al primer hombre, y este pecó. Y Dios dio la orden de expulsarlo. ¿Todavía arguyes contra mi preguntando qué es lo bueno y lo malo?

 

SARRACENO. He aquí que el Sol y la Luna y las estrellas son cosas buenas. Haz una de estas.

 

CRISTIANO. No lo digo en ese sentido. Porque lo bueno y lo malo lo obro en cuanto ser humano. Bueno se considera ciertamente la glorificación de Dios, la oración, la limosna y cosas semejantes. Malo es el adulterio y el robo. Si tú sostienes que tanto lo bueno como lo malo proceden de una decisión de Dios, resultará que Dios es injusto contigo. Y eso no es así. Puesto que si, como dices, Dios hubiere impuesto al adúltero cometer adulterio, y al ladrón robar, y al asesino matar, serían dignos de premio, pues habrían cumplido la voluntad de Dios. De ahí resultaría que tus legisladores y tus libros son falsos, por cuanto mandan castigar al adúltero y al ladrón, y ejecutar al asesino, que han cumplido la voluntad de Dios.

 

SARRACENO. Dime: ¿quién modela el feto en el vientre de las madres?

 

(Nos plantean este problema con la intención de mostrar que Dios es la causa de lo malo. Pues si respondes que Dios modela el feto en el vientre de las madres, el sarraceno te dirá: "Luego Dios coopera con el fornicador y el adúltero".)

 

CRISTIANO. Encontramos que la Escritura nunca dice que Dios haya modelado o creado algo, después de la primera semana de la creación del mundo. Si dudas de esto, muestra tú cualquier modelación o creatura producida por Dios después de la primera semana. Pero no podrás mostrar tal cosa. Todas las creaturas visibles fueron creadas en la primera semana. Dios modeló al hombre en la primera semana y le mandó engendrar y ser engendrado, diciendo: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra" (Génesis 1,28). Y el hombre como ser vivo posee un semen vital, y el semen se gesta en su mujer. Por consiguiente, el hombre engendra al hombre, como dice la divina Escritura: "Adán engendró a Set, Set engendró a Enós, Enós engendró a Quenán, Quenán engendró a Mahlalel" (Génesis 5,4ss) y así sucesivamente. Y no dice que Dios modeló a Set, o a Enós, o a cualquier otro. Por ende, comprendemos que son engendrados y que engendran hasta el presente. Así, por la gracia de Dios, quedó constituido el mundo. Desde entonces, toda planta germina y es germinada. Pues dijo Dios: "Que la tierra germine hierba verde" (Génesis 1,11). Y según el ordenamiento de Dios germina cada árbol, lo mismo que la hierba y la planta obtiene de sí misma la semilla y la capacidad de reproducirse. Pues la semilla de toda planta o hierba está animada y, al caer en tierra por sí misma o sembrada por otro, vuelve a germinar, no modelada por nadie, sino obedeciendo al primer ordenamiento de Dios. He aquí que, según lo que he expuesto, como yo estoy dotado de libre albedrío, allí donde siembro, ya sea en mi propia esposa o en otra, usando mi libertad, allí se gesta y nace obedeciendo al ordenamiento primigenio de Dios. No porque Dios lo modele y lo obre también ahora, cada día. Porque Dios, en la primera semana, creó el cielo y la tierra y todo el cosmos en seis días, y el séptimo día de descansó de todas las obras que se propuso crear, según testimonia mi Escritura.

 

SARRACENO. ¿Y cómo dice Dios a Jeremías: "Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de salir del seno materno te consagré" (Jeremías 1,5)? Se deduce que lo modeló completamente en el seno materno.

 

CRISTIANO. Adán tenía en el vientre la capacidad de dar vida y reproducirse, y por eso engendró a Set. De tal manera que Set y Enós y cada hombre precontenía en el vientre a su hijo, y el hijo igualmente engendró, hasta el presente. Aquello de "antes de salir del seno materno te consagré" se refiere a aquella que verdaderamente engendró hijos de Dios, según el testimonio del santo Evangelio.

 

SARRACENO. A quienes cumplen la voluntad de Dios ¿los llamas buenos o malos?

 

CRISTIANO. ¿Quieres decir que Cristo padeció sin quererlo? ... Si te digo que buenos, me dirás: Pues entonces acepta a los judíos, que cumplieron la voluntad de tu Dios.

 

SARRACENO. Sí, eso quería decirte,

 

CRISTIANO. A lo qué tú llamas voluntad, yo lo llamo tolerancia y longanimidad.

 

SARRACENO. ¿Cómo puedes demostrar eso?

 

CRISTIANO. Por la cosa misma. Porque, cuando tú o yo estamos sentados, o de pie, uno puede estarse quieto o moverse según su libre albedrío. Cuando Dios dice: "No robarás, no cometerás adulterio, no matarás" (Éxodo 20,13-15), ¿acaso quiere que robemos, que cometamos adulterio o que matemos?

 

SARRACENO. No. Si lo quisiera, no diría eso.

 

CRISTIANO. ¡Gloria a Dios, que lo reconoces! He aquí que coincides conmigo en que cualquiera de nosotros puede levantarse o moverse, y en que Dios no quiere que robemos, ni cometamos adulterio, ni matemos. Y si ahora yo me voy a robar o cometer adulterio o matar, ¿cómo le llamas a esto: voluntad de Dios, o más bien concesión, o tolerancia, o longanimidad?

 

 

Octava controversia: Sobre Juan Bautista y Cristo

 

SARRACENO. ¿Quién es mayor, según tú, el que santifica o el que es santificado?

 

CRISTIANO. Ya sé lo que quieres decir.

 

SARRACENO. Si lo sabes, respóndeme.

 

CRISTIANO. Si te digo que el que santifica, me dirás: Entonces ve y adora a Juan Bautista, que bautizó y santificó a tu Cristo.

 

SARRACENO. Sí, eso te quería decir.

 

CRISTIANO. Si te ocurre que estás con un siervo tuyo en el baño y te lava y te limpia, ¿Quién dices que es mayor? ¿Aquel pobre siervo, pagado con dinero, o tú, que has sido lavado por él y has actuando así como señor suyo?

 

SARRACENO. Digo que yo, como dueño, soy mayor que aquel que es sirviente mío.

 

CRISTIANO. ¡Doy gracias a Dios! Por lo tanto, entenderás que Juan, como siervo prestó su servicio a Cristo en el santo bautismo en el Jordán, en el que fue bautizado mi Salvador, el mismo que aplastó la cabeza de los que se esconden en las cavernas, de los dragones y demonios perniciosos.

 

(El sarraceno, al fin, impresionado y agotado, desistió y no puso más objeciones.)

 

 

De las controversias con los sarracenos, del mismo Teodoro, llamado de Abucara, obispo de Caria (en Siria), oídas de la boca de Juan Damasceno.

 

Sobre el judaísmo, el cristianismo y el islamismo

 

SARRACENO. Dime, obispo, ¿estaba el mundo bajo los ídolos, antes de que Moisés anunciara el judaísmo?

 

TEODORO. Completamente.

 

SARRACENO. Cuando Moisés enseñó el judaísmo, ¿cuál de las dos partes del mundo siguió la verdadera religión, la que abrazó el judaísmo o la que permaneció en la idolatría, rechazando a Moisés?

 

TEODORO. La que abrazó el judaísmo.

 

SARRACENO. Después, cuando vino Cristo y anunció el cristianismo, ¿cuál de las dos partes te parece que siguió la verdadera religión, la que abrazó el cristianismo o la que permaneció aferrada al judaísmo?

 

TEODORO. La que abrazó el cristianismo.

 

SARRACENO. Y cuando, pasado el tiempo, llegó Mahoma y anunció el islamismo, ¿cuál de las dos partes te parece que siguió la verdadera religión, la que abrazó el islamismo, o la que permaneció en el cristianismo, sin doblegarse a Mahoma?

 

TEODORO. La que permaneció en el cristianismo.

 

SARRACENO. Esta última conclusión que infieres no es consecuente con las premisas.

 

TEODORO. ¿Acaso es necesario que saque una conclusión de premisas falsas? Pues Moisés y Cristo fueron dignos de fe, no -como alguien puede pensar- porque predicaban y enseñaban, de tal manera que creamos a Mahoma porque predicó y enseñó, sino que fueron dignos de fe por las cosas que hemos escuchado de cada uno. Cuando Moisés fue enviado por Dios, le respondió a Dios: He aquí que voy y me dicen: "No has visto a Dios, ni Dios te ha enviado". ¿Qué haré? Dios le dijo: "¿Qué es lo que tienes en la mano?" Le contestó: "Un bastón". Entonces le dijo: "Tíralo al suelo". Y se convirtió en una serpiente (Éxodo 4,2-3). Y al agarrarlo, se convirtió de nuevo en bastón. Luego, le dice Dios: "Mete la mano en tu pecho. Lo hizo y la sacó cubierta de lepra" (Éxodo 4,6). La metió otra vez y la sacó sana. Y le dice Dios: "Si no los convence el primer signo, ni el segundo, convertiré el agua en sangre" (Éxodo 4,8-9). Por consiguiente, Moisés fue enviado, hizo esas cosas y creyeron en sus palabras en virtud de sus obras. ¿Sí, o no?

 

SARRACENO. Está claro que sí.

 

TEODORO. Cristo vino y confirmó que era enviado por Dios, no solo por el testimonio de la profecía de Moisés, sino que se hizo digno de fe mediante signos, prodigios y diversas manifestaciones de poder.

 

SARRACENO. ¿Como cuáles?

 

TEODORO. Fue concebido sin semilla, de una madre no unida a varón, y nació de una virgen. Convirtió el agua en vino. Luego, no ocultamente sino a plena luz, hizo cosas como estas: devolvió la vista a los ciegos, limpio a los leprosos, hizo andar a los paralíticos, curó toda clase de enfermedades, manifestó su divinidad en el monte, expulsó a los demonios, dio de comer a una multitud de miles de personas con unos pocos panes y peces, resucitó a los muertos como de un sueño y, en una palabra, restauró la naturaleza de los que habían caído. ¿Qué dices de esto, sarraceno? ¿Acaso se hizo Cristo digno de fe con menores signos que Moisés?

 

SARRACENO. En absoluto.

 

TEODORO. Así, pues, el que Moisés anunció y que con tantos y tan grandes signos demostró que había sido enviado por Dios, dijo a sus discípulos: "La ley y los profetas llegan hasta Juan Bautista" (Lucas 16,16). Quien tenga oídos para oír, que oiga. Pues entonces, ¿dónde está vuestro profeta? Está bien claro.

 

Castilla Hidalgo, Martín
"Controversias entre un sarraceno y un cristiano, de Juan Damasceno (traducción)", Ensayos de Filosofía, nº 1, 2015, semestre 1, artículo 2
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