Ensayos de Filosofía
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 Número 11, 2020, semestre 1, artículo 6
 
Publicado 15 marzo 2020


Resumen

En la actualidad existe una fe ciega, sutil y persuasiva en el ser humano. Se cree que la razón es el timón que coordina y orienta las acciones tanto de los individuos como de las sociedades. Este ensayo cuestiona, de algún modo, el protagonismo de la racionalidad.


Temas

Friedrich Nietzsche

Jürgen Habermas

locura

Michel Foucault

mito

razón



Bibliografía

Foucault, Michel

1982 "El sujeto y el poder", en Hubert Dreyfus, Paul Rabinow y Michel Foucault, Más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Buenos Aires, Nueva Visión, 2001.

1998 Historia de la locura en la Época Clásica. Biblioteca IRC. Edición: Proyecto Espartaco, Colombia.

 

Habermas, Jüngen

1989 "Entrada en la posmodernidad. Nietzsche como plataforma giratoria", en El discurso filosófico de la modernidad. Doce lecciones. Madrid, Taurus.

 

Nietzsche, Friedrich

1984 "La visión dionisiaca del mundo", en El nacimiento de la tragedia. Madrid, Alianza Editorial.

Breves apuntes sobre la tragedia y la locura

Introducción

 

La época actual se caracteriza por una fe ciega, sutil y persuasiva, en el ser humano: escenario en el que la razón es el timón que coordina y orienta las acciones de individuos como de sociedades. Tiempo de libre ejercicio y construcción de subjetividades. Es decir, se cree que los individuos, amparados en una "cultura que se ha tornado reflexiva" ejercen su libertad y gobiernan sus vidas (Habermas 1989). La razón se erige como único fundamento de ello, como el mecanismo esencial que guía sesudamente el accionar humano; aquella razón que había protagonizado la época moderna y, a pesar de sus tropiezos a mediados del siglo XX… hoy continúa en pie.

 

Este ensayo cuestiona de algún modo el protagonismo absoluto que tiene la razón en los tiempos actuales y, se contrasta con la idea marginal de la locura, a través de los siguientes textos: Entrada en la posmodernidad. Nietzsche como plataforma giratoria de Jürgen Habermas, El nacimiento de la tragedia de Friedrich Nietzsche, e Historia de la locura I y II de Michel Foucault. Se expone las perspectivas de cada uno de los textos, tomando como nudo de análisis el concepto de "no razón" de Nietzsche, expuesto por Habermas, junto al concepto de locura de Foucault, que cuestiona la razón y sus dispositivos de normalización sociocultural. El objetivo es, a partir de este diálogo, analizar los contrastes que existen entre las prácticas razonables y las prácticas de la "no razón" (locura) en la vida cotidiana de los tiempos actuales.

 

Las preguntas guías son: ¿existe algún tipo de relación entre la razón y la locura y viceversa? ¿Qué consideraciones ha merecido la locura a lo largo de la historia? ¿Es posible encontrar razón en medio de la locura y viceversa? En la actualidad, cómo se manifiestan estas dos formas de la subjetividad.

 

 

I

 

Nietzsche, en El nacimiento de la tragedia… cuestiona el principio de la Ilustración que ubicaba a la razón en la posición de Dios y la enfrenta volviendo al mito porque este sería su contrario. Vuelve al mito a propósito de atravesar y trastocar la razón de la ilustración, porque la entiende como el resultado de un impulso neurótico deseoso de conocimiento, que ha nacido porque, el ser humano ha abandonado la mitología a partir del nacimiento del monoteísmo cristiano y la aparición de los socráticos como fundadores de la razón que, en la época de la ilustración se ubica en una posición omnipotente. Nietzsche vuelca su mirada a la época en que la mitología reinaba el mundo griego, pero no para quedarse en esos laberintos, sino, para desde allí blandir una cuerda que anude todos los tiempos en un único punto centrifugo... dando lugar a una especie de presente continuo y eterno.

 

Me he preguntado cuál la función social de los santos y vírgenes que abundan en Latinoamérica (se pueden visualizar en las multitudinarias procesiones que sus fieles protagonizan). Para contestar aquello doy por especular sobre el hinduismo y su multiplicidad de Dioses, sobre el politeísmo griego. El monoteísmo quizá es totalmente insuficiente en relación con las infinitas necesidades psicosociales-espirituales que individuos y sociedades necesitan satisfacer hoy día: de manera que los santos y vírgenes y cuanta imagen ofrece el cristianismo católico posiblemente cumplen la función de esos dioses particulares, deidades afines a cada una de las realidades geográficas y sociales de los pueblos de América ¿Es en consecuencia una vuelta al politeísmo y al mito del que nos habla Nietzsche? No lo sé. Quizá estamos frente a una nueva realidad y en consecuencia a una nueva forma de la mitología.

 

Lo cierto es que Nietzsche tiende un puente entre la modernidad y la mitología. y da un salto sobre el periodo de dominio del cristianismo y observa que, el vínculo con el que el ser humano se remonta diariamente a la antigüedad mitológica es a través del arte, como elemento catalizador de las múltiples contradicciones del ser humano moderno. Pienso en el arte del cual Nietzsche habrá sido testigo: la música clásica, la poesía, la pintura, la escultura, el teatro trágico, etc. Y me pregunto qué hubiera sentido Nietzsche si hubiese tenido oportunidad de observar el tipo de arte que en la actualidad se presenta; quizá en un principio se hubiese alarmado un poco, pero al ver el estreno de una película o un concierto de rock al que asisten cien mil fanáticos, se hubiese alegrado y decepcionado a la vez. Alegrado porque ¿no es acaso un signo de mitología contemporánea esa especie de dioses de las pantallas y de los escenarios, que permiten regocijarnos en ellos y encontrar un lugar donde, por un instante nuestro yo concienzudo desaparece, y la parte dionisiaca fluye con soltura? Quizá también estaría muy decepcionado, no lo sé, porque el tiempo de estos espectáculos trascurre en una especie de presente efímero, momentáneo, embargado por la emoción, y luego, con amargura, todos volvemos a la vida trágica, real, a la vulgaridad cotidiana en el trabajo, en el hogar, a la vida razonada: apolínea.

 

Del mismo modo, para escapar de la tragedia podemos optar por sumergirnos en el mundo virtual, donde acontece otra forma de la "realidad", en la que nuestro doble funcional, habita, cohabita, crea y recrea espacios virtual-mitológicos, donde lo que se llamaba realidad pasa a segundo plano y la razón deja de ejercer su poder y da paso a una nueva posibilidad del mito, de la subjetividad. El instante en que trascurre nuestra vida constituye pues, un punto centrífugo donde confluyen todos los pliegues y anillos del tiempo y las dimensiones de la realidad, en el que puedo ser yo y mi propio mito a la vez: lejos de la razón. "La nueva mitología propone a la modernidad en discordia consigo misma entrar en relación con el caos originario, con lo otro de la razón" (Habermas 1989).

 

La no razón se presenta como el rasgar brutal de un fosforo, que se despoja de todo tipo de limites subjetivos y de la vieja concepción de lo real. El ser humano deja de vivir sujeto a las leyes establecidas por el deber, la moral, la razón (que lo ha limitado durante milenios), para convertirse en un elemento impulsado por lo dionisiaco —placer y éxtasis—. El arte y el mundo virtual son campos fértiles para ello… pero también las vidas desbocadas, las vidas relacionadas con la no razón, con el consumo de alcohol, las "drogas", la prostitución: el exceso. Espacio en el que el ser humano pierde de vista la ilusión de sí mismo y experimenta la transformación de su superficie como de su vida interior: sus viseras. "El arte solo abre el acceso a lo dionisiaco al precio del éxtasis, al precio de una dolorosa desdiferenciación, de la perdida de los limites individuales, de la fusión con la naturaleza amorfa, tanto dentro del individuo como fuera" (Habermas 1989).

 

Nietzsche se acerca a Dionisos y critica la razón con un sentido esperanzador, porque al negar la razón moderna niega también el positivismo; se remonta a la mitología y propone un nuevo tipo de ser humano amparado por Dionisos. Si por casualidad o causalidad, alguien ha traspasado los límites de la razón sabe bien que aquello de ir más allá de sus cadenas concienzudas, a través del consumo, por ejemplo, de plantas sagradas (enteógenos), tiene a su cuerpo como un medio y no como un fin, para emprender el viaje hacia la expansión de la conciencia. Y es que para ello el ser humano no necesita alejarse, sino más bien observar ese límite interior, más allá de la fe en la vida y en lo cotidiano, y acercarse al vacío… donde el tiempo y el espacio desaparecen en el interior de nuestras pupilas. La nada se presenta como única realidad, que desdibuja todas las construcciones del yo, la razón y la conciencia, para dar paso a un nuevo tipo de ser humano de características dionisiacas.

 

De manera que cuestionar la razón significa cuestionar la modernidad y el poder de la razón, y en consecuencia sus formas institucionales de Estado moderno. A pesar de ello, es innegable que la ciencia se ha levantado como máxima expresión de la razón, como una forma de estabilidad social y política, que ofrece (aun a la humanidad) cierta estabilidad, aunque ello signifique una forma de anestesiar el espíritu y alejarse de la condición humana.

 

Dar sentido a la existencia ha sido aquello por lo que el ser humano ha creado todo cuanto existe sobre la tierra; en el orden de la mitología, la magia, la razón, el arte, la filosofía y la poesía. Todo. Estamos pues, ante una serie de dispositivos, maravillosos, de evasión, de evasión y de fuga del vacío y la nada… Todo resulta válido en este proceso laborioso.

 

La razón no solo que ha limitado la acción del ser humano sino también, que ha configurado el tipo de ser humano que hoy domina a sus semejantes utilizando una serie de formas coercitivas: sobre los cuerpos, las prácticas y los saberes (psiquis). Porque evidentemente la diosa razón y la ciencia no han solucionado los problemas más elementales del ser humano y entonces acaso hay que derribarlas para que en su lugar se funde un nuevo tipo de sociedad, un estado nuevo de la conciencia en donde la utopía, el arte, la poesía, la virtualidad, el amor, la intuición, sean los elementos psíquicos y cuotidianos en los que se ampare. Y no solo que no han solucionado los problemas más elementales de la humanidad, sino también, como dice Bataille, la ciencia expresa "el productivismo industrial [y] una tendencia a la autodestrucción" (Habermas 1989).

 

Por otro lado, pienso que la manera de cuestionar a la razón se convierte en una actitud donde existe cabida para el vértigo y el juego, el espanto y el horror, la repugnancia, el deleite. ¿Qué otra manera de cuestionar a la razón si no con los horrores de la locura? Con ello se pone en cuestión aquella frase tantas veces repetida en las escuelas, que se emite para diferenciarnos de los demás animales. El hombre es un animal racional. Todo se desdibuja en el momento que dudamos que la razón sea una condición inherente al ser humano.

 

Todo es exceso, pulsión infinita, eterno devenir, y a la vez finitud: pero la sociedad no puede vivir con esas ideas y entonces, de cara a la tragedia de la existencia, le da crédito a la razón, a la ley, a la moral y el trabajo, a Dios. Plataformas de la angustia, el miedo, y la desolación universal. Pero la idea tampoco es negar lo uno y afirmar lo otro, sino proponer una especie de coexistencia entre el mundo de la locura y la razón, ser conscientes del abismo que nos rodea y de la delgada tabla que nos sostienen sobre lo infinito.

 

De manera que el nacimiento de la tragedia es llegar a tener conciencia de la fatuidad de la existencia humana, tener conciencia que bajo nuestros pies se encuentra el vacío eterno; tener conciencia de ello y saber también que hemos creado un mundo cultural que nos permite estar de pie y a salvo sobre el vacío y la nada. Vivir con un pie en el éxtasis y el otro en la realidad.

 

 

II

 

La locura ha estado presente a lo largo de la historia en las distintas sociedades humanas y se ha manifestado de diferente manera y por ende ha sido tratada de forma muy variada.

 

En la antigüedad la locura estuvo relacionada con los dioses (Dionisos, etc.), como transgresora de las leyes divinas, unida al incesto y al asesinato, al vino. En la edad media sus manifestaciones fueron consideradas un pecado, y se explicaba como la consecuencia de una posesión diabólica, cuya única forma de restablecer la cordura era el exorcismo. Solo a finales de la edad media la locura fue considerada una enfermedad mental. Y los locos fueron encerrados para su tratamiento o para aislarlos de la sociedad, de la razón.

 

Foucault, en Historia de la locura trata esta particularidad a partir de finales de la edad media y comienzos de la edad moderna. Parte de la enumeración de varios leprosorios de las ciudades europeas que en aquella época desaparecen para ser ocupados "por incurables y por locos" (Foucault 1998). Aquel tiempo histórico en el que desaparece la lepra, "la locura y el loco llegan a ser personajes importantes" (Foucault 1998) y se convierten en una amenaza para la razón. Nada más sensato que la expulsión y/o el encierro a toda forma de contaminación psicosocial (si se trata de la locura con más urgencia todavía, pues con su aparición lo que está en peligro es el poder de la razón). El carácter serrado de la razón se ve obligado a deshacerse de toda forma transgresora y libertaria que ponga en peligro su privilegio; porque la locura siembra tal confusión no en el loco, sino en el tipo que lo observa o lo examina, dando lugar a una cuestión invertida, los cimientos racionales del observador se tambalean, y no resultan tan sólidos como parecen. En tales casos, la exclusión social es el único camino y los medios que se utilicen para ese propósito son lo que menos han importado (hay que detenerlos); ya sean el encierro o el exilio, en naves imaginarias o reales, en barcos fantasmas o habitaciones confortables, eliminarla a pedradas o en un tribunal; lo único que interesa es deshacerse de la lepra mental, del borracho y del drogadicto, del fanático y del vagabundo, del desempleado y del fundamentalista: de los pobres.

 

Obedecer la ley, ser un elemento productivo para la sociedad y convertirse cada día en un mejor ciudadano, aceptar que el mejor de los sentidos es el sentido común y cultivar el bien, la bondad y la sensatez, y en ninguna circunstancia permitir que se desate el monstruo que se encuentra en el interior de cada uno, el monstruo dionisiaco: aquello es lo razonable.

 

Pero la locura podría enseñarnos algo… quizá mucho más que la razón; pues si la observamos un poco con detenimiento se burla de los sensatos que no podemos ir ni ver más allá de nuestras narices y nos conformamos con lo que aparentemente poseemos, un sentido común y una razón de vivir… El loco se acerca y nos enseña que estamos parados sobre una plataforma absurda que nos ofrece cierta seguridad en medio de este charco infinito del tiempo y del espacio, donde no somos absolutamente nada en el eterno devenir horizontal y ondulante. Por eso, el lugar de la locura es el confinamiento y el vagabundeo, ciertas lateralidades de la razón, el satanismo y la poesía, la ayahuasca y el montañismo, el aprendizaje y el derroche, porque a final de cuentas "la locura tiene también sus juegos académicos" y artísticos (Foucault, 1998). Se presenta a lo largo de la historia en las distintas ciencias y artes: Cervantes, Da Vince, Rafael, Buñuel, Sade, Goya, Einstein, Nietzsche, Rimbaud, Bretón, Van Gogh, Calígula, Poe, Beethoven, Newton, Hitler, Dalí, Castaneda. Cuya locura y obra han seducido al hombre moderno sobremanera, pues son los transgresores de la norma y creadores de fascinantes mundos, donde la libertad se levanta vigorosa y los sueños y pesadillas que aparecen en la mente del ser humano son tan atractivas y deseables como la realidad misma; porque en el fondo de todo "esta naturaleza de tinieblas fascina porque es Saber" (Foucault 1998). "Ese saber prohibido, sin duda predice a la vez el reino de Satán y el fin del mundo; la última felicidad es el supremo castigo; la omnipotencia sobre la Tierra y la caída infernal. "la Nave de los Locos" se desliza por un paisaje delicioso, donde todo se ofrece al deseo. Una especie de Paraíso renovado, puesto que el hombre no conoce ya ni el sufrimiento ni la necesidad" (Foucault 1998).

 

 

III

 

Más allá de este discurso, Foucault realiza una especie de estudio clasificatorio respecto de la locura en la época clásica (moderna) que se puede expresar, relacionándola con los tiempos actuales, de la siguiente manera:

 

1. La locura como forma relativa de la razón. Mirando un poco la época que analiza Foucault y tendiendo un puente espacio temporal para trasladarnos a los tiempos actuales, podemos observar que existe una mutua convivencia entre razón y locura, una delicada relación: ese impulso que el ser humano necesita para soportar esta vida e inventar una serie de hendijas para huir de la razón y del sentido común y, escoger a la locura como una especie de amante que equilibra el hondo desencanto que es esta prisión matrimonial con la razón. La razón se muestra como el sendero derecho, positivo, lineal, la locura muestra un camino empinado, en zigzag, lleno de senda sorpresivas, abismales.

 

¿Buscar el sentido de nuestra existencia, no será acaso un síndrome de locura? Creo que sí. Como pasajeros temporales que somos, buscamos dar sentido a nuestro transitar acudiendo a las bondades de la razón. Pero cuando esta no es suficiente, lo probable es que acabemos inventando otras formas de dar sentido, de habitar y cohabitar, de explicar lo que somos. La locura y la razón están presentes en la idea de objetivarlo todo, en la idea de subjetivarlo todo, en la ciencia y la filosofía, en la técnica y la poesía. Aspectos como la idea de felicidad total, el gozo, la religiosidad, la búsqueda de Dios, el optimismo en el futuro, son formas más cercanas a la locura que a la razón: pero han sido aceptadas por el espacio de la razón. Quienes no promuevan aquello son catalogados de irresponsable con su vida y con la sociedad. En lo cotidiano confluyen los caudales de estas dos formas de habitar lo humano, inseparables, y para tranquilidad de los habitantes de todos los pueblos de la tierra. se nutren mutuamente como dos hermanas siamesas.

 

Por ello, aquella aparente contradicción es ineludible, y aunque en la "practica" la una y la otra sean las caras de una misma moneda, es necesario establecer una línea entrecortada, fronteriza, real o imaginaria, para separarlas, donde cada una ejerza su soberanía. Llegar a la racionalización de todo lo que en el mundo existe me parece una tarea insensata, pero necesaria, como la locura. "La razón del hombre no es más que locura" (Foucault 1998). Y a pesar de que la razón se haya convertido en el elemento oficial que domina a los hombres, "sus días están contados", ha cumplido su función histórica y tienen que "desaparecer". Quizá los habitantes del siglo XXI podamos asistir y ver, a cierta distancia, el ocaso de la razón, y el nacimiento de mueva diosa, una inocencia niña que permita que este mundo fluya, se revitalice, vuelva a la mitología. "Ambas se afirman y se niegan" a la vez (Foucault 1998).

 

2. Una tarea invertida. "La verdadera razón no está libre de todo compromiso con la locura" (Foucault 1998). Qué sería de la razón sin la existencia de su otra mitad. Es inconcebible un mundo de eterna claridad… por lo que necesitamos los favores de la noche, de la oscuridad, así como los favores de la locura; desde una visión invertida. Qué sería de la razón sin el combustible desbocado que obtiene en la locura… Llama la atención la sensación del eterno fluir, aquel impulso que el ser humano tiene de crear e ir siempre hacia adelante; aquel impulso es locura en su máxima expresión, vital, coherente y razonable, pues de lo contrario nada más estéril que la conformidad de un hombre asomado a la venta mirando pasar el vaivén del tiempo lineal sin que intente mover un pie para ponerse en movimiento. En una visión trágica como esta parece que el hombre se convierte en un ser miserable que necesita de la locura para continuar, y quizá sí, quizá necesita de la locura porque hasta ahora la realidad y la razón han defraudado de tal manera que se vuelve necesario invitar, a que pase a nuestra casa (de la razón), a esta antigua, desinhibida, alegre y saltarina, visitante; y nos ponga en movimiento hacia campos coloridos y sicodélicos, azarosos y sorpresivos, hacia un campo cercano y posible, pequeño, lejos de las pretensiones totalizadoras de la verdad razonada. "La razón enviste a la locura, la cierne, toma conciencia de ella y puede situarla", nutrirse de ella: con ella (Foucault 1998).

 

Para encontrar a la razón hay que ponerse los ropajes de la locura, una especie de mascara tranquilizadora para que pueda desinhibiese y encontrar el impulso necesario que posibilite una razón alegre y sin ataduras. Sin duda, de tanta razón uno tiende a volverse loco, es decir, que en un momento dado uno termina confundiendo los métodos que cada una ellas utiliza porque quizá son muy difíciles de discriminar y cuando estamos aparentemente seguros de estar en la razón podemos estar caminando junto a la locura, y viceversa. Por ejemplo, en ciertos casos muy cotidianos, cuando hacemos memoria de los actos realizados durante todo el día no encontramos un ápice de razón en todo ello, parecemos autómatas de la realidad, de manera que nos asustamos y creemos estar locos cuando en realidad no ha habido un día de nuestra vida más cuerdo que el que parece haber estado investido de locura.

 

"Amaneciendo vendrás todos los días locura mía, no dejes de entrar en mi casa, vuélvete inmensa y verde realidad… líbrame de este sillón cómodo y ocioso que me ha conferido la razón…no dejes que me embrutezca la ciencia y sácame de quicio de vez en cuando."

 

Pienso ahora mismo en la ciencia y en los científicos, en sus experimentos como la clonación, y en el intento de conquistar el espacio y llegar a otros planetas, a otros mundos, pienso en todos los aparatos de la virtualidad y la tecnología, en la realidad virtual que han creado los científicos razonables (con el propósito de mejorar la vida de los habitantes de la tierra), pienso en todo ello y veo el rostro de la locura. Pienso también en algo cuotidiano: en el tipo que sueña con ser una estrella de rock y en el que quiere y está convencido de poder cambiar el mundo, en la adolescente que sueña con ser una gran modelo y miss universo, pienso en el hombre que sale a trabajar y en el trayecto sueña con días mejores y felices, en aquel que quiere dejar todo y largarse, en el que emprende un gran proyecto a sabiendas que no le alcanzará la vida para cumplirlo, etc., etc., pienso en todo eso y veo el rostro de la locura. Al atardecer aquel tipo cotidiano vuelve a casa con el rostro de la razón y "poco a poco la locura se encuentra desarmada, y al mismo tiempo desplazada; envestida por la razón, es como recibida y plantada por ella" (Foucault 1998). En fin…

 

3. Y ahora, una locura colmada de amor desenfrenado. Aparece aquí la locura con un rasgo y un campo de acción muy particular, viene ligada al desenfreno de la pasión y del amor, donde el homicidio, el suicido y la muerte son sus compadres ineludibles. Personajes del mundo literario como Cervantes y Shakespeare traen en sus obras personificaciones inundadas por el mundo de la locura y del amor, y nos muestran seres como el Quijote y su vida impulsada por la locura y el amor, y solo en al final vuelve a una aparente razón. Me parece muy importante aquella crítica que hace Cervantes a la razón a través de un personaje y nos muestra quizá un pasado histórico y un posible futuro lleno de desenfreno y locura. Esta es una locura ejemplar, "una locura que no necesita médico, sino la misericordia divina solamente" (Foucault, 1998). El amor desenfrenado no tiene ninguna posibilidad de forjarse razonado, su condena es en este caso la demencia. Pienso también en Rodión Románovich Raskólnikov, en el loco ejemplar de Crimen y castigo, donde el amor y la locura sus dos animales fieles.

 

Mirando desde fuera este tipo de locura demencial resulta algo totalmente vertiginoso y llevado al límite, pues para quien esta poseído por este tipo de espíritu no existe ningún tipo de obstáculo en el camino aquel de consumar el desbocado amor que se presenta como un impulso fundamental y que tiene que ser cumplido, y en aquella aventura que emprende para ser consumado pierde generalmente la razón y vida, y la ofrece gustosamente a cambio de un ligero acercamiento a la verdad última del amor. Podríamos pensar que la muerte ofrece una salida, que la muerte podría funcionar como una forma de escapar de la locura, "pero ni siquiera la muerte trae la paz; la locura triunfará aun" (Foucault 1998), por los siglos de los siglos.

 

Hay aquí un amor de contrabando, un ataque espiritual del amor al que no se encuentra otra salida que el barranco y la muerte. Pues la conocida frase de hay amores que matan, encaja de manera exacta. A pesar de que sea un amor desgraciado… no pierde en ningún caso aquella ilusión que viaja en busca de la luz del sur, aquella luz que sega y que finalmente mata y sin embargo se la enfrenta con los ojos de la locura bien abiertos. Los amores prohibidos, los amantes desdichados, la huida, el suicidio, la muerte constituyen el drama de los que han dejado todo por la ilusión de consumar un amor imposible, y por imposible loco. Quien es poseído por este viento del sur nada puede hacer para curarse, simplemente se convierte en una suerte de flecha enamorada lanzada al espacio que cuando llegue a tocar el suelo quizá vuelva a la razón, pero será demasiado tarde porque el desenlace de todo se puede intuir como la muerte.

 

4. La locura y el poder. He quedado completamente abrumado puesto que no puedo dejar de pensar que la cabeza de leviatán, que podríamos llamar Estado Moderno o locura moderna, posee unos tentáculos tan infinitos y tan sutiles como la razón, la locura o el deber, que llegan a controlar la periferia de la ciudad, la cueva más lejana; donde la noche avanza y alguien no para de leer y de preguntarse si los pensamientos que le inundan son suyos, o si alguien los dirige desde la omnipresencia, los manipula y crea su aparente individualidad, si vienen de la razón o de la locura.

 

Para detener el posible avance de la locura El poder de la razón a través del Estado moderno ha delimitado previamente su campo de acción ligándolo al sentido común, el deber, el trabajo, la monogamia, la enfermedad, las instituciones tales como la familia, la iglesia, la educación, la justicia; que ubican al individuo y lo definen razonablemente dentro de aquellos parámetros. Campo en el que es casi imposible construir nuestra subjetividad.

 

Tras acercarme al final de este ensayo, el propósito es ofrecer ciertas aristas, ciertas posibilidades de ejercer la subjetividad y la locura dentro de la sociedad estructural-capitalista, a través de prácticas individuales y colectivas en la esfera de lo social.

 

 

IV

 

— Tanto en el análisis de Habermas como el de Foucault se encuentra un tipo de locura, de lo otro de la razón, poseedora de sabiduría, que quizá puede ser el camino o el elemento necesario para encontrar la verdad. Porque la locura está unida a los dioses, al castigo y a la bondad; está íntimamente relacionada con el arte y la ciencia.

 

— Por otro lado, la locura "va a ser reducida al silencio en la época clásica" y también la locura es "condición de imposibilidad del pensamiento (Foucault 1998).

 

— La historia de la razón se ha levantado históricamente dentro de un estadio con fronteras bien definidas, cuyas instituciones tienen como primera obligación guiar a los individuos dentro de los parámetros definidos por ella. Además, la principal tarea de este sistema que ha creado la razón es promover o crear las condiciones objetivas /subjetivas para que los individuos la acepten con cierta disposición y voluntad, y de esta manera también ha generado un mecanismo de defensa que pretende liquidar cualquier subversión a la razón, cualquier síntoma o señal que ponga en peligro su poder. De esta manera el Estado de la razón se convierte en una maquina productora de sujetos razonables, cuya materia prima viene a ser la experiencia objetiva, el mundo de lo real; nada más allá de esos límites, es decir, toda conducta que no esté dentro de sus fronteras funge de revolucionaria y es reprimida y finalmente retirada, aislada, liquidada.

 

— En la modernidad la locura va a ser considerada como una enfermedad social y no de dios (como antes se la consideraba) y para controlarla o confinarla el Estado va a crear un aparto de control a través de una policía especializada; una policía de control, cuyo objetivo será limpiar a los locos de las calles y confinarlos en casas tremendas, donde los locos serán víctimas de crueles castigos, trabajos forzados, experimentaciones, serán locos tratados como animales, como seres que han dejado la humanidad y por ende estos no pueden sentir más nunca las necesidades propiamente humanas. También están la creación de las instituciones, el Estado moderno va a triunfar en el momento que establece una ley destinada a reprimir a los locos, las mujeres, a los pobres, a la libre expresión de pensamiento. El objetivo de esto es la exclusión dentro de la "inclusión" aparente, segregar un sector mediante la ley. Hay que encerrar, callar, encarcelar a todo aquel que critique o ironice, o bien ponga con su discurso en peligro a la Diosa razón, la moral y la ciencia. Eso es lo que se hace con los locos en la modernidad, y no solo con los locos… la misma forma o mecanismo de exclusión que había utilizado la Diosa religión en la edad media se utiliza en los tiempos modernos (en aquel caso había perseguido, quemado, colgado, expulsado, exorcizado a todo aquel que ponía en peligro la razón de Dios y de la institución que este representaba). Hoy se encarcela, se discrimina, se exilia, se exorciza mediante la ley.

 

— Más adelante los locos se convierten en una vergüenza social y la familia se convierte en la institución que esconde, que se avergüenza, que condena al loco a la oscuridad más profunda y al encierro, es decir, la familia se convierte en una institución moral que recrudece y consolida la conciencia de la razón y es la primera en condenar a los locos que le pertenecen. El encadenamiento es una opción, porque todo castigo estará ligado a la razón, a la ley, a la vergüenza. Sin embargo, en tiempos actuales la locura es una consideración moral más que una violación a la ley, porque por ejemplo la homosexualidad que desde mediados del siglo XVII será visualizada y segregada como una violación a la moralidad y a la razón y como una patología, hoy es un tipo de identidad.

 

Por otro lado. La locura actual que se visualiza en el consumo desenfrenado es conveniente porque significa ingresos para el Estado. Hoy se visualidad algunas clases de locos; por ejemplo, aquel loco clásico que pierde la ciudadanía y está condenado a la exclusión, el loco socialmente visible que vive en la lateralidad como lo es el Homosexual, el borracho, el drogadicto, él y la prostitución, el loco alienado que está condenado a ser una maquina destinada al consumo, cuya locura es la razón del sistema y en donde es imposible ejercer cierto tipo de "subjetividad" dirigida. La ilegalidad de la locura está abalada por el Estado, la justicia, la razón imperante, que utiliza una fuerza militar para recogerla de las calles y para meterla en los "hospitales", en unos espacios malditos.

 

Sin embargo, culpar todo a las estructuras de la razón seria por lo menos una acción cómoda y una falta de responsabilidad, pues la historia humana lo han hecho los humanos y sus ideas locas, ¿no es así…? Más allá de aquellas estructuras que segregan pienso que la locura tiene justa posibilidad de "convivencia" con la razón, que se necesitan la una a la otra como el día y la noche, en una suerte de simbiosis, en donde el ser humano encuentre una suerte de equilibrio.

 

¿Existe manera de darle forma individual a la subjetividad? Es decir, ¿se puede o no llevar a la práctica acciones individuales o bien las estructuras sociales constituyen un escenario definido al que el sujeto no puede escapar? Pienso que sí, que la subjetividad se pude lograr, que sin embargo por casualidad o por voluntad si un individuo logra el cometido de estar fuera del poder de la razón será visto como un loco, un chiflado y un insensato bueno para nada; por ello, creo que sería justo reconocer que el problema no recae en la pura individualidad, puesto que el sujeto es parte de una colectividad y por supuesto la acción individual no se encuentra aislada, sino que es parte de la acción colectiva. Lo conveniente es acceder a un tipo de locura individual, pero también colectiva. Únicamente en cuanto la locura sea colectiva en el buen sentido de la palabra no será vista como tal, tendrá sentido. Hablo de una locura ejemplar, de una locura crítica, transgresora, que ponga en jaque y en duda los parámetros de poder que maneja la razón. En ese marco, la locura puede funcionar como algo similar a la creatividad de un niño, como rueda que avanza de manera singular y distinta; una locura dialéctica, que observe más allá de la razón y proponga un cambio y una nueva perspectiva de la realidad: del rumbo que ha tomado la sociedad posmoderna. Sí, hay que crear un espacio para la experimentación y ponerse la camisa de la realidad al revés.

 

 

Auqui Calle, Freddy
"Breves apuntes sobre la tragedia y la locura", Ensayos de Filosofía, nº 11, 2020, semestre 1, artículo 6
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